Joaquín Castellón: «Cada vez que revelas una investigación pones toda tu credibilidad y tu carrera en juego»

ENTREVISTA. El periodista de La Sexta participará en el VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz con una ponencia sobre fuentes, pruebas y verificación
Publicado por Lidia Olivares el 21 de septiembre de 2026

Joaquín Castellón es uno de los nombres propios del periodismo de investigación en España. Periodista de La Sexta, con una larga trayectoria vinculada a la investigación, la verificación y algunos de los grandes asuntos informativos de los últimos años, participará en el VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz. Su ponencia, titulada 'Investigar bajo presión: fuentes, pruebas y verificación', aborda algunos de los elementos fundamentales del oficio periodístico actual.

Después de tantos años en la profesión, ¿qué sigue teniendo el periodismo de investigación que todavía te engancha?

Lo que te engancha es intentar descubrir lo que no quieren que sepas, eso es divertidísimo cuando empiezas a profundizar en una historia. Además, el periodismo de investigación tiene algo especial, y es que puedes dedicar mucho tiempo habitualmente a trabajar, a informarte y a saber mucho del tema que estás investigando. Eso hace que sea muy divertido, apasionante y que, cuando descubres algo, aparezca una sensación muy especial. Decía Enric González, un periodista que estuvo muchos años en El País, que el periodismo es muy ingrato habitualmente, pero que de repente hay un día en el que te levantas por la mañana y dices: “Soy el rey del mundo por lo que he hecho”. El periodismo de investigación te da muchas veces esa sensación de que esto tenía que saberse, esto tenía que conocerse, esto había que sacarlo a la luz pública y lo hemos conseguido después de muchísimo esfuerzo. Esa gratificación personal, ya que preguntabas por el lado personal, es maravillosa.

Muchas personas imaginan una investigación periodística como algo casi cinematográfico: una gran exclusiva, una fuente secreta, un documento inesperado. Pero detrás suele haber muchísimo trabajo invisible. ¿Cómo es realmente el día a día de una investigación?

Es más aburrido de lo que se piensa. Exactamente lo que comentabas, porque es mucho tiempo viendo papeles, leyendo documentos, navegando por internet e informándote hasta que puedes publicar algo. Por ejemplo, los Papeles de Panamá, que fue uno de los grandes trabajos periodísticos en los que he tenido la oportunidad y la suerte de poder estar, fueron un año y medio de trabajo hasta que logramos publicar, y además sin saber si tendría alguna repercusión. Cuando empiezas a trabajar los Papeles de Panamá ni siquiera nos imaginábamos que iba a ser así de grande. De hecho, pensamos que si nos daba para contar dos o tres historias ya estaríamos satisfechos. Luego fue mucho más largo de lo que pensábamos y tuvo mucho más recorrido.

Cuando empiezas a investigar sobre un tema nunca sabes hasta dónde puede llevarte, pero siempre hay que encontrar ese punto de “tengo que contar algo”, aunque quizá sea mejor esperar hasta tener todo seguro, atado y verificado antes de informar.

Sin ninguna duda. El proceso de investigación tiene una peculiaridad, y es que habitualmente el periodista que lo cuenta es la fuente de esa historia. Cada vez que cuentas una historia, cada vez que la revelas, estás poniendo tu credibilidad totalmente en juego. Y además no solo la de ese momento, sino la credibilidad de todo lo que has hecho hasta entonces, porque de repente todo se puede juzgar y todo el mundo puede decir: “Si ha metido la pata de esta forma y no ha tenido cuidado, seguro que no lo ha tenido en todo lo anterior que ha sacado”. Por eso, antes de publicar cualquier historia siempre tienes un momento de tensión. El día anterior estás repasando si has hecho toda la diligencia informativa correcta, si has llamado a todo el mundo, si has hablado con todo el mundo y si está todo bien, porque sabes que lo que está en juego es tu prestigio y tu carrera.

En Alcañiz hablarás de investigar bajo presión, algo que también vives diariamente. ¿Qué significa hoy trabajar bajo presión para un periodista?

Yo suelo desmitificar bastante todas estas cosas de la presión, porque siempre digo que quienes viven verdadera presión son los compañeros periodistas que están trabajando en Rusia o en regímenes totalitarios como el de Bukele. Por ejemplo, los periodistas de El Faro han tenido que abandonar su país porque Bukele les perseguía y ahora están haciendo el periódico desde fuera del país. Eso es verdadera presión. El resto de presiones más o menos se van lidiando. Creo que ahora mismo el gran problema del periodismo también son los lectores, y esto es muy duro de decir a veces y es impopular: los que nos ven por la televisión y los que nos escuchan por la radio tienen que saber el valor de lo que hacemos y tienen que darle ese valor. Tienen que entender que a veces hay que pagar por la información, que hay que estar suscrito a determinados medios, que hay que apoyar a los periodistas y que hay que saber que las redes sociales no son periodismo. Muchas de las historias que se hacen ahí, aunque algunas sí lo son, evidentemente, la gran mayoría no. Hay mucha desinformación y, si quieren informarse, tienen que recurrir a gente que se dedique a eso. Para mí ese es el gran problema. Y después están los periodistas y sus salarios, que también creo que nos condicionan mucho. Si eres un freelance que a lo mejor cobra 100 euros por una información larga, con eso no puedes investigar nada. Una investigación como los Papeles de Panamá, con un año y medio trabajando esos documentos, no tendría ningún sentido. Necesitas grandes medios, aunque también medios pequeños pueden hacerlo si apuestan por ello y si invierten dinero. Esa inversión es fundamental: que los periodistas estén tranquilos, que no tengan miedo porque si publico esto a lo mejor me echan de mi trabajo y ya no tengo dónde comer porque estoy con el salario mínimo. Esa es una gran preocupación.

La información es poder, claramente. Al final también hay que poner en valor la información de calidad.

Es poder, sin lugar a dudas. El que tiene el poder quiere información. De hecho, estamos viendo estos días cómo hay dosieres sobre periodistas, cómo todo el mundo quiere tener la mejor información porque es la que te va a dar, por un lado, luz. Es como cuando entras en una habitación oscura y la información es lo que enciende la luz para que puedas ver todo lo que sucede a tu alrededor. Te puedes hacer una radiografía de por dónde va el mundo y por dónde tienes que ir tú, desde saber económicamente dónde invertir hasta a quién votar. La información te va a dar claves sobre qué opinan de la educación, qué opinan realmente muchos políticos de la sanidad y con eso puedes ejercer tu voto. Ahí está el poder de los ciudadanos y ese poder se tiene que ejercer gracias a que los medios de comunicación te informan bien.

En tu ponencia hablarás de fuentes, pruebas y verificación. Si tuvieras que explicar a alguien que no es periodista cuál es la diferencia entre tener una información y tener una información periodística, ¿qué dirías?

Es que no tiene nada que ver. Tú puedes tener un cotilleo que te ha contado el vecino de al lado, pero para que eso sea periodismo tienes que trabajarlo primero. Para que sea algo periodístico tiene que tener una relevancia pública y después tiene que tener un desarrollo. Tienes que haber contrastado esa información, saber que es cierta, saber que no es solamente una parte parcial de todo, sino que vas a intentar contar la película completa. Además, tienes que saber que esa información no está contaminada, qué interés tiene detrás o cómo es realmente esa información. Es hacer una radiografía de la información para poder publicarla después. No tiene nada que ver un dato aislado con una información periodística elaborada.

En una investigación, ¿qué pesa más: conseguir una fuente que te abra una puerta o conseguir una prueba documental que sostenga aquello que estás contando?

Las dos cosas son importantes. Habitualmente una va ligada con la otra, pero evidentemente cuando tienes un papel eso le da un peso muy importante a todo. Ahora bien, un papel aislado no te dice nada; después tienes que trabajarlo. Vuelvo a los Papeles de Panamá: que alguien tuviera dinero oculto en algún paraíso fiscal era un documento que ya nos daba una credibilidad total, pero luego había que saber si ese dinero estaba declarado o no, si lo utilizaba para algo o no. La historia final era mucho más que tener solamente ese papel. El documento puede ser el dato, está muy bien, pero después tenemos que trabajar muchísimo más. Las fuentes personales, la gente que te cuenta cosas, que te da documentos, que te guía un poco, y los propios documentos son valiosísimos. No se puede poner en una balanza cuál es más poderoso que el otro.

¿Cómo se combate una mentira que se mueve en las redes en segundos cuando una investigación rigurosa puede tardar semanas o meses?

Si lo supiera, ahora mismo no sé si me darían el Nobel o no, no tengo ni idea. Creo que es muy difícil combatir las redes sociales y por eso apelo mucho a lo que decía antes: a los oyentes, a los lectores y a los televidentes. Ellos tienen la responsabilidad de saber que ahora mismo vivimos en un gran bufé de información en el que tú puedes elegir lo que quieras para comer, pero tienes que elegir bien. Evidentemente, si quieres comer bien te va a llevar tiempo y dinero: te va a llevar tiempo ir al mercado, ir a comprar quizá el pescado del día, aprender a cocinarlo, cocinarlo y comerlo. También puedes comer rápido, puedes ir a un sitio de comida rápida y comer por un euro y medio; lo puedes hacer y te lo dan al momento. La alimentación es diferente. Por eso apelo mucho a que existe una responsabilidad social de cuidar los medios de comunicación, de respetarlos y también de ser críticos, evidentemente, y decir lo que gusta y lo que no gusta. Las redes sociales nos ponen las pilas todos los días, pero saber la importancia de los medios de comunicación me parece una de las cosas más relevantes que hay para la democracia.

Las filtraciones también forman parte de muchas grandes investigaciones, y tú lo sabes bien. ¿Cómo distingue un periodista una filtración de interés público de una información interesada que alguien quiere colocar en los medios?

A mí habitualmente no me importa de dónde me llega la filtración, sinceramente. Normalmente siempre son interesadas. Siempre alguien te filtra algo porque tiene algún interés detrás, sea político, pasional, sentimental, emocional o lo que sea. Siempre hay alguien. Lo importante es cómo trabajas esa filtración. Yo no puedo coger una filtración y publicarla directamente, eso no tiene ningún sentido. El trabajo del periodista es precisamente lo contrario: lo que hablábamos antes de las redes sociales, no publicar directamente lo que sea sin contrastar, sin comprobar y sin tener ese cuidado. El periodista tiene que tener ese cuidado, tiene que comprobar si la información es correcta y si lo que te están contando es cierto. A veces contamos cosas emocionales y las sentimos y creemos que son verdad, pero no lo son, y nos pasa a todos, incluso contando historias con amigos sobre cosas que hemos vivido, porque tú las ves desde tu perspectiva. El periodista tiene que poner el ángulo un poco más amplio de todo e intentar contrastar esa información. Que te pasen un documento, sea quien sea, y lo publiques directamente es un error. Hay que trabajarlo. Eso es la información y eso es el trabajo periodístico.

Muchas investigaciones periodísticas afectan a personas con poder económico o político. ¿Cómo se gestiona la presión cuando sabes que una información puede tener consecuencias importantes?

Con mucho cuidado, pero no solo en ese caso, sino en todos. Hay que intentar hacerlo con el máximo cuidado posible. Cada vez que contamos algo afecta a personas y yo ahí me siento siempre muy responsable, porque me da igual que sea un político, un ministro o alguien de la Casa Real, que sea alguien que no tiene ese poder y que es un trabajador como yo o un periodista de otro medio. Me da absolutamente igual. Tú sabes que la gente tiene familia detrás, tiene amigos y que al día siguiente de que tú publiques va a tener que seguir saliendo a la calle. Por eso hay que tener mucho cuidado con la información sensible. Y ahí entra también lo que hablábamos de las redes sociales, que a veces no tienen ese cuidado. A veces se lanzan muchas informaciones, las redes sociales y algunos medios también, sin que sean correctas y sin tener esa delicadeza.

¿Ha cambiado la relación entre periodistas y fuentes con la llegada de las nuevas tecnologías? ¿Ahora es más fácil encontrar información o más difícil separar lo importante del ruido?

Las dos cosas. Está el famoso mito de que lo primero que falla en una inundación es el agua, y eso es verdad. Ahora mismo hay muchísimo ruido, muchísimas informaciones interesadas y entonces hay que empezar a discernir. Yo creo que una parte corresponde a los periodistas. ¿Encontrar fuentes? Ahora puedes buscar de repente en Twitter, decir “me interesa este tema, voy a profundizar”, escuchar a alguien que sabe mucho, investigar quién es y encontrar una fuente. Antes podía llevar más tiempo, evidentemente. También todo va mucho más rápido, tienes que publicar mucho más rápido y todo el mundo compite por tener la información antes. Y está también la parte de los lectores, televidentes o usuarios. A mí me parece maravilloso que tengan toda esta capacidad de elección. Ahora mismo puedes leer desde un periódico de Estados Unidos hasta uno de Irán desde tu móvil y tener acceso a esa información. Ahí está la clave: hay que saber seleccionar, elegir a tus prescriptores, elegir a la gente de la que te fías y a esa gente hay que apoyarla. Tenemos que trabajar todos por hacer un mejor periodismo.

Este curso se celebra en Alcañiz y reúne a periodistas nacionales, pero también pone en valor el periodismo desde territorios más pequeños. ¿Qué papel crees que tiene el periodismo local a la hora de investigar y contar historias que afectan directamente a la ciudadanía?

Yo estuve muchos años haciendo periodismo local y me parece que es apasionante y muy difícil. El periodismo local tiene, aparte de esa cercanía con la tierra, de escuchar los casos y de escuchar lo que afecta muchas veces a metros de distancia a la gente, un valor enorme. Porque a veces tienes que decir cosas que incomodan a la persona que te vas a encontrar mañana en el bar de al lado, en la cafetería o a la que tienes que volver a preguntarle a los tres días. O a la persona que luego va a decidir si la campaña publicitaria de fiestas se pone o no se pone en tu medio, y esto también es importante: el dinero siempre es importante en todo. Ese valor es de los más grandes. Yo aquí puedo hablar de un ministro y no cruzarme con el ministro en muchísimo tiempo, no tener esa cercanía. En cambio, el periodista local tiene ese cara a cara y esa relación con la gente que tiene alrededor y con lo que les importa. Creo que es un tejido fundamental para que el periodismo vaya construyéndose. Y además incluso para que los grandes medios puedan estar alerta y decir: “Ojo con lo que está pasando en este territorio, porque esto es importante”. Ahí el periodismo local tiene mucha fuerza.

¿Qué responsabilidad tienen entonces esos medios locales en el ecosistema informativo actual?

Yo soy del País Vasco y no domino muchas zonas de la península. Tengo que hablar cada día en mi programa, La Sexta Clave, y muchas veces te basas en lo que periodistas locales han estado mirando allí, viendo allí. Esa es también la responsabilidad que tienen. Tienen el valor de enfrentarse muchas veces al poder, tienen la cercanía de mostrar al público, a sus lectores y a sus radioyentes la realidad más cercana. Y después tienen la responsabilidad de que en el mundo de las redes lo que vayan a publicar es relevantísimo, porque está al nivel de lo que publica The New York Times.