La Comarca del Bajo Aragón ha renovado su imagen de marca con un nuevo logotipo formado por una olivera y 20 olivas que representan el patrimonio vinculado con este cultivo y todas las localidades de la comarca. Los colores corporativos que se han elegido son el verde y el amarillo, con los que se puede jugar según si el fondo es también blanco o negro. Desde la constitución de estas instituciones, en torno al 2001, la bajoaragonesa no había variado su logotipo que estaba constituido por la Torre Gótica de Alcañiz.
El proyecto Tierra de Centenarias, impulsado por el grupo Leader Omezyma y que cuenta con el apoyo de Comarca, ha sido la inspiración para elegir este árbol como emblema comarcal. «Es genuino y nos identifica a todos en el Bajo Aragón, prácticamente en todos los municipios tenemos este cultivo», explica el presidente comarcal, José Miguel Celma.
En la construcción de esta nueva imagen, la Comarca ha considerado que la olivera- como se denomina al olivo en el Bajo Aragón- ha sido desde siempre un árbol que ha promovido el trabajo, la vertebración territorial, la fijación de población y que «ahora parece vivir una segunda juventud con el oleoturismo».
Oliveras centenarias y milenarias
En el campo, las oliveras centenarias y, sobre todo, las milenarias son un importante reclamo para el turista que busca descubrir la belleza de árboles tan longevos. Las oliveras del Mas de Conesa, entre las que se encuentra la más antigua de la comarca, con 1.045 años, han sido de las últimas en descubrirse y catalogarse en el territorio. La búsqueda de estos frutales, a través del proyecto Tierra de Centenarias, ha permitido localizarlas gracias a la colaboración ciudadana del entorno. «Estaban como escondidas en el monte. En 1956, hubo una gran helada que provocó que muchas oliveras murieran y se decidieran cortar para leña. Allí, no debieron de explotarse con ese fin y han llegado hasta nuestros días. Han sido una grata sorpresa», subraya Celma.
En el aspecto gastronómico, el aceite del Bajo Aragón tiene pocos competidores. «Cada año, hacemos uno de los mejores aceites no en España, en el mundo. Somos territorio de oliva y aceite y es algo que tenemos que vender y exportar», recalca el presidente comarcal.
Otro de los trabajos que se están llevando a cabo alrededor de las oliveras es la identificación de variedades de oliva. Recientemente, se han encontrado 29 variedades nuevas en el Bajo Aragón que todavía están sin catalogar. Para cerciorarse de ello, la comarca manda analizar a un banco de plasma en Jaén la oliva y el hueso, que junto con la hoja y el propio árbol permite cotejar si la variedad existe en otra parte de España. «Sobrevivieron a la helada del 56 y son especies únicas que se habían dejado de cultivar o trabajar. Gracias a este proyecto podemos decir que las estamos recuperando», afirma Celma.
El presidente comarcal reitera la importancia que ha tenido y tiene en el territorio el proyecto Tierra de Centenarias y el premio concedido por el Gobierno de Aragón en la categoría Medio Ambiente. Con este galardón, apunta, se le ha dado amplitud y relevancia.






