Andorra pierde más de 1.500 habitantes tras el cierre de la térmica

La población se situó en 8.167 vecinos con la llegada de la planta carboeléctrica en 1981 y fue en 1986 cuando alcanzó su techo poblacional con 8.866 residentes en el municipio
Publicado por Sara Cubero el 13 de abril de 2026

Pasear hoy por las calles de Andorra es recorrer una localidad que se va apagando poco a poco. Lo que durante cuatro décadas fue uno de los grandes motores económicos de la comarca, vive ahora una lenta pérdida de actividad, población y vida cotidiana tras el cierre de la Central Térmica en 2020.

El municipio fue en su día una de las poblaciones con la renta per cápita más alta de Aragón, y hoy no llega a situarse entre las diez primeras. La pérdida de población ha tenido un efecto directo sobre el municipio. La población de Andorra alcanzó los 8.176 habitantes en 1981, coincidiendo con la llegada de la central térmica, y marcó su máximo histórico en 1986, cuando llegó a los 8.866 vecinos. A partir de entonces, la evolución demográfica ha sido descendente: en 2019 el municipio contaba con 7.472 habitantes, cifra que bajó a 7.345 en 2020, año del cierre de la planta carboeléctrica. En la actualidad, el censo se sitúa en 7.223 vecinos, lo que supone una pérdida de 1.643 habitantes entre 1986 y 2025.

Asimismo, el descenso de la actividad comercial se sitúa en una horquilla de entre el 20% y el 35%, una cifra muy por encima de la tendencia general del comercio en otros territorios. El sector más golpeado por estas cifras ha sido el de servicios.

La desaparición de la industria del carbón no solo ha dejado un vacío económico. También ha afectado a un menor movimiento en las calles, más persianas bajadas, negocios que resisten hasta la jubilación de sus propietarios y una juventud que, tras marcharse a estudiar o trabajar fuera, cada vez contempla menos la posibilidad de regresar. A ello se suma la sensación de decepción por una transición energética que, para buena parte del tejido económico local, ha dejado de ser una esperanza para convertirse en una promesa incumplida. El ejemplo más evidente es el Nudo Mudéjar, el gran proyecto llamado a compensar el cierre de la térmica y que ha ido perdiendo dimensión con el paso del tiempo. Lo que se presentó como una gran inversión se prevé reducir a 406 megavatios, muy lejos tanto de los 1.844 inicialmente anunciados como de los 1.100 que llegó a producir la central andorrana. Ese recorte ha alimentado la desconfianza en un municipio que esperaba un revulsivo capaz de sostener empleo, atraer empresas y fijar población. Sin embargo, seis años después del apagón industrial, la recuperación no termina de materializarse.

La avenida San Jorge de Andorra, zona comercial del municipio, este jueves por la mañana. / S.C.

Roberto Miguel Gil, presidente del Centro de Empresarios de la Comarca de Andorra-Sierra de Arcos y del Bajo Martín, advierte de que el municipio lleva años acusando el vacío que dejó la central y la falta de concreción de los proyectos que debían sustituirla. «Perdimos hace seis años el motor económico que tiraba de toda esta zona», explica. Desde entonces, sostiene, el comercio y el tejido empresarial han permanecido «expectantes» ante una reconversión que prometía nuevas inversiones y empleo, pero que no ha terminado de traducirse en una actividad estable y suficiente para sostener la economía local. «Durante estos seis años hemos visto cómo ha habido incumplimiento tras incumplimiento y ni por asomo se ha materializado nada de lo que se cumplió», afirma.

El impacto se ha dejado notar especialmente en el sector servicios, donde la pérdida de pulso económico se aprecia de forma inmediata en las calles. «Antes se veían terrazas y veladores llenos de gente; ahora, cuando paseas por el pueblo, es otro ambiente el que se respira», lamenta.

Roberto Miguel explica que muchos de los negocios han contenido inversiones y han resistido a la espera de que se concretaran los proyectos anunciados, pero el paso del tiempo y la falta de certeza han terminado por optar por la desconfianza. «La gente que tiene los negocios limita las inversiones y controla mucho el gasto», señala. Y añade que el principal problema aparece cuando un establecimiento cierra: «No hay un traspaso de ese negocio ni relevo generacional».

Sin empleo y, por tanto, sin retorno

La falta de oportunidades estables también ha ido cerrando la puerta al regreso de la población joven. En Andorra, la expectativa de volver tras estudiar o trabajar fuera estuvo durante años vinculada a la llegada de nuevos proyectos empresariales, pero el recorte de algunas de esas expectativas dificulta esas posibilidades. El presidente de los empresarios lo resume en una idea central para entender el momento actual del municipio: sin seguridad laboral, no hay proyecto de vida. «Nadie se compra una casa si no sabe si va a trabajar en esa localidad, nadie se compra un coche, nadie hace un plan de vida si no existe una mínima certeza de futuro», explica. Para él, el emprendimiento, la inversión y la continuidad del comercio dependen directamente de esa confianza. «Las noticias que tenemos no pintan demasiado bien para la localidad», concluye Roberto.

Reflejo del declive

Si el retroceso demográfico y económico tiene una imagen reconocible, esa está en los comercios. Los testimonios de los locales que todavía permanecen activos coinciden en una misma idea: Andorra no solo ha perdido clientes, también ambiente, impulso y ese cambio también se ha aplicado a los hábitos de consumo.

Hace años, Andorra atraía compras de vecinos de municipios de toda la comarca y concentraba una actividad comercial muy alta. Ahora, parte de ese flujo se ha desplazado a otras localidades o directamente a las ciudades donde residen o estudian los hijos de muchas familias. El envejecimiento de la población, la pérdida de poder adquisitivo y la salida de vecinos han alterado por completo la economía del día a día.

Paquita Sáez, de ‘Carnicería Paquita’, tercera generación de carniceros en un establecimiento con 81 años de historia, lo resume desde la experiencia de toda una vida detrás del mostrador. «Recuerdo la gran cantidad de comercios abiertos y la alegría de la gente al comprar», explica. En su memoria permanece una Andorra «con muchos puestos de trabajo, mucha vida en el pueblo» y una sensación de bienestar ligada a la actividad de la central. «La gente vivía aquí porque no les faltaba de nada». Hoy, en cambio, observa un municipio «perjudicado», donde «mucha gente dependía de ese puesto de trabajo y con ello directa o indirectamente el resto del pueblo».

Ese deterioro se mide también en pequeñas señales que hablan de cómo ha cambiado el pueblo. Paquita Sáez pone como ejemplo los encargos del día de Pascuica, que se han reducido con el paso de los años. «La población de Andorra se va haciendo mayor y mucha gente joven no tiene fiesta porque estudian o trabajan fuera». El comercio, por tanto, no solo vende menos: también atiende a un pueblo distinto, con menos niños, menos familias jóvenes y menos vida cotidiana en torno a los negocios de proximidad. A pesar de ello, es optimista y agradece a los vecinos que ayudan con sus compras a que puedan seguir abriendo las puertas del negocio.

La misma preocupación aparece con crudeza en el testimonio de Nuria Giner, gerente de una de las grandes tiendas de ropa que se mantienen en el municipio, ‘El Barato’. Recuerda que hace dos décadas los sábados eran una jornada de ventas y que acudían clientes de muchos pueblos de alrededor. Asimismo, ella llegó a tener a cinco dependientes contando con ella y su marido, quienes son los únicos que trabajan en la tienda en la actualidad. Asimismo, Nuria recalca que las compras por Internet también están debilitando los negocios. «La gente no lo ve, vamos todos en el mismo saco y además no hay una generación alternativa a la sucesión de trabajo», lamenta.

Nuria añora aquellos tiempos del auge de la Central Térmica, cuando empezó a trabajar con sus padres en la tienda y a la vez estudiaba. «Yo salía de la escuela y me iba a la tienda, aquello era una locura». Pero su reflexión va más allá del textil. Lo que le preocupa es la desaparición progresiva de servicios básicos y la falta de continuidad en los negocios que van llegando a la jubilación. «De aquí a 15 años, Andorra va a ser un pueblo que no va a haber ni para comprar una bobina», advierte. «Yo lo veo venir y me duele porque es mi pueblo».

También Olga Grau, al frente del estanco de Olga, relaciona directamente la caída de negocio con la pérdida de población y calcula una bajada de ingresos en torno al 40%. Pese a todo, quienes siguen al frente de sus negocios no renuncian del todo a la esperanza y confían en que la llegada de empresas pueda facilitar el regreso de jóvenes que querrían vivir en el municipio. «Si trajesen empresas a Andorra mucha gente joven volvería al pueblo, porque es donde muchos de ellos quieren vivir», concluye Paquita Sáez.

Ver comentarios (18)

  • No hace mucho estuve en Andorra visitando la empresa JV20. Los aproximadamente 50 jovenes trabajadores que residen en Andorra y comarca es el ejemplo de lo que se necesita en Andorra. A pesar del empleo que genera y de lo que puede suponer ésta empresa en un futuro como generadora de empleo local, me parecio MUY POCA LA AYUDA ECONÓMICA RECIBIDA PARA EL EMPLEO QUE GENERA.
    Andorra se merece más ,pero sólo recibe buenas palabras y palmaditas por parte de los políticos que pasan cada 3 o 4 años.

  • El Detroit de Teruel. Triste realidad y tristes perspectivas.
    Lo peor es que haya gente que crea que adjudicando los MW «sobrantes» que Enel/Endesa no ha querido se va a recuperar la población y el empleo. Mas aún teniendo en cuenta que las nuevas instalaciones a base de fotovoltaica y aerogeneradores generan un empleo local PERMANENTE mínimo.

    Una vez construidas las instalaciones, como mucho una cuadrilla de 20 técnicos que se encarguen de revisar periódicamente las instalaciones y algún vigilante de seguridad, cosa que hoy en día se hace remotamente con cámaras de vigilancia.

    Ahora los que deberían estar preocupados son el sector agrícola. Como los precios que se pagan a los productores se estanquen o desciendan mientras los gastos, combustibles, pesticidas y fertilizantes vayan en aumento y las ayudas de la PAC se reduzcan o eliminen, entonces adiós a todos los pueblos del Bajo Aragón.
    La sensación que tengo es que nadie hace nada y que la filosofía de vida que aplicamos es «disfrutemos mientras tanto» y «qué bonito fue mientras duró».

  • La bonanza de Andorra, fue inaudita, los demás pueblos de alrededor lo pasábamos mal, pero allí, tenía de todo, luz gratis y muchas cosas más, es difícil después de tener tantas prebendas y tener unos sueldos en comparación con los demás muy sabrosos que no se sientan bien ahora, pero como buenos turolenses tendrán que ir poco a poco e inventar otras empresas que aunque no sean como fue Endesa, puedan vivir bien. les deseo toda la suerte del mundo.

    • Miriam, Andorra y en concreto Endesa dió trabajo a personal de Andorra, Alcañiz, Alcorisa, Alloza, Ariño, Calanda, Más de las Matas, Estercuel, Gargallo, Crivillen, Aguaviva, Albalate, Hijar, La Puebla, Escatron, etc, etc, además de a toda la gente venida de Andalucía, Extremadura, Cataluña, etc. No entiendo eso de "los demás pueblos de alrededor lo pasábamos mal".

    • Desde cuando Alcañiz pertenece a la Comarca Andorra Sierra de Arcos??

  • Vivieron 30 años en una burbuja mientras los demás se comían un zurullo y como todo en esta vida pues se acaba, simplemente eso.

    • Turolense, noto un poco de envidia en tu comentario además de un tono muy despectivo hacia la gente de Andorra en general. Ni todos fuimos de Endesa ni los de Endesa te deben nada a ti, así que lávate bien la boca para hablar de Andorra y su gente.

    • Turolense . YO siempre digo una cosa . Lo que es bueno para Alcañiz , es bueno para Andorra . Y lo que es bueno para
      Andorra es bueno para Alcañiz , TERUEL , ... Yyyy espaÑa etc .

      a buen entendedor sobran palabras

  • si no hubiesen cerrado las minas central ect todos los que nos fuimos a vivir en busca de empleo sería un pueblo de muchos habitantes todo gracias al rojerio PSOE Teruel existe su perrito faldero que colo a presidente y ahora la chusma de podemos sumar iu ect se queda en un pueblo despoblado y en ruinas disfrutar de lo votado

  • los cinco mil andaluces que vinieron a la central son los que van faltando ahora asea que Andorra vuelve a ser lo que fue

  • La cuestión es que ahora no solo nos han dejado de lado y sin empleo ni futuro estable, es que además da pena entrar a Andorra y ver ese espectáculo de paisaje feo de verdad