Decenas y decenas de agrupaciones jalonan la carrera artística de Coco Balasch desde los años 80 hasta la actualidad. A las que surgen a partir de proyectos propios y más personales se suman unas cuantas en las que colabora o ha colaborado como contrabajista. Lleva décadas trabajando con la música improvisada y componiendo, algo que sigue haciendo durante el confinamiento pero con la novedad de que también, por primera vez, ha puesto letra a sus músicas. «No son melodías típicas, no es nada comercial lo que hago y por eso creo que las veces que he tratado de que algún letrista pusiera palabras no ha resultado», se sincera divertido.
Vive en Valdeltormo pero nació en París en 1963. A los 10 años de edad se trasladó con su familia a Cataluña, donde estudió en la escuela Esclat de Manresa que dirigía Manel Camp –fue la primera escuela en la que se impartió jazz en España–. Más tarde, siendo un veinteañero marchó a Zaragoza y desde entonces vive y recorre Aragón. Parte de ese recorrido lo hizo con Joaquín Carbonell desde que hace 25 años el de Alloza se pusiera en contacto con él. Carbonell falleció en septiembre a causa del coronavirus en un gran momento de su carrera celebrando su 50 aniversario sobre los escenarios y con gira a la vista. «Desde su regreso en los noventa siempre me llamó para todo lo que hacía. Ha pasado mucha gente por la banda y puedo decir que he sido el músico que más tiempo ha estado con él y sí, se crea un vínculo», recuerda.
Inquieto, pionero y con proyectos
Además de la banda de Carbonell, Balasch toca con muchas otras. Entre todas las colaboraciones, calcula que su nombre aparece en unos 40 discos de estudio. Uno muy importante data de 1992 cuando el cuarteto Castafiore, del que él formaba parte, dio vida a Plaza Castafiore, primer disco de jazz grabado en Aragón. «Esto dice mucho de cómo estaba esta tierra en cuanto a música improvisada, nos sorprendió mucho que hasta los noventa nadie hubiese grabado ningún disco enmarcado en este género», explica ante la pregunta acerca del panorama.
«No es música comercial ni muy popular en España, la prueba está en que aparte de Tete Montoliu y Jorge Rossy, en lo que se puede catalogar de jazz, apartando las fusiones, no me viene a la mente ningún otro que haya traspasado nuestras fronteras de forma relevante, pero de todos modos hay muy buenos proyectos de música improvisada y sí que creo que se podría apostar más por ello en programaciones culturales», explica. Balasch cree en el potencial del espectáculo bien hecho y piensa que el objetivo de cualquier programador es buscar un sello diferenciador en cualquier festival o ciclo.
«La clave está en la calidad y en el criterio a la hora de programar y esto no implica invertir más dinero, se consigue teniendo los gestores adecuados. La apuesta debería ser siempre perseguir la máxima excelencia posible dentro de la singularidad, tener una buena idea cultural no es suficiente, lo que viste esta idea ha de tener calidad sea cual sea el tipo de espectáculo que ofrezcas. Ese, pienso, tendría que ser el objetivo en cualquier población de nuestro medio rural y creo que nos llevaría a ser un referente», reflexiona.
Él comenzó tocando la guitarra siendo un niño, con el tiempo le llamó el bajo eléctrico que fue con el que se ganó la vida durante años. «Más tarde cambié al contrabajo porque era lo que se tocaba en toda la música que escuchaba y no tenía mucho sentido que siguiera con el bajo eléctrico», sonríe. La lista de grupos en los que actualmente toca el contrabajo es larga: desde Blue Valentine, -grupo de versiones de Tom Waits-, a Radizes con Alberto Navas y Colectivo Elia, pasando por An Extra Ordinary Quintet o Paco Cuenca y la música francesa que interpretan juntos, entre otros.
Uno de los más personales en este momento es Balasch Colores, grupo con el que presenta sus composiciones. Una formación compuesta por él como contrabajo y que va variando entre dúo, trío, cuarteto o quinteto. «Más o menos somos los mismos músicos, lo que varía es el formato», dice. En cuanto la situación sanitaria lo permita tiene pensado grabar varias composiciones por primera vez con voz y por qué no, «hacer algún bolo». Seguir dando vida a Sweet Home Trío es otro objetivo, así como retomar con Antonio Salanova con quien ya grabó dos discos.
Las horas que pasa en el estudio son muchas pero las reparte entre la música y la escritura, algo que le apasiona y a lo que ha conseguido dedicarle más espacio desde hace unos tres años. Dejó de impartir clases e hizo una selección de las bandas con las que iba a tocar y así logró «unas horas libres que no conocía». Este cambio coincidió con su llegada a Valdeltormo, pueblo que cree que será su último destino. «Lo tiene todo: un entorno precioso sin llegar a soportar masas de turistas y calma. Desde el primer momento nos sentimos a gusto», dice desde el estudio en su casa. Por allí, y cuando estaba permitido antes de la pandemia, recibe visitas de otros músicos con los que comparte sesiones, consejos, conocimientos... Uno de ellos, es Lorenzo Latorre, músico y docente de Cretas y quien le propuso para EncontrARTE. Le encanta escribir y, aunque está preparando un trabajo largo, desde hace tiempo va volcando sus reflexiones y relatos en su blog personal.
También dedica varias horas, aparte de al estudio del instrumento, a la corrección de posturas y a mejorar la técnica, «no sé si estudiar es la palabra idónea, yo diría mantenerse en forma, eso es muy importante para un músico, eso y buscar cierto progreso», apunta. «No hay que perder agilidad para cuando podamos regresar a escena», concluye. En su página de Facebook va dando buena cuenta de sus pasos y proyectos.