Palermo, una ventana a la historia ibérica de Caspe que pide volver a abrirse

FOTOGALERÍA. El yacimiento de Palermo 1 recibe una visita guiada con motivo del XXI Curso de Arqueología Experimental y permite descubrir un enclave ibérico con un singular sistema defensivo
Publicado por Jesús Burgos el 14 de septiembre de 2026

Hay lugares que, pese a estar cerca, permanecen durante años al margen de las rutas habituales. Es el caso de Palermo, uno de los yacimientos ibéricos de Caspe que este sábado ha vuelto a cobrar protagonismo con motivo del XXI Curso de Arqueología Experimental. Durante varias horas, un grupo de alumnos, participantes y vecinos se ha adentrado en este enclave de la mano del arqueólogo caspolino Salvador Melguizo para conocer de cerca un patrimonio que, como él mismo reivindica, merece tener más oportunidades de ser visitado.

La actividad se enmarca en el curso organizado por el Cecbac junto con su director, Carlos Mazo, que se desarrolla hasta este lunes y que este año está centrado en la tecnología lítica prehistórica, los modos técnicos y el tratamiento térmico del sílex. La visita ha permitido trasladar la arqueología de las aulas al propio terreno, entre restos de estructuras defensivas, roca, paisaje y las huellas de quienes ocuparon este territorio hace siglos.

Un poblado ibérico poco conocido

La primera parada ha sido Palermo, un poblado ibérico de importantes dimensiones que conserva uno de sus principales atractivos precisamente en sus estructuras defensivas. El recorrido ha permitido observar un sistema excavado directamente en la roca, con fosos, murallas y contramurallas que dan una idea de la importancia estratégica que tuvo el enclave.

Inicio de la visita guiada al poblado ibérico de Palermo / Jesús Burgos

A estas estructuras se suman distintos elementos relacionados con el abastecimiento de agua, como balsas y pozos, integrados en el propio sistema defensivo del poblado. «Es un poblado ibérico bastante grande y que dispone de un sistema defensivo que se conserva muy bien», ha explicado Melguizo durante la visita.

El enclave se encuentra muy cerca de La Tallada, uno de los yacimientos más conocidos de Caspe e integrado en la Ruta de los Íberos del Bajo Aragón. Sin embargo, Palermo continúa siendo un gran desconocido incluso para quienes viven en el territorio. Precisamente por eso, la visita buscó poner el foco en este patrimonio menos habitual.

«Pocas veces se ve y alguna vez hay que darle oportunidad a otra cosa que no sea siempre lo mismo», ha señalado Melguizo. Palermo está declarado Bien de Interés Cultural y cuenta además con la declaración de Monumento Nacional desde 1931, una protección que contrasta con las dificultades para convertirlo en un espacio visitable de forma habitual.

La arqueología, también a través del paisaje

La visita no se ha limitado a explicar las estructuras conservadas. El recorrido ha servido también para situar Palermo dentro del mapa arqueológico de un territorio mucho más amplio, conectando las huellas ibéricas de Caspe con otros enclaves del Bajo Aragón, el Matarraña y las zonas próximas a La Cañada de Verich y la Terra Alta.

La propia ubicación permite entender parte de esa relación. Desde el yacimiento, el paisaje se convierte en una pieza más de la explicación, mostrando cómo el territorio, los recursos disponibles y las posibilidades de defensa condicionaron la elección de los asentamientos.

Salvador mostrando un poblado romano muy cerca de Palermo / Jesús Burgos

Melguizo ha aprovechado además el desplazamiento para reivindicar el patrimonio arqueológico caspolino y animar a descubrirlo más allá de los enclaves más conocidos. «Solamente darte una vuelta y disfrutar de este paisaje del Bajo Aragón, que es una maravilla y que hay que reivindicar», ha resumido.

El recuerdo de un arqueólogo caspolino

La jornada ha tenido además un segundo protagonista: Manuel Pellicer. El profesor y arqueólogo caspolino, nacido en 1926, está siendo homenajeado este año con motivo del centenario de su nacimiento. Su figura ha estado muy presente durante la visita, que se ha celebrado precisamente en el marco de las actividades vinculadas al curso.

Pellicer salió de Caspe en los años 40 para estudiar en Zaragoza y desarrolló posteriormente una larga trayectoria académica. Fue profesor en Granada y Canarias y catedrático de Prehistoria en Sevilla, donde creó además una escuela de investigación con una importante influencia posterior. Pese a desarrollar buena parte de su carrera lejos de Aragón, nunca perdió el vínculo con su localidad natal. «Tenía la sana costumbre de volver a su pueblo todos los veranos a ver a su familia, dar una vuelta y mantener un contacto con sus orígenes», ha recordado Melguizo.

Su trayectoria también estuvo ligada a las grandes campañas arqueológicas internacionales del siglo XX. Entre ellas, su participación en las misiones desarrolladas en Nubia y Egipto durante los años 60, en el marco de los trabajos impulsados por la UNESCO para rescatar templos y otros elementos amenazados por las inundaciones.

Precisamente parte de esa historia puede conocerse a través de una exposición fotográfica que reúne imágenes de diferentes etapas de su vida: desde su infancia y juventud en Caspe hasta las fiestas de la localidad y sus trabajos arqueológicos en Egipto.

Un patrimonio que todavía espera visitas

La experiencia de Palermo ha dejado también una cuestión abierta: cómo conseguir que estos espacios puedan ser conocidos de una manera más habitual. El acceso al yacimiento es libre, aunque llegar hasta él requiere conocer previamente el camino.

Salvador Melguizo junto a Abraham Martínez, presente durante la totalidad de la visita guiada / Jesús Burgos

En este sentido, Melguizo recomienda acudir a la Oficina de Turismo de Caspe para obtener indicaciones y consultar también la documentación disponible sobre el enclave. A diferencia de La Tallada, que cuenta con señalización, Palermo no resulta sencillo de localizar para quien no conoce previamente el acceso.

La visita guiada organizada con motivo del Curso de Arqueología Experimental ha servido para abrir durante unas horas una puerta a un enclave que permanece habitualmente alejado de los recorridos más conocidos. Entre las piedras de sus murallas, los restos excavados en la roca y el paisaje del Bajo Aragón, Palermo ha vuelto a recordar que la historia de Caspe también se encuentra en aquellos lugares que todavía esperan ser descubiertos.