Se cumple un año de la extrema sequía que dejó niveles mínimos históricos en embalses y obligó a tomar medidas estrictas, como el corte del suministro en varios pueblos, el cierre de piscinas en pleno agosto o el reparto de agua en cubas por parte de bomberos de la Diputación de Teruel. El territorio se encuentra ahora en una situación muy diferente en la que se ha duplicado el nivel de recursos hídricos.
El pantano de Calanda, por ejemplo, llegó a situarse en verano de 2024 al 20% con 11,4 hm3, e incluso se tuvo que bombear agua hacia él; mientras que ahora se ha ido desembalsando debido a las últimas lluvias, y suma un 50,93% de su capacidad con 27,5hm3, lo que supone estar en «términos de normalidad o de un año medio». Otros como el de Caspe también se encuentran en buena situación, alcanzando el 65,69%, o Cueva Foradada, con un 77,44%; el embalse de Pena, con 79,59%, y Santolea, con 83% y en donde continúan con las pruebas de carga con el objetivo de que pueda estar funcionando a pleno rendimiento en 2026.
La campaña de riegos de este año está asegurada. De hecho, todo apunta a que habrá agua suficiente incluso para la del año que viene. «Ahora mismo estamos en 170 hectómetros, mientras que en estas mismas fechas el verano pasado tan solo rondábamos los 30. Es un año de abundancia», explica José Fernando Murria, presidente del Sindicato Central de la Cuenca del Guadalope.
Reservas aseguradas en Maestrazgo
El Maestrazgo fue otra de las zonas más afectadas por la sequía, con 300 explotaciones ganaderas en riesgo. El agua no llegaba a las granjas y los trabajadores del campo debían llevar cubas para abastecer a los animales, algo que dificultó mucho su labor. Las piscinas no se abrieron y varios alcaldes también establecieron cortes de suministro, tal y como recuerda Fernando Safont, alcalde de La Iglesuela del Cid y presidente comarcal. «Lo más duro para mí fue tener que cortar el agua para la población un 30 de julio, día de nuestro patrón. No teníamos ni para beber ni para ducharnos. Nunca nos imaginábamos que, estando a 1.227 metros de altitud, íbamos a pasar por lo que pasamos el año pasado. Como presidente comarcal, después de vivir el COVID, esto fue lo peor. La solidaridad de pueblos como Fortanete o la Cuba-que nos suministraron agua-fue fundamental», recuerda. Ahora, en cambio, tienen las reservas aseguradas y las balsas llenas. «Nuestro manantial no ha parado de fluir. Cada día vienen alrededor de 200 metros cúbicos y los depósitos están llenos», añade Safont.
Además, en esta zona, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) volvió a autorizar en el mes de julio la navegación en el agua de Santolea, las cuales se paralizaron durante las obras de recrecimiento y cuya prohibición se alargó debido a la falta de lluvias del año pasado. «Todavía siguen con pruebas de carga, pero se nos permite realizar actividades en una parte, como Kayak o Paddle Surf. En un futuro también está proyectado construir un embarcadero. Cuando esté al 100% este podría ser un punto muy fuerte para el turismo activo», afirma Sergio Bolós, fundador de la empresa de actividades acuáticas Rasmia Vertikal.
De hecho, el impacto de la puesta en marcha de esta infraestructura se espera como «muy positivo» desde otros puntos cercanos como el Bajo Aragón. «Siguen con pruebas, pero todo apunta a que en 2026 estará funcionando a pleno rendimiento. Tendrá una atracción de turismo importante en lo que respecta a estas actividades acuáticas», añade Murria.
Balsas llenas en el Matarraña
El verano pasado, en otras zonas como el Matarraña, los regantes también tuvieron que establecer restricciones ante el incremento de población durante el mes de agosto, y por ende, el consumo de agua que en ese entonces escaseaba. El río Algars, por ejemplo, llegó a situarse durante meses bajo mínimos, obligando a pueblos como Arens de Lledó a cortar el agua de boca entre las 23.30 hasta el día siguiente a las 7.00, una situación «excepcional» que también siguen recordando y que varía notablemente con la actual. «Tenemos reservas suficientes para pasar la campaña sin ningún problema y tener existencias para afrontar en condiciones normales la siguiente. Tenemos el embalse de Pena con un poco más de 14 hectómetros (superando el 80% de su capacidad total), 400 decámetros en Trapa y unos 300 en Vallcomuna, José María Puyol», afirma Miguel Zurita, presidente de los regantes del Matarraña.
En esta zona, no obstante, la sequía sí que dejó estragos a larga duración en parte de los árboles que no recibieron el agua habitual. «Muchos árboles de secano se murieron y no se puede hacer más que arrancar. En el regadío, por suerte, no hemos tenido la misma situación. Llegamos mal al final de la campaña, pero las plantaciones se han recuperado y están perfectamente», añade Zurita.
En otras zonas como el Bajo Aragón, el buen año hidráulico que estamos viviendo sí se está haciendo notar en frutos como el melocotón. Los árboles que el año pasado se vieron afectados por la falta de lluvias y el extremo calor han podido recuperarse enseguida gracias al agua que empezó a llegar en primavera. «En mi vida he conseguido un melocotón temprano tan bueno como el de este julio, y regando lo justo», explica José Manuel Borruel, presidente de los Regantes del Guadalopillo de Calanda. Por lo general, aun así, son todas las comarcas las que esperan buenas cosechas.
Más consciencia de los regantes
No obstante, la extrema sequía también ha dejado al sector «muchos aprendizajes». Los regantes afirman que trabajan con «mucha más consciencia». «Tenemos que aprender mucho de lo que ocurrió el año pasado. Hay que regar lo que hay que regar. Si el árbol necesita tres horas y media, no hacen falta seis. En un futuro, cuando tengamos más campos a goteo, eso será un ahorro fundamental», añade Borruel.
En el Maestrazgo, comarca que este año se sitúa a la cabeza en lo turístico, también apelan a la responsabilidad, aunque las cosas hayan mejorado. «Cada año vienen más personas a nuestros pueblos, y el consumo de agua es mayor», defiende Safont.
Desde la CHE valoran que, aunque en la sequía de 2023 el Bajo Aragón se mantuvo «relativamente en buena situación» en la de 2024 el Matarraña, el Bajo Ebro, el Aguasvivas, el Martín y el Guadalope entraron en distintos estadios de sequía y de escasez. «En abril se tomó la decisión de extraer medio hectómetro cúbico del pozo cercano al embalse de Calanda, que se ejecutó en agosto. Ese mes llovió y el Guadalope pasó de la situación de emergencia a la de alerta, que es menos grave. En otoño esas unidades territoriales se recuperan, ya no están en términos de sequía y van saliendo de la escasez», relatan desde la CHE, donde apuntan que en 2025 la situación ya es de «normalidad».
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A ver si para diciembre no han vaciado los pantanos.