Àlex Crivillé fue uno de los grandes ídolos que tuvo este país allá por los años 90. A lomos de su Honda hizo llorar a más de uno cuando el 24 de octubre de 1999 tocó la gloria en Brasil al convertirse en campeón del mundo de 500 cc, la categoría reina entonces. A 8.000 kilómetros de distancia, y con un desfase horario de cinco horas, en España miles de personas lo celebraron como algo propio. En Palencia, también. En casa de Manuel Antolí se vivió ese triunfo como el de alguien de la familia. Este año, 25 años después de aquello, el seguidor de Crivi se llevó su autógrafo y lo hizo, además, en una camiseta que guardaba desde entonces. "Eso es ser fan de verdad", decían algunas voces del público, porque toda esta gesta la logró en el Fan Festival en Motorland Aragón este sábado de MotoGP.
Una de las grandes novedades del GP de Aragón de este año ha sido el recinto del Fan Festival con áreas de comida, bebida, comercial, hinchables, conciertos y encuentros con pilotos. El viernes abrieron fuego los primeros pilotos que fueron pasando por el escenario para charlar con los fans, lanzar regalos y contestar a las preguntas de Cesc Vila y Bea Eguiraun. Este sábado, el cierre del pase de pilotos lo cerró Àlex Crivillé, que acudió con su Honda con la que ganó el mundial para volverla a arrancar y el domingo rodar por el circuito de Motorland y celebrar así los 25 años de aquel campeonato. "Estoy muy ilusionado, feliz de verdad. Me apetecía celebrarlo y estoy con muchas ganas de que llegue el momento, volver a subirme a la moto y rodar", dijo rodeado de su mujer y sus tres hijos con los que se tomó todas las fotos que le apetecieron con el público detrás y la moto delante. "Quien quiera venir a ver la moto puede hacerlo, la tengo en casa en mi museo particular. No está abierto al público pero todo se puede hablar y yo lo enseño sin problemas", añadió.
La historia de la camiseta
Todo era euforia hasta que Bea Eguiraun fijó la atención en un grupo de chicos en la primera fila que ondeaban con insistencia la camiseta. "Àlex, mira a estos chicos que llevan desde un buen rato antes de empezar en primera fila con su camiseta", le dijo al expiloto que les dedicó una amplia sonrisa. Era Manuel y su grupo, que animados por el resto del público que comenzó a corear un contundente "fírmasela, fírmasela", lanzaron la camiseta al escenario. Cesc Vila se la acercó a Crivi y este se la firmó y se la devolvió. Los hijos del campeón se encargaron de seguir repartiendo regalos. De hecho, los palentinos se llevaron una camiseta nueva a casa. "Somos unos enamorados de las motos", decía Manuel ya una vez terminado el encuentro con su ídolo incapaz de esconder la sonrisa. Solo recibía felicitaciones de otros aficionados que, aunque extraños, saben bien qué se siente. A Manuel la afición le viene de su padre, que es mecánico y en casa tienen algunas motos y todas las usan. Detrás de la camiseta hay más historia porque Manuel, aunque "muy fan de Crivillé", nunca pudo verlo correr en directo. Es más, se quedó a las puertas, que todavía duele más. "El día que me llevó mi padre a verlo al Jarama nos quedamos sin entrada en la cola. Tres personas antes de que nos tocase a nosotros se agotaron. El viaje de ida lo hice desde Palencia a Madrid con la bandera fuera del coche con el nombre de Crivillé y gritando su nombre y la vuelta la hice llorando y así estuve un mes", recordaba. Ha seguido fiel a las carreras y a los pilotos españoles. De hecho, también fue a conocer el museo de Márquez, con quien estuvo un rato de conversación. "Son gente como nosotros porque se juegan la vida y saben que nosotros, que vamos en moto, también", reflexionaba.
La camiseta que llevó a Motorland era de su padre, que sigue siendo mecánico a punto de jubilarse. "No sabe nada, él sabía que venía pero no sabíamos que iba a pasar nada de esto", reía. El domingo, Manuel cerró un círculo al ver a Crivillé sobre la moto rodando en un circuito. Reconoce que le queda la espina de no haberlo podido verlo aquella vez en competición pero se lleva una firma, que el hijo del campeón le haya regalado su propia camiseta, un saludo y una mirada de Crivillé. "Igual si lo hubiera visto en su día ahora no habría pasado esto, nunca se sabe. Yo estoy muy contento, feliz".
Lorenzo, Acosta, Rins, Espargaró...
Con Crivillé terminó un desfile de pilotos que empezó con Jorge Lorenzo, quien dijo estar "muy agradecido" porque estando retirado se siente muy querido. "Sigo viendo el 99 por ahí en los circuitos y eso me emociona", dijo. Le siguió Joan Mir, que se llevó de regalo un día por delante que le cantasen el 'Cumpleaños feliz'. Raúl Fernández lanzó varios regalos, entre ellos, los últimos guantes que acababa de usar, y se atrevió con el reto de Tik Tok que le propusieron las Twin Melody, que actuaron tras el Tissot Sprint Podio donde Márquez se coronó ya el sábado. Augusto Fernández y Pedro Acosta hicieron su aparición seguidamente. Acosta hizo gala de su verborrea para meterse al público en el bolsillo antes de que aparecieran Fabio Quartararo y Álex Rins. El francés recogió cariño por parte del público español a quienes se dirigió en un perfecto español, también tuvo palabras para los franceses, un nutrido grupo desplazado a Alcañiz. Rins jugaba en casa y se aprovechó su presencia para mostrar algunas imágenes del documental rodado en Valdealgorfa para DAZN. Antes de que aparecieran los rookies Máximo Quiles y Álvaro Carpe, hicieron acto de presencia Aleix Espargaró y Maverick Viñales. El primero acababa de protagonizar una caída pero quiso estar con el público en el año de su retirada. "Este circuito es mi favorito pero hoy me lo he complicado yo dándome con la cabeza en el suelo", bromeó. El catalán está pletórico, ha comenzado a saborear los triunfos pero es muy consciente de que se termina. A su lado, Viñales no pudo ser más sincero: "es el peor día de mi vida en MotoGP, solo quiero que pase y mañana será otro día". Su rostro serio por la "mala carrera" acentuó sus palabras. Al final lograron arrancarle la sonrisa mientras el hijo de Espargaró repartía gorras y camisetas "a los niños".
Rock, gastro, atracciones y la acampada a unos minutos
La tarde del sábado acabó con un suave aire y el concierto de Bon Scott Revival con sonidos de AC/DC. Fue el momento de tomarse un respiro ahora ya sin el intenso sol que no dejó el recinto en un segundo durante todo el día. Muchos se fueron a descansar a la Acampada Oficial, un lugar que tuvo que ampliar a última hora para dar cabida a toda la demanda y eso que tiene capacidad para más de 6.300 personas. La noche del sábado seguían preguntando y quedaba espacio y si era posible dormir la noche del domingo. Entre autocaravanas, furgonetas, coches y motos, el ambiente de campin estuvo asegurado a escasos metros del circuito.