Santiago Gascón es psicólogo y profesor de Psicología en la Universidad de Teruel. En el VII Curso de Periodismo de Alcañiz, moderará la mesa redonda 'Visibilizar lo invisible. Iniciativas sociales valiosas', donde se darán a conocer proyectos de bienestar social e iniciativas que cuentan con psicólogos profesionales. Se contará con las entidades MovEnRed-Suicidio, Psicara, y ASAPME.
¿Qué importancia cree que tiene este curso centrado en salud mental?
Es un evento que todos los años supone un hito para periodistas e informadores de toda España. Siempre con un tema específico, ciencia, economía…y este aborda una cuestión en la que yo he insistido mucho, así lo sabe Eva Defior (impulsora del curso). La salud mental y su tratamiento o la forma en la que se enfoca desde los medios de comunicación es fundamental.
¿Cuál será el sentido de la charla que moderará en el curso? Imagino que se centrará en la salud mental y la forma de tratarla a través del periodismo.
Hemos tenido bastante oculto el tema de la salud mental, y siempre se ha hablado de él con cierto recelo. Ahora, afortunadamente, ya llevamos años tratándolo; pero hemos dado un pendulazo. Siempre digo que tan malo es el silencio como el exceso de ruido. Cuando abordamos la salud mental, debemos quitarle todo el morbo y todo el ruido que no está afectando ya no solo al periodismo, sino a varios aspectos de la vida. La inteligencia artificial, por ejemplo, puede descargar lo que sea, soltarlo… y a veces no es lo más adecuado. La salud es un tema muy sensible, y por eso tenemos que cuidar cómo hablamos de ella y donde para que realmente pueda ayudar a toda la ciudadanía.
Hablando de inteligencia artificial recuerdo un reportaje en el que se explicaba como hay personas que emplean esta plataforma como psicólogo.
Siempre se ha dicho que cuando no puedes unirte al enemigo, únete a él. Hablamos de una herramienta que es muy útil, como casi todos los adelantos que ha generado la humanidad, pero tenemos que tener mucho cuidado. No podemos entenderla como algo con lo que cortar y pegar cualquier cosa. Hay que comprobar, contrastar de dónde viene la información…A lo mejor, en un futuro no muy lejano, sí que puede ser un buen terapeuta. Pero en este momento no, por muchas cuestiones. Cada persona que padece un trastorno mental es distinta. No podemos enlatarlo y dar una respuesta así como así. Es una de las profesiones en las que el trato humano es vital.
¿Cree que la gente busca en la inteligencia artificial lo que no puede encontrar en un psicólogo?
Hay muchos psicólogos y psicólogas. El problema es que la seguridad social, la cual tantas veces hemos alabado y que merece todos mis aplausos, dedica muy pocos profesionales en temas de salud mental. Te pueden dar hora para dentro de cuatro meses, y si tu problema es urgente, no es amensuable. Es cierto que no todo el mundo tiene la posibilidad de recurrir a servicios privados, pero yo ahora mismo manejaría con cautela el hecho de acudir a la inteligencia artificial para terapia. Es muy útil para muchos aspectos, pero para este todavía tengo mis grandes dudas.
Si alguien quiere estudiar psicología en Aragón, solo puede hacerlo de forma pública en Teruel, que es donde además es usted profesor. ¿Esto limita que puedan generarse nuevos profesionales en la Comunidad?
Psicólogos salen muchos y muy bien formados tanto por el grado como el máster de Psicología General Sanitaria. Cuando se instaló la carrera en Teruel fue para vertebrar el territorio. El problema radica en cuántos psicólogos incorpora el servicio público de salud, es decir, poquísimos. Pocos psiquiatras y muchos menos psicólogos. Pasa lo mismo cuando dicen que quieren instalar el grado de Medicina en Teruel. Vendría muy bien, pero es algo carísimo y que no garantizará que tengamos más médicos en Teruel, porque se irán a donde les paguen. Si el servicio de Salud público no acoge todos los puestos que tiene que acoger, es lógico que se vayan a Alemania, a una clínica privada o a cualquier lugar donde el trabajo sea reconocido como debe ser reconocido.
El curso se centrará en la labor del periodismo en lo que respecta a salud mental. ¿Cuáles son los retos que tiene este campo?
La profesión periodística es privilegiada porque la información que transmite llega a mucha gente. Es un oficio que respeto muchísimo. No obstante, muchas personas la ejercen de una manera no ética, y cuentan cualquier cosa que han leído. Hay que tener cuidado, especialmente en temas de salud en general, y especialmente en la mental.
¿Cree que falta especialización?
Por supuesto. Si ponen a retransmitir un partido de rugby a un periodista que no tiene ni idea de deportes, dará igual que tenga 8 másteres, lo hará mal. Cada uno tiene su campo, no se puede ser bueno en todo. Hay muy buenos periodistas especializados en salud. De hecho, hay toda una asociación, la Asociación Española de Informadores de Salud, la cual hace un trabajo buenísimo, aunque a veces no es escuchado.
¿Estamos viviendo un mundo acelerado por las noticias que salen o podemos ver en redes sociales, y que alimentan los problemas de salud mental?
Efectivamente. Es un mundo muy complicado, mucho más que el de nuestros abuelos. Por eso también había menos trastornos mentales. Pero ello no implica que tengamos que hablar mal ni de la tecnología ni de la inteligencia artificial. Simplemente, hay que tener en cuenta que, efectivamente, todo va muy acelerado, pero que podemos tomar medidas y ayudar. Desde el periodismo, por ejemplo, remarcando que podemos hacer uso de esas herramientas, pero no sin contrastar. Y para el resto, remarcando que no somos expertos en todo, por mucho que así lo creamos gracias a las redes o la IA.
Antes nuestros abuelos se iban de vacaciones y no recibían llamadas de trabajo. Ahora, con el móvil, sentimos la necesidad de seguir conectados.
Es cierto, pero las nuevas generaciones tienen clarísimo que, si es en su tiempo libre, no atenderán llamadas de trabajo. Es algo que valoro mucho de ellos. Los profesionales de periodistas o psicólogos, por poner dos ejemplos, pensamos que somos imprescindibles y que tenemos que salvar el mundo aunque nos llamen a las cinco de la mañana, y no debe ser así. A las cinco de la mañana tenemos que estar durmiendo, y ya habrá otra persona que pueda salvar el mundo.