Dice que no es «animal de set» pero ya está rodando su cuarto cortometraje. Eso sí, dice que lo de dirigir una película o una serie no es su ambición porque en el corto se encuentra bien. También dice que si se tiene que considerar algo es guionista, y por eso es «animal de despacho y ordenador» para escribir sin parar. Para Miguel Casanova (1992), dirigir cortos es su manera de seguir aprendiendo guion. «Cuando ensayas con actores o los diriges, te das cuenta de que ciertas emociones que has escrito no funcionan y tienes que aprender a cambiarlas. Aprendes muchísimo a dialogar y, tener a varios jefes de equipo preguntándote por lo que tienes que hacer, ayuda a que el próximo guion sea mucho más concreto y conciso», explica. Tampoco abandona los cortos por una cuestión de fe. «Creo mucho en las historias pequeñas, en los singles musicales sin que pertenezcan a un álbum. Contar una historia en quince minutos me parece un reto muy chulo», sonríe. ‘Quemarlo todo’ es el cortometraje que rodó en Zaragoza y está en montaje. Habla de las dinámicas de liderazgo en un grupo de amigos no muy al uso y cómo se cuestionan en una noche a tiempo real y en clave de thriller. Es el cuarto cortometraje escrito por él que dirige. Antes fue ‘Milkshake Express’, premio Simón 2016; ‘Vergüenza’ y ‘No te verán correr’. Es guionista de ‘En la azotea’, que estuvo nominado al Goya.
Suele repetir con la mayoría del equipo y se rodea de gente que sepa más que él, ya que viene del guion y no de la dirección. «Entienden muy bien lo que quieres hacer y si te ven dudando o en indecisión te proponen soluciones rápido. Es un lujo porque se gana mucho tiempo y porque rodar entre amigos y amigas para mí es lo mejor del cine», se sincera. Mientras saca el corto, sigue escribiendo varias historias. «Me he dado cuenta de que cómo más feliz soy es escribiendo para otros directores», dice y asegura que está cómodo en colaborar y con que le propongan historias nuevas y retos. Una de las últimas fue ‘La reina del pop’, de David Goñi, un cortometraje que se vio en octubre en el Certamen de Cortometrajes de Valdealgorfa, cita en la que colabora desde hace más de ocho años. «Santiago Sáenz, que siempre digo que es una máquina de mover cultura, me propuso hacer unas proyecciones. Me dijo que iba a ser la excusa para volver al pueblo y así es, cada año estoy en Valdealgorfa», sonríe. Dice que ver cómo el pueblo responde y, sobre todo, ver cómo la gente comenta después «es increíble». El festival sigue creciendo e involucrando a muchas personas para que prospere, que «es así como se hace cultura y que un pueblo se sitúe en un lugar de referencia en Aragón».
Se lo han dejado caer varias veces y reconoce que tiene una cuenta pendiente. «No sé si será algo dirigido por mí o un guion, pero que algo que yo he escrito se ruede en Valdealgorfa es algo que pasará pero no sé cuando», dice y asegura que hay presión. «No quiero llevar cualquier cosa, tiene que ser algo que esté a la altura del pueblo y sus escenarios». Siempre tuvo el respaldo en casa y está convencido de la influencia de sus padres profesores, así como la de su padre -el catedrático Julián Casanova- en la escritura. «Además de que fagocitábamos cine español y que de crío me pusieron ‘El verdugo’ y me la explicaron; la forma de contar algo ya sea ficción o una clase es muy importante. No es lo que cuentas sino cómo entretienes para que llegue el mensaje», reflexiona. «Y, además, es que nunca dudé porque en todas las películas en los títulos de crédito sólo eran hombres, por eso son tan importantes los referentes y que haya femeninos para que ninguna niña dude», añade.
Vive en Madrid pero siempre tira para casa también para rodar aunque no es fácil. «Lo bueno es que te escuchan, nunca hay una negativa pero sí esa cosa de pasarse la pelota y es muy difícil, ponen muchas trabas», dice. «Cuando ves a gente de fuera pelear por rodar en Aragón es que algo pasa. En vez de criticar a vascos o catalanes por apoyar a los suyos nos podríamos poner a la altura y hacer lo mismo porque a veces parece que te estén invitando a irte a Madrid. Aquí te empeñas y sale pero no es fácil», reflexiona. Está seguro de que Aragón podría estar a la cabeza y se ha demostrado. «Cuando llamas a Álex Rodrigo (‘La Casa de Papel’) y a un buen equipo te hacen ‘El último show’, que es un serión y lo compró HBO», añade.
Con Rodrigo ha trabajado en una serie en desarrollo y sigue colaborando con otros directores intentando levantar proyectos. Tras cinco años en MOD Producciones, trabaja por su cuenta para directores y productoras al tiempo que da clases de guion en la ECAM y en el Máster de Guion de la Universidad Rey Juan Carlos. «He aprendido que puedes vivir del guion y que pasen muchos años con los proyectos moviéndose a una lentitud muy grande sin que se lleguen a rodar, pero te los van pagando y vas viviendo de desarrollos hasta que se materializa algo». Lleva varias historias en marcha así que, lo mejor es prestar atención a todos los títulos de crédito, que han evolucionado con los tiempos. «En todos seguro que encontramos mucho talento aragonés y bajoaragonés», sonríe.
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desde niño tuvo siempre claro que quería ser director de cine