El molino de aceite de la pedanía de Jaganta giró de nuevo el pasado sábado tras 82 años en desuso y ante la mirada de cerca de 200 personas que no quisieron perderse esta señalada exhibición. La cita, enmarcada en el programa Tierra de Centenarias, se organizó con motivo del Día Mundial de la Olivera, que se conmemora este martes.
La almazara bajoaragonesa data del siglo XVII y se ha mantenido en buen estado hasta prácticamente la actualidad. La intervención más relevante para acondicionarla se realizó hace 30 años. Desde entonces, se han organizado visitas por este espacio lleno de tradición olivarera gracias a una persona voluntaria de la localidad que se ofrecía a enseñarla.
Para lograr la recuperación de su actividad, con un objetivo también educativo y divulgativo, fue necesaria la colaboración de varias personas de distintos puntos del país, vinculadas con este oficio y herramienta. «Sin su conocimiento no hubiera sido posible, en el pueblo hace más de ocho décadas que nadie trabaja en el molino por lo que se había perdido», explica Fernando Zorrilla, coordinador del proyecto Tierra de Centenarias.
Sin embargo, para que el molino girase hacía falta una pieza más, el motor. En este sentido, la almazara de viga y libra requirió de la colaboración de Platero, el burro que accionó la prensa y dio vida de nuevo a la almazara, en la que se recreó el proceso artesanal de extracción de aceite. De esta forma, se replicó el procedimiento con gran fidelidad a cómo se realizaba hasta 1942, año en el que se dejó de utilizar este molino. «Hemos rescatado un tesoro escondido que representa la forma en que se obtenía aceite desde tiempos romanos», subraya el coordinador del proyecto.
Para Zorrilla, la acogida de esta actividad fue muy «emotiva y simbólica». En España, quedan «muy pocos» molinos de este tipo, por lo que esta iniciativa no solo permitió visibilizar el valor de los pequeños núcleos rurales como Jaganta -donde residen seis personas- sino que también refuerza la conexión de la comunidad con su herencia rural y fomenta su preservación para las futuras generaciones.
Actividades Día Mundial de la Olivera
Además de la demostración en el molino de la pedanía bajoaragonesa, el Día Mundial de la Olivera se celebró con más actividades. La programación incluyó una ruta guiada al conjunto monumental del Mas de Conesa, donde los asistentes descubrieron oliveras milenarias en su hábitat natural, concretamente, la olivera catalogada más antigua de la comarca y que suma ya 1.045 años de edad. «Las oliveras son más que árboles, son testigos vivos de nuestra historia y una fuente de inspiración para construir un futuro sostenible en el medio rural», afirma José Miguel Celma, presidente de la Comarca del Bajo Aragón.
La jornada concluyó con la visita al parque jurásico Extinción de Las Parras de Castellote. En su conjunto, la cita reforzó el orgullo comarcal y proyectó un mensaje de identidad y sostenibilidad para el Bajo Aragón.
Junto con Tierra de Centenarias, esta iniciativa también ha contado con el apoyo y colaboración del Ayuntamiento de Las Parras de Castellote, la Comarca del Bajo Aragón y la colaboración de la asociación nacional Olearum a través del experto en identificación de variedades de olivo y miembro de la misma, Javier Viñuales.
El valor de la tradición olivarera
Desde Tierra de Centenarias, estas actuaciones se consideran cruciales para la puesta en valor y promoción del patrimonio olivarero en el Bajo Aragón. Por ello, la intervención en Jaganta todavía no ha terminado sino que se espera poder iniciar una nueva fase en la que se consolide la musealización de la almazara y se pueda garantizar un servicio de visitas a través de la contratación de una persona.
Más allá de Jaganta, este proyecto también tiene previsto actuar en la fábrica de aceite de sulfuro de Valdealgorfa.
El proyecto comenzó en 2018 de la mano del grupo Leader Omezyma con el trabajo de catalogación de las oliveras que pueden encontrarse en las comarcas del Bajo Aragón y Matarraña. El apoyo de la Comarca ha sido clave para que prosperase el proyecto que, este año, ha sido reconocido con uno de los cuatro Premios Aragón Medio Ambiente 2024 por poner en valor y fomentar la conservación de olivos centenarios que constituyen un ecosistema propio.