El suelo estaba mojado, y escasos minutos antes los alcañizanos no sabían si la procesión podría salir a la calle. Sin embargo, salió, y entonces el resto, poco importó. Era Viernes Santo, ya de noche, y había que acompañar a la Virgen en su duelo tras la pérdida de su hijo. A las puertas de la Iglesia Santa María la Mayor, centenares de personas se concentraron para ver salir a la Procesión de La Soledad y seguirla en la parte alta de la ciudad.
El Farol, luego el Cristo Yacente y la Soledad, los tres pasos salieron de la Iglesia, aunque el último es el único que tiene el privilegio de salir por la puerta principal. Primero fue el sonido de tambores y cornetas de los cofrades del Nazareno, seguidos por la Hermandad del Santo Entierro y también del Silencio. La Guardia Romana portando al Cristo, los farolillos de las Siete Palabras, las sibilas y las penitentes esclavas de la Soledad ataviadas con teja y mantilla en señal de duelo. Mientras tanto y en lo alto, la atenta mirada de La Soledad observaba el desfile. Para cerrar la procesión los miembros de la corporación municipal.
Antes del duelo público, la Guardia Romana custodió el sepulcro de Cristo dentro de la parroquia. Aunque es habitual hacerlo en la plaza, la lluvia lo impidió. Aun así, se hizo con la rigurosidad y seriedad que implica durante una hora. Tiempo en el que el silencio solo se rompió por algún flash de cámaras y los paraguas golpeando suavemente al suelo.
Este acto vino anunciado en el pregón a las 13.00, cuando el prior del Santo Entierro rogó «acompañar a la virgen ante la pérdida de su hijo». Tras ello, el Santo Entierro y sellado tendrá lugar el sábado a las cuatro de la tarde.