La cuenca del Ebro cierra el año hidrológico con menos reservas tras un verano extremadamente seco

El Guadalope termina con sus reservas al 48%, mientras el Matarraña registra un fuerte aumento de sus aportaciones, un 77% por encima de la media de los últimos 25 años
Publicado por La COMARCA el 2 de octubre de 2026

La cuenca del Ebro ha cerrado el año hidrológico 2025-2026 marcada por fuertes contrastes entre un invierno excepcionalmente húmedo y un verano extremadamente cálido y seco que ha provocado un rápido descenso de las reservas. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) califica el ejercicio como un año de «contrapuntos hidrológicos», con una precipitación media de 540 milímetros, un 7% inferior a la media de los últimos veinte años.

El comportamiento de las precipitaciones ha sido muy desigual. Enero y febrero fueron extremadamente húmedos en prácticamente toda la cuenca, mientras que junio y julio resultaron extremadamente cálidos y críticamente secos, hasta registrar las precipitaciones más bajas de toda la serie histórica. La escasez de lluvias continuó durante agosto y septiembre, especialmente en la zona occidental.

Esta situación se ha trasladado a los embalses. Las reservas alcanzaron a principios de junio un máximo de 6.905 hectómetros cúbicos, el 88,5% de la capacidad, pero al finalizar septiembre habían descendido hasta los 3.591 hm³, el 46%. El volumen es inferior tanto al registrado hace un año, cuando se encontraba en el 54,9%, como al promedio de los últimos cinco años para estas fechas, situado en el 48,2%.

El Matarraña aumenta sus aportaciones y el Guadalope retrocede

En el territorio del Bajo Aragón, los datos muestran también comportamientos diferentes. El embalse de Caspe, en el tramo bajo del Guadalope, recibió 69,2 hm³, una aportación un 11,3% inferior al promedio de los últimos 25 años y por debajo de los 84,8 hm³ registrados durante el ejercicio anterior.

La situación es muy distinta en el río Matarraña, que contabilizó 75,3 hm³ y cerró el año con unas aportaciones un 77% superiores al promedio de los últimos 25 años. El sistema del Guadalope, por su parte, termina septiembre con sus reservas al 48%, diez puntos menos que un año antes.

El calor también ha tenido consecuencias sobre el consumo. Según la CHE, la demanda de agua aumentó respecto a años anteriores para compensar las altas temperaturas, llegando a crecer hasta un 20% en algún gran sistema de riego. Pese a ello, el organismo considera que la campaña ha resultado satisfactoria en cuanto a la atención de los diferentes usos del agua.

La cuenca afronta ahora el nuevo año hidrológico 2026-2027 con algunas unidades territoriales todavía en situación de sequía prolongada y de emergencia por escasez. La CHE señala la necesidad de que las lluvias de otoño permitan recuperar acuíferos, embalses y suelos y apuesta por continuar mejorando la eficiencia en el uso del agua, la planificación ante episodios extremos y la incorporación de nuevas tecnologías.