Hildegarda

Hubo una mujer, hace ya siglos de por medio, tan sumamente excepcional, tan genial en todos los aspectos que pasó a ser santa
Publicado por Miguel Ibáñez el 21 de octubre de 2021

Hubo una mujer, hace ya siglos de por medio, tan sumamente excepcional, tan genial en todos los aspectos que pasó a ser santa, aunque, la verdad, bien pudo haber acabado abrasada sobre la hoguera acusada de brujería. Porque su inventiva, creatividad e ingenio desvocado fueron tantos que no casaba muy bien con su tiempo. Su origen noble y sus padrinos de alta alcurnia evitaron, quizás, que su vida finalizara entre llamas por atreverse a desafiar la moral y la ciencia de aquella época. Es, sin duda, una de las figuras femeninas más importantes y, también, más desconocidas de la historia. Su nombre: Hildegarda de Bingen.

Para subsanar este olvido, la escritora y poeta danesa ANNE LISE MARSTRAND-JORGENSEN ha escrito un libro bellísimo, una novela histórica conmovedora, apasionante y muy original en torno a esta inolvidable mujer: "HILDEGARDA", publicada por la editorial Lumen.

Hildegarda de Bingen nació en Bermersheim, en el sur de Alemania, en 1908, durante el Sacro Imperio Romano Germánico. Frágil y enferma, los asistentes al parto vaticinaron que no pasaría de la noche. Pero sobrevivió, y este fue el primero de los hitos de su prodigiosa existencia. Desde muy pequeña tuvo visiones: "una luz tal que mi alma temblaba", en ella se representaban imágenes y colores acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, a veces, con música. La familia, asustada, la recluyó en un convento bajo la regla de san Benito. Pronto, al dar muestra de una inteligencia y cultura fuera de lo común, y a pesar de su juventud, fue nombrada abadesa.

Escribió su primer libro a la edad de 42 años, llamado "Scivias", en donde explicaba sus experiencias visionarias. Pero también escribió poesía mística y compuso música (setenta y ocho obras); y libros de medicina natural sobre el origen de las enfermedades y su tratamiento; y sobre las propiedades curativas de las plantas, árboles, animales y metales; e incluso fue la primera en escribir sobre el orgasmo femenino; e incluso inventó la cerveza tal y como hoy se fabrica, al añadirle el lúpulo; e incluso ideó una lengua artificial ("Lingua ignota"), la primera de la historia, aunque no se sabe el motivo por el que lo hizo; creó también su propia orden de religiosas vestidas de blanco y sin velo, que durante las oraciones bailaban en círculo con flores en el pelo; se codeó con la nobleza y arriesgó su vida desafiando a la Iglesia y hasta el emperador Barbarroja (aunque dicen las crónicas que el emperador, que la invitó a una entrevista, quedó tan deslumbrado por su fuerza y caracter que le ofreció su protección de por vida).

Esta monja, a la que sus miles de seguidores apodarían la Sibila del Rin, ha sido, poco a poco, reconocida en toda su sabiduría y valor.

La Iglesia admitió la relevancia que ha supuesto para ella canonizándola, comparándola con San Agustín y nombrándola, junto a Santa Teresa de Avila y la madre Teresa de Calcuta, la tríada de mujeres más importantes en su historia. Y, como nota curiosa, decir el hombre científico actual ha puesto su nombre a un asteroide y a un crater lunar.

Bueno, santos lectores, de seguro que este libro intenso y excepcional, no os dejará indiferentes. Su lectura es toda un experiencia, por su delicada prosa y por la conmovedora historia de esta mujer irrepetible.

El 17 de septiembre de 1179, a los 81 años de edad, murió Hildegarda. Las crónicas cuentan que a la hora de su muerte aparecieron dos arcos muy brillantes que formaban una cruz en el cielo.

Miguel Ibáñez. Librería en Alcañiz