Marta Garú, VII Premio Pilar Narvión: «Lo más importante para mí siempre ha sido contar historias y anteponer a las víctimas»

ENTREVISTA. La periodista de sucesos cuenta con una amplia y rigurosa trayectoria que será premiada con el VII Premio Pilar Narvión durante la inauguración del Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz
Publicado por Sofía Fondevilla el 18 de septiembre de 2026

La periodista de sucesos Marta Garú recibirá el VII Premio Pilar Narvión durante la inauguración oficial del Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz como reconocimiento a su rigurosa y amplia trayectoria. El galardón distingue cada año a una figura destacada del periodismo y recuerda el legado de la periodista alcañizana Pilar Narvión, pionera en la crónica política y la dirección de prensa a nivel nacional. La periodista, además, participará en la ponencia 'Aragón, sucesos y territorio. Sucesos, delitos y tribunales en Aragón: de la calle al juzgado', que se celebrará el jueves 24 de septiembre.

¿Cómo recibe este reconocimiento?

Sorprendida, incluso abrumada. No esperaba un galardón así, por lo que representa en sí mismo y por el nombre que lleva. La figura de Pilar Narvión ya estremece un poco a quienes somos periodistas y nos hemos criado a la sombra de gente muy grande. También por quienes han recibido el premio en anteriores ediciones. Estoy feliz, contenta, sorprendida y muy agradecida.

Después de estas décadas de trayectoria profesional, ¿qué ha sido lo más importante para usted?

Contar las historias. Como me ha tocado inclinarme por el lado trágico, siempre he puesto por delante a las víctimas, pero sin perder la perspectiva de contar con toda la objetividad posible lo que sucede.

Los sucesos no son más que pura vida y hay que entrar en ellos con muchísima responsabilidad, prudencia y respeto, tanto hacia las víctimas como incluso hacia los detenidos. Es un mundo que te atrapa y que a mí me ha dado muchísimo conocimiento de la vida, tanto profesional como personal. Sobre todo, me han guiado las víctimas.

El incendio de la discoteca Flying, en 1990, marcó el comienzo de su carrera en sucesos. ¿Fue el periodismo de sucesos el que la encontró o ya tenía claro que quería dedicarse a este campo?

Siempre he querido ser periodista. En aquel momento estaba haciendo prácticas y trabajaba en la sección de Nacional e Internacional, y esa noche me enteré de lo sucedido y me acerqué al lugar. Fui a interesarme por el estado de algunas víctimas que conocía y un compañero me dijo que me pusiera a trabajar. A partir de ahí se abrió un mundo que era el que realmente quería contar.

Estaba cómoda en Nacional e Internacional, pero me quedaba muy lejos. Cuando empiezas piensas en ser corresponsal, en ir a otros países a contar historias, pero cuando me encontré con aquello en lo local también me atrajo.

Fue una tragedia enorme y me marcó realmente. Conocía a personas que habían fallecido y a otras que, afortunadamente, sobrevivieron. Fue una manera de empezar con una historia muy dura y muy humana.

Informar de sucesos desde lo local permite estar más cerca de los lugares y de las personas, pero ¿supone también una mayor responsabilidad?

Por supuesto. Y tampoco es lo mismo hacerlo en Zaragoza que en un pueblo. Admiro a los corresponsales de los pueblos porque tienen que ejercer esa tarea con todavía más prudencia. Zaragoza es una ciudad, pero tampoco es una gran urbe. Llega un momento en el que te conocen y tú conoces a la gente. Hay que apelar siempre a la responsabilidad y al sentido común.

En el periodismo, además, tienes que tener capacidad para mirar las cosas con un abanico muy amplio, contemplar todas las aristas y todas las caras que puede tener cualquier suceso. En una ciudad tienes muchos ojos que te miran muy de cerca.

También ha cubierto causas judiciales por corrupción, entre ellas el caso Plaza. ¿Cuáles son las claves para trabajar este tipo de asuntos?

Lo primero es tener mucha paciencia. Son casos complejos, que duran varios años y en los que intervienen muchas partes y muchos abogados. Cada uno tiene su interés y defiende a su cliente.

Hay que saber distinguir lo que ocurre dentro de esa complejidad y, sobre todo, trabajar con muchísima documentación. Tienes que estar absolutamente documentada y conocer en todo momento de qué se está hablando para que, dentro de toda la maraña de operaciones inmobiliarias, financieras o de otro tipo, no te puedan tomar el pelo.

Cuando hay muchos acusados en una causa compleja, con miles de folios de sumario, tienes que saber perfectamente de qué estás hablando en cada momento. Con la experiencia también te das cuenta de que, en los casos de malversación, el mecanismo suele ser parecido: intentar apropiarse de un dinero, esconderlo y evitar que te pillen. Una estafa pequeña puede parecer más fácil de encontrar, mientras que este tipo de operaciones cuentan con ingenierías financieras y sociedades que dificultan seguir el dinero, pero el mecanismo de fondo es el mismo.

¿Qué le ha enseñado la experiencia sobre el funcionamiento judicial en estos grandes casos?

En este tipo de estafas, que se prolongan durante mucho tiempo, los acusados pueden salir beneficiados por cuestiones como las dilaciones indebidas o porque a la Fiscalía le interese recuperar el dinero y alcanzar acuerdos.

En el caso Plaza, por ejemplo, a la Fiscalía le interesaba recuperar dinero y llegar a acuerdos con los acusados. Ninguno entró en prisión salvo García Becerril, que estuvo muy poco tiempo, y el resto afrontó multas y devoluciones de dinero. También es cierto que, en un momento determinado, a la Fiscalía puede interesarle recuperar el dinero que se ha defraudado a la Hacienda Pública.

A lo largo de su carrera también ha prestado especial atención a la igualdad y a la violencia de género. ¿Cómo valora la cobertura periodística actual?

Creo que se ha avanzado, no cabe duda, pero estamos en un punto de parón e incluso veo algún retroceso en la cobertura de la violencia de género. No tiene nada que ver cómo se trataban estos crímenes cuando yo empecé a trabajar en sucesos con cómo se tratan ahora, pero todavía no se termina de hacer bien.

¿Dónde detecta esos retrocesos?

No sé si será por el mundo digital, por los titulares o por los clics, pero vuelven a aparecer titulares en los que parece que tiene que existir una causa que explique que un hombre haya matado a una mujer. Cuando veo la palabra «celos» en un titular o explicaciones del tipo «porque no quiso hacer esto» o «porque no quiso aquello», me preocupa mucho. La causa de que un hombre mate a una mujer en un caso de violencia de género es que ejerce el poder y el control sobre ella. Que se diga que hubo una infidelidad o un ataque de celos no es la causa de la muerte. La causa es que él se siente con el poder y la capacidad de quitarle la vida.

Me he esforzado durante mucho tiempo para intentar que ese tipo de titulares no se publicaran y, al menos en mi medio, para tratar estas informaciones de una manera responsable. Ahora estoy viendo que se están dando algunos pasos atrás.

¿Existen herramientas para mejorar esa cobertura?

Existen protocolos y disposiciones que fueron aceptados voluntariamente por los medios de comunicación, pero muchas veces no se llevan a cabo.