El color azul y el sonido del tambor han vuelto a ser los grandes protagonistas este Viernes Santo en Alcañiz. Miles de vecinos han llenado las calles de la localidad en una jornada marcada por la emoción y la tradición. Tras una semana de intensas rachas de viento, el tiempo ha dado una tregua y el sol ha brillado con fuerza, invitando a pequeños y mayores a salir y formar parte de uno de los momentos más esperados de la Semana Santa alcañizana.
Un reguero azul celeste ha vuelto a teñir tanto la parte alta como la baja de la ciudad. Familias enteras, grupos de amigos han acompañado con sus tambores, haciendo resonar un sonido que ya forma parte de la identidad de la ciudad.
Los tamborileros, visiblemente emocionados, aguardaban con expectación la llegada de este momento. Para muchos, supone el culmen de todo un año de espera. «Es un momento inolvidable. He salido durante toda mi vida a tocar el tambor, desde que tengo cuatro años», ha explicado la priora de este año, Yolanda Vallés Casas, quien ha tenido el honor de pronunciar el pregón. «Es uno de los momentos más emocionantes, lo de decir ‘suenan los tambores’. Yo creo que es un honor para cualquier alcañizano», añadía.
Alcañiz Pregón Viernes Santo / A.F.
Tras el recorrido procesional, el acto ha alcanzado su punto culminante en un escenario que, un año más, ha concentrado todas las miradas. Allí, bajo la atenta presencia de miles de asistentes y con un silencio sobrecogedor, la priora ha tomado la palabra. La ciudad, completamente bañada de azul, contenía la respiración mientras se esperaba el momento clave.
«Más que nervios, es emoción. Tener todos los tambores callados y poder dar el pregón es un momento muy emocionante», reconocía Yolanda, quien también quiso dedicar este honor a su familia, especialmente a su padre, prior del Santo Entierro este año y que, con 95 años, sigue formando parte activa de la tradición.
Y entonces llegó el instante esperado. Tras la lectura, el sonido rompió el silencio. Los tambores comenzaron a sonar al unísono, retumbando en cada rincón de la ciudad y en el pecho de todos los presentes. Un estruendo colectivo que une generaciones, desde los más pequeños hasta los más veteranos, y que marca uno de los momentos más intensos de la Semana Santa.
El eco de los tambores se prolongará hasta el Sábado Santo, cuando se anuncie su cese, en esta ocasión a cargo de su sobrina, Yolanda Alcaraz Vallés. Hasta entonces, Alcañiz seguirá vibrando al ritmo de una tradición que cada año vuelve a reunir a todo un pueblo en torno a su historia, su fe y su identidad.