Una de las figuras más relevantes del siglo XIX en Aragón nació en Samper de Calanda el 12 de julio de 1823 y murió en Castelserás el 20 de noviembre de 1886. Allí descansan sus restos en una fosa común junto a los de cientos de castelseranos víctimas de una epidemia de cólera que causó 23 bajas diarias. Así murió el botánico Francisco Loscos Bernal, en su botica preparando día y noche medicación. Parte de los artilugios que empleó en esa misión, y en otras, pueden contemplarse en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. En la sala Odón de Buen del Museo de Ciencias Naturales puede verse hasta el día 15 una exposición que pretende honrar a este hombre que, a pesar de la relevancia de sus estudios con plantas, nunca gozó del apoyo institucional para investigar y publicar el recopilatorio ‘Flora de Aragón’.
Llegó a recoger y catalogar 3.378 plantas que forman el actual herbario de Loscos y que él quiso que fuera el Herbario de Aragón. Están almacenadas en el archivo de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País (RSEAAP), que el próximo año celebrará su 250 aniversario. Para la exposición se han seleccionado seis plantas que recogió él en Peñarroya de Tastavins o Caspe, entre otros lugares. La muestra es un recorrido por su vida desde que nació en una casa en la esquina de la iglesia de Samper, donde su padre era el médico. Fue derribada por orden del alcalde León Cappa para hacer una calle y hubo enfrentamiento porque desde entonces Loscos ya no podía volver al no tener casa. Hay dos fotografías suyas que llaman la atención: una corresponde a la orla de la licenciatura en Farmacia en 1845, y otra es la que se tomó en el estudio Escolá de Zaragoza un año antes de morir, con 62, al recibir la medalla de plata en la Exposición Aragonesa de 1885-1886. Se la tomó también porque su imagen era demandada para publicaciones y exposiciones internacionales. Loscos alcanzó notoriedad cuando consiguió publicar.
«Era muy inquieto y tuvo mucha prisa en herborizar y, sobre todo, en publicar porque no quería que lo investigado se perdiese si él moría», dice Alejandro Abadía. El samperino, miembro de la Real Academia Hispánica de Historia, es uno de los comisarios de esta exposición junto a Fernando Loscos, tataranieto del protagonista; y Jesús Catalán, miembro de la Academia de Farmacia. «Envió cientos de cartas a instituciones y personalidades para que le ayudasen a costear las investigaciones y no obtuvo nada, eso le llevó a enfrentarse con mucha gente», añade. Parte de la correspondencia la dirige a universidades europeas con paquetes con plantas solicitando ayuda y correcciones, y así logró la amistad del alemán Willkomm, «la gran figura de la botánica».
Loscos salía a diario a recoger plantas, extraía su nombre y características y las preservaba. Se le unió José Pardo Sastrón, nacido en Torrecilla de Alcañiz y a quien conoció en las Saladas de Chiprana -localidad en la que también fue farmacéutico-. Tenía mucho trabajo hecho pero le faltaba publicarlo y fue Willkomm quien le publicó el primero en Dresde en 1863 que firma con Sastrón. Tres años más tarde publicó la Serie Imperfecta con más plantas, aunque no con todas, y el editor es Ulpiano Huerta de Alcañiz como puede verse en la exposición en un libro propiedad de su hijo Cristóbal Loscos. En 1876 publica la tercera parte en Madrid siendo ya una figura reconocida. «Crea la conocida como Escuela de Loscos y pone a herborizar a todos los farmacéuticos», sonríe Abadía. Loscos siguió publicando en periódicos porque ya no le dio tiempo a mucho más antes de su muerte, también comenzó a gozar de reconocimientos, entre ellos, el de las instituciones que tiempo atrás y en vida le habían negado.