Hubo susto en la tarde de carrozas de La Puebla de Híjar cuando un toro se llevó por delante a una de las matadoras anunciadas a bombo y platillo en decenas de carteles repartidos por medio pueblo. No hubo problema porque la camilla ya estaba preparada quizá presagiando que iba a pasar lo inevitable en la itinerante plaza de toros de las Ventas de Zafán. Lejos de echarse las manos a la cabeza, el público rió y siguió con atención toda la narrativa de la puesta en escena de la misma cuadrilla de poblanas que el año pasado escenificó la huida de Puigdemont. Volvieron a sacar las sonrisas del público y arrancar varios "olés" a cada paso de muleta y capote. La corrida duró unos minutos, rejoneadora y banderilla incluida, pero fue suficiente para ovaciones y poner a la gente aplaudir con el cierre al ritmo de 'Torero', el éxito de Chayanne.
El desfile de carrozas fue el plato fuerte de la tarde de la primera jornada de fiestas de La Puebla de Híjar. De la mañana se encargó Pilar Monzón, que desde el balcón del ayuntamiento oficializó el inicio festivo con su pregón, pero en cuanto lo pronunció volvió a su puesto de venta ambulante de la plaza desde no se perdió nada de nada de lo que aconteció. Las carrozas dieron para mucho. También para esperar a quienes querían ver el paso de las cuadrillas por la plaza de España para terminar en el Charif. Eso se dio ya pasadas las 20.00, y eso que el recorrido salió de la Estación a las 18.30, pero cruzar toda la avenida desde el Barrio hasta el pueblo lleva su tiempo y, además, no hay prisas y menos en fiestas. Ese rato sirvió al vecindario para ponerse al día de balcón a balcón porque algunos llevaban días en el pueblo y otros todo el año, pero aún no se habían visto a pesar de vivir al lado. Las sofocantes temperaturas ya a final de la tarde fue uno de los temas de conversación común y lo más sufrido por todos que zanjaron las reflexiones con un "es horroroso, pero mejor que no llueva".
Los cabezudos fueron haciendo la avanzadilla persiguiendo con su látigo cuesta arriba y cuesta abajo sin para de correr. Tras ellos, la furgoneta municipal con la música a todo trapo y el concejal de fiestas, Pedro Guallar, al volante, fue abriendo paso al desfile. Tras el momento taurino pasaron los Camela, un dúo que se cantó los grandes éxitos sin separarse de su micrófono y el altavoz. La interacción con el público fue la tónica general, porque llegó el Monopoly y sin la colaboración del respetable para lanzar el gran dado, la ficha del barco no podía avanzar casillas representadas por calles y espacios de La Puebla con su correspondiente caracterización. Hubo lluvia de billetes a los que se lanzaron los más pequeños haciendo oídos sordos a alguna voz adulta de advertencia: "¡Que son del Monopoly los billetes!". Para los pequeños eran más que eso, eran otra cosa más con la que poder jugar.

El año nuevo chino hizo su aparición con su dragón, su música y su coreografía bien orquestada. La cuadrilla acertó con sus trajes y uniformidad que llamaron la atención de quienes esperaban en la plaza, quienes también recibieron con una sonrisa al más pequeño de los integrantes, un niño que entró a la plaza con paso decidido para sentarse en el suelo porque el camino había sido largo y eso que el carrito de bebé fue todo el camino junto a él para salir a su rescate. Subido ya en unos brazos adultos siguió la coreografía con el resto. Tras ellos avanzó un nutrido grupo de monos y rosquillas, eran la encarnación del animal que da nombre al anís más famoso del mundo y que no dudaron en bailarlo todo y en repartir repostería y anís a todo el que quiso aventurarse a probar. Justo detrás, el salón de belleza Estilismos Mariloli hizo su entrada con varias clientas leyendo sus revistas del corazón y una jefa provista de todos los utensilios y de un taburete vacío a la espera de encontrar ocupante. Lo lograron en la plaza con un joven que se prestó a recibir sus tratamientos ahí en vivo y en directo y se llevó puesto un mechón bien fucsia de quita y pon.
Otros que entraron bailando, y además bien agarrados, fueron los integrantes de los viajes del Imserso. Se marcaron unos pasos en la plaza de piezas bien clásicas, aunque iban seguidos de dos raperos con sus patinetes eléctricos quienes no admitían un gramo más de oro en sus cadenas y anillos. La Tribu Comanche llevó la feria a la plaza con la atracción de los toros a los que se invitó a subir a grandes y pequeños. Unos cuantos se subieron previa adquisición de la entrada válida para un viaje. Rápidos tras ellos se escenificó una prueba de las carreras de caballos de Ascot con los reyes de Inglaterra, Carlos y Camila, en cabeza y saludando desde un carromato empujado por sus súbditos. Allí se dio la orden de salida de un gran grupo de jinetes encarnados por niños. La fumata blanca pronto lo impregnó todo porque la elección del Papa no ha pasado por alto y una buena hilera de curas y monjas siguió al elegido y celebró cada movimiento de la bendición al pueblo. Los siguientes bailes fueron dedicados al kebab, un plato que ha calado fuerte en el territorio y que todo el mundo se ha echado al estómago en alguna ocasión en cualquiera de sus versiones.
El cierre tuvo el color de los confetis. Las Mozas Infantiles no escatimaron en lanzar la cantidad que fuera necesaria a puñados de los sacos en los que también hubo caramelos. Los más pequeños volvieron a enloquecer esta vez en busca de los dulces. El estallido de color fue a más con la entrada de la carroza de las Reales Mozas, que se ocuparon de reventar tubos de papelillos de fiesta que cayeron sobre el público y que llevaron a mayores y pequeños a levantar los brazos en un gesto espontáneo de querer atrapar alguno con una sonrisa de oreja a oreja. La charanga y los quintos y peñas de las protagonistas, cerraron el desfile que terminó con las Reales Mozas alzando el escudo de La Puebla de Híjar que decoraba el remolque para lucirlo bien alto durante todo el trayecto en la calle Mayor hasta el Charif, el final de trayecto ya al anochecer.
































