El final de las fiestas de verano por San Roque siempre tiene el mismo sabor y olor, y que así siga siendo por muchos años más. Es lo que desean los poblanos, tanto los que residen en la localidad como los que acuden con más o menos asiduidad a lo largo del año. Por eso todos acuden a hacer fila provistos de cacerolas para llevarse las raciones que desean a sus casas, peñas o cocheras para compartir la última cena con amigos y familia. En muchos casos, la cena se hace en las calles porque en La Puebla hay unas cuantas peñas que en estos días disfrutan de sus cenas al aire libre compartiendo con quienes pasan saludos y complicidades.
Este sábado al caer la noche, y tras cinco días desde el inicio de las fiestas con el pregón, la plaza del Granero volvió a ser el lugar de encuentro de quienes acudieron a buscar una cena que se había estado cocinando a fuego lento y de leña durante más de cuatro horas. En la plaza la actividad comienza cada año a primera hora de la tarde con la reunión de los voluntarios para comenzar a pelar patatas, preparar las especias o ir colocando los tarugos de leña. Cada cual hace la tarea que mejor se le da o la que toca en ese momento porque el Guiso de la Vaca tiene sus tiempos. "Están todas las medidas ya cogidas y guardadas de un año para otro, aunque no siempre sale igual", dice Félix Sierra, uno de los que a última hora seguía moviendo el guiso con los enormes cucharones hechos a medida de las tres cacerolas. "Hace muchos años las mujeres mayores iban haciendo entre ellas y se metían aquí en mi casa, pero ya se decidió apuntar todo y se sigue la receta con sus medidas de todo", añade Charo Valencia Pina, quien nació y creció con la tradición del Guiso de la Vaca ya bien implantado en su casa. Su madre era una de las que no fallaba nunca. "Para mí es un orgullo ver que esto continúa, porque yo vivo en Zaragoza y en fiestas no suelo venir, pero vengo a esto, vengo solo a pelar patatas", reía. "Este día es muy especial", apuntó.
El guiso tiene su miga, porque las cantidades son considerables para atender a alrededor de 900 personas y, aunque siempre queda ese suspiro suspendido en el aire de si va a ser suficiente, llega clavado. Antaño se cocinaba la vaca que salía en el encierro esas mismas fiestas, pero con los años, esto se cambió a la compra de ternera por parte del Ayuntamiento, que se ocupa de la logística y resto de ingredientes como las patatas. Calculan que en las tres cazuelas habrá unos 500 kilos de patata y unas 40 garrafas de 5 litros, lo que hace un total de unos 200 litros de agua empleados. En la receta también se incluye coñac y Coca-Cola, además de especias varias. Este año, 43 personas han colaborado en algún momento de la tarde en esta elaboración, cuyo remate llegó al filo de las nueve de la noche con el fuego avivado y dándole vueltas con los cucharones. El remate fue de Jesús Arto, que con su carretilla levantó las tres cacerolas y las dispuso en el suelo a pie de reparto para facilitar la tarea.