Probar, preguntar y repetir: Así ha vivido el público la V Feria de San Miguel de Calanda

Los 27 expositores reúnen durante dos jornadas alimentación, comercio, asociaciones y nuevos proyectos en un recinto marcado por el contacto directo entre visitantes y participantes
Publicado por Lidia Olivares el 28 de septiembre de 2026

La V Feria de San Miguel de Calanda cierra este domingo su segunda y última jornada después de un fin de semana de continuo movimiento entre los estands. Vecinos de Calanda y del resto del Bajo Aragón Histórico se han mezclado con visitantes llegados de otros puntos, algunos con ganas de descubrir por primera vez los productos del territorio y otros dispuestos a repetir aquello que ya conocían de anteriores ediciones.

El Melocotón de Calanda y el aceite de oliva han vuelto a ejercer de grandes reclamos, pero el recorrido por el recinto ha permitido encontrar mucho más. Vinos, embutidos, encurtidos, ropa, joyería, artesanía, asociaciones y proyectos empresariales han formado parte de una quinta edición en la que buena parte del público no se ha limitado a mirar los mostradores, sino que se ha detenido a preguntar y conversar con quienes estaban detrás.

Ese interés se ha dejado notar especialmente en los puestos de La Calandina y la Cooperativa San Miguel, ambas presentes en esta quinta edición con el melocotón y el aceite entre sus principales reclamos. Ana Royo, trabajadora de La Calandina, ha descrito un «constante reguero de gente» interesada en conocer sus productos. «Vienen a comprar e interesarse por el producto y quieren que les cuentes», ha explicado. Aceite de oliva virgen extra elaborado con aceituna empeltre, Melocotón de Calanda, aceituna negra aderezada, paté y melocotón en almíbar han compuesto parte de la oferta.

La feria ha permitido además estrechar el contacto con consumidores habituales. «Das visibilidad, conoces a nuevos clientes, gente incluso que son clientes de toda la vida te ponen cara», ha señalado Royo. Con el producto estrella de la localidad, su valoración ha sido más directa: «Solo hay que probarlo y ya te enamoras del producto».

A pocos metros, la Cooperativa San Miguel ha mostrado igualmente melocotón y aceite junto a otras elaboraciones y los productos de El Bancal, su tienda de proximidad. María Pilar Franco, trabajadora de la entidad, ha destacado especialmente la acogida que ha tenido el aceite. «La gente compra mucho melocotón, pero también se han tirado mucho al aceite, al aceite 100% empeltre», ha explicado.

El estand ha vuelto a incorporar también uno de esos juegos con los que la cooperativa busca cada edición animar al público. Este año, un pulsador ha retado a detener un cronómetro exactamente en cinco segundos para conseguir un premio y muy pocos han conseguido acertar el tiempo. «Todos los años innovamos un juego u otro para que participe todo el mundo y para crear un poco de expectación en el puesto», ha contado Carmen Rebullida, también trabajadora de la Cooperativa San Miguel.

La campaña agrícola ha estado presente asimismo en las conversaciones. Las granizadas del verano han afectado a diferentes zonas productoras y han obligado a continuar seleccionando el fruto disponible. Rebullida ha resumido esa incertidumbre habitual en el campo con una expresión sencilla: «Siempre mirando al cielo».

La Salazonera Aragonesa se desplazó hasta Calanda desde Albalate / Lidia Olivares

Un paseo por propuestas muy distintas

Más allá del melocotón y el aceite, los 27 expositores han dibujado un recorrido variado. Los puestos agroalimentarios, con vinos, embutidos o encurtidos, han convivido con propuestas de moda, joyería, artesanía y otros negocios y proyectos.

Entre ellos ha estado La Salazonera Aragonesa con sus populares encurtidos y amplia variedad de embutidos frescos recién traídos desde Albalate del Arzobispo donde los visitantes no podían pasar sin probar alguno de sus productos.

También ha estado la Comunidad de Regantes del Guadalope, estrechamente vinculada al cultivo del melocotón y a la fabricación de las características bolsas de papel utilizadas para proteger el fruto durante su crecimiento. Su estand ha jugado precisamente con ese elemento tan reconocible en la presentación al público de parte de lo que ofrecía.

AFEDABA Los Calatravos, por su parte, ha contado con espacio propio en esta quinta edición, aportando la vertiente social a un recinto en el que han convivido productores, comercios, asociaciones y nuevas iniciativas. La entidad trabaja con personas con Alzheimer y otras demencias y con sus familias.

Ese cambio constante de propuestas ha formado parte también del ambiente: de una caja de melocotones a una botella de vino, de los alimentos a una prenda o una pieza de joyería y, de ahí, a conocer una asociación o un nuevo proyecto empresarial.

La Asociación AFEDABA estuvo presente en la feria / Lidia Olivares

También tiempo para escuchar

La actividad no se ha limitado a los mostradores. La programación ha incorporado charlas y presentaciones durante las dos jornadas, abriendo espacio a cuestiones relacionadas con el emprendimiento y el tejido empresarial de la provincia.

Ayer por la tarde, AJE Teruel protagonizó una de estas citas con uno de sus primeros actos desde la presentación de la asociación el pasado mes de mayo. Su presidente, Vicente Ariño, ha explicado que uno de sus objetivos pasa por conectar a profesionales que, a veces, y pese a trabajar a pocos kilómetros, no se conocen: «Muchas veces la gente está en un pueblo y al lado tiene al profesional que necesita y, como no se conocen, se van a buscarlo fuera».

La V Feria de San Miguel ha dejado así durante dos jornadas una imagen hecha de productos, pero también de conversaciones: visitantes que han probado por primera vez, otros que han regresado a buscar aquello que ya conocían y personas que se han detenido a preguntar qué había detrás de cada mostrador.

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