Un templo renace: el misterio pictórico de la Antigua Iglesia del Convento de los Capuchinos de Alcañiz

FOTOGALERÍA. Bajo capas de polvo y silencio, el templo del siglo XVII ocultaba un tesoro pictórico que ahora sale a la luz. La restauración promete despertar viejas historias y dar nueva vida a un espacio que vuelve a latir en el corazón de la ciudad
Publicado por Aarón Ferrando el 2 de noviembre de 2024

En el corazón de la margen izquierda de Alcañiz, un viejo edificio se resiste a desaparecer. Es la Antigua Iglesia del Convento de los Capuchinos, el último vestigio de un cenobio que data del siglo XVII, y que guarda vastos secretos bajo sus muros de piedra. Tras décadas de olvido, el descubrimiento de 17 pinturas en abril de este año abrió una nueva esperanza para este espacio, que podría resurgir como un punto de referencia cultural y artístico para la ciudad.

De la fundación a la decadencia: un viaje en el tiempo

La iglesia se construyó entre 1628 y 1630, un proyecto impulsado por la familia Secanella y ejecutado por artesanos locales bajo las directrices arquitectónicas de la orden de los capuchinos. «Se trata de uno de los primeros ejemplos de arquitectura clasicista en el Bajo Aragón», comenta Jorge Martín, doctor en Historia del Arte que dedicó su tesis a indagar en las profundidades de la arquitectura barroca en Aragón y conoce muy bien la construcción. «El uso de la bóveda tabicada de cañón con lunetos era bastante innovador para la época, mostrando la influencia de tratados arquitectónicos que circulaban en la corte madrileña», añade.

De hecho, en la fachada, aún se puede ver el escudo de la familia Secanella, benefactores que impulsaron la construcción del templo. «El escudo, con dos dragantes y torres en los laterales, es un símbolo de poder y protección», explica Jorge. La familia Secanella, de origen italiano, no solo financió la construcción, sino que dejó su marca en la ciudad de Alcañiz a través de múltiples proyectos, incluido este convento que albergó a los capuchinos desde 1628 hasta la desamortización en el siglo XIX.

Durante más de dos siglos, la iglesia sirvió como lugar de culto, capilla de un asilo y hasta como posada. En el siglo XX, su destino cambió drásticamente: pasó a ser almacén y sufrió el deterioro típico de los edificios abandonados. Esa delicada situación empeoró en agosto de 2023, cuando una tormenta derrumbó parte de la cubierta. «La situación era crítica. El Ayuntamiento destinó 120.000 euros a las obras de emergencia para evitar que el edificio se viniera abajo», añade Jorge. Lo que parecía el final de este monumento resultó ser el inicio de una nueva etapa de descubrimientos.

El hallazgo que lo cambió todo

Durante las labores de limpieza posteriores al derrumbe, Emilio Sánchez, un pintor que había trabajado en la iglesia en los años setenta, recordó que había cubierto varias pinturas en su juventud y decidió alertar al Concejal de Desarrollo y Patrimonio Cultural, Carlos Andreu. «Se lo comuniqué porque me parecía que debían saber que ahí había algo más», explicó en su momento Emilio, quien realizó el trabajo utilizando materiales reversibles para facilitar una posible recuperación. Este gesto dio pie al proyecto de restauración que hoy lidera Miriam Tomás, restauradora local.

«Lo que hemos hecho hasta ahora es más una intervención preliminar que una restauración en sí misma», aclara Miriam. «Hemos realizado catas para descubrir qué hay bajo las capas de pintura blanca y determinar el estado de conservación de las pinturas», añade. Hasta la fecha, desde que oficialmente empezaran los trabajos de limpieza en mayo que se entendieron a lo largo de una semana, se han desvelado tres cuadros: San Pascual Bailón, Santa Cecilia y una Asunción. Las obras muestran un sorprendente buen estado de conservación, algo que la restauradora atribuye a la intervención cuidadosa de Emilio en los años setenta. «Gracias a los materiales que usó para cubrir las pinturas, hemos podido limpiar sin dañar las originales», expresa.

Cuadro recuperado de San Pascual Bailón./ Jorge Martín
Cuadro recuperado de Santa Cecilia./ Jorge Martín

Un legado artístico oculto: doce cuadros y cinco conjuntos pictóricos

Uno de los aspectos más fascinantes de la iglesia es la riqueza de su decoración pictórica. En total, se han descubierto doce cuadros en ventanas ciegas y cinco conjuntos pictóricos en el techo. Según las primeras evaluaciones, la mayoría datan del primer tercio del siglo XVIII y muestran una técnica mixta de temple y óleo. Sin embargo, aún queda mucho por limpiar: diez cuadros y cuatro conjuntos pictóricos esperan ser rescatados de su invisibilidad.

Estado inicial de una de la pintura de Santa Cecilia/. M.T.
Estado intermedio de la limpieza del recubrimiento./ M.T.
Estado final de la pintura tras su limpieza./ M.T.

«El estado de conservación de las pinturas es excepcional, especialmente teniendo en cuenta que el edificio ha sufrido filtraciones y otros daños a lo largo de los años», destaca Miriam. «Los tonos rojizos de las molduras en pan de oro, que parecían estar perdidos, han resurgido con una viveza que no esperábamos», señala sorprendida. Este proceso es lento y delicado, ya que las capas deben ser retiradas meticulosamente para evitar dañar las originales. «No se trata simplemente de quitar pintura. Hay que hacerlo capa a capa, de forma precisa, para no afectar la integridad de las obras; la metodología de los restauradores es mucho más delicada que la de un pintor», señala la restauradora.

Además, un misterio aún mayor se presenta en una de las decoraciones que parece ser de tela, según indicó el propio Jorge Martín en una charla ofrecida junto a Miriam Tomás y Carlos Andreu, el pasado viernes en el Liceo de Alcañiz, en la que además se rindió homenaje a Emilio Sánchez. «Descubrirla y restaurarla será especialmente complicado», explica Miriam. Según continúa relatando, esta pieza podría requerir una intervención diferente, posiblemente trasladarla a un taller para su restauración.

Miriam Tomás (izquierda), Carlos Javier Andreu (segundo por la izq.), Jorge Martín (segundo por la dcha.) y Emilio Sánchez (durante) durante la charla impartida el pasado viernes en el Liceo de Alcañiz./ Jorge Martín

El futuro de la iglesia: más que un almacén

El descubrimiento de las pinturas ha abierto un debate sobre el futuro del edificio. Para Jorge Martín, la iglesia tiene el potencial de transformarse en un centro cultural vital para la comunidad. «La iglesia de los Capuchinos siempre ha sido un lugar con gran potencial cultural. Ahora, con la posibilidad de recuperar su esplendor original, sería el momento ideal para dotarla de un uso que beneficie a la ciudad», afirma. Lo que está claro es que ya no volverá a ser un espacio religioso, ya que fue desacralizada tras su cierre.

El Ayuntamiento también ha expresado su intención de explorar posibles para esta construcción, algo que podría revitalizar una zona con pocos espacios públicos. Sin embargo, hay un reto por delante: la iglesia aún alberga objetos del rastrillo de Manos Unidas, gestionado por la Asociación Amas de Casa Ercavica, que deberán ser reubicados para permitir el acceso completo al edificio. «Hasta que no se vacíe, no podremos avanzar», apunta Miriam, subrayando la importancia de la colaboración entre el Ayuntamiento y las asociaciones locales. «Es un proceso lento, pero necesario para asegurar que las condiciones de conservación sean las adecuadas», finaliza.

Estado actual del interior del templo repleto de enseres./ Jorge Martín

Un legado por descubrir

La historia de la Antigua Iglesia del Convento de los Capuchinos es un ejemplo perfecto de cómo el arte y la historia pueden sobrevivir a través de los siglos, esperando ser redescubiertos y apreciados. Aunque los trabajos están en una fase preliminar, las expectativas son altas. Tanto Jorge Martín como Miriam Tomás coinciden en que el éxito de esta iniciativa dependerá de encontrar el equilibrio adecuado entre la conservación del arte y la adaptación del espacio a nuevos usos.

«En el fondo, no se trata solo de restaurar pinturas, sino de rescatar una parte de nuestra historia», señala Jorge con esperanza. Si los planes se cumplen, la Antigua Iglesia del Convento los Capuchinos se podría transformar en un nuevo punto de referencia cultural en Alcañiz, un lugar donde el pasado se encuentra con el presente para inspirar el futuro. «No hay patrimonio sin investigación», sentencia el doctor en Historia del Arte.

La recuperación de la iglesia de los Capuchinos promete no solo devolver el esplendor a sus paredes, sino también revitalizar la vida cultural de la ciudad. «No soy capaz de decir en qué espacio me gustaría que se convirtiese el templo, lo que tengo claro es que, sea cual sea, las condiciones ambientales deberían mantenerse lo más estables posibles», concluye.