El temor ante unos incendios forestales cada vez más agresivos también se está dejando ver entre las administraciones. Al menos 10 inmuebles aislados proyectados en el Matarraña-una de las zonas de mayor masa forestal-tendrán que enfrentarse a evaluaciones ambientales más restrictivas tras los últimos grandes fuegos.
Fuentes del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) especifican que esto no implica que los proyectos no vayan a salir adelante, sino que, en lugar de tener que pasar por una evaluación simplificada, se están enviando a una ordinaria por los problemas de aislamiento que podrían generarse en caso de incendios.
El motivo es que se debe ampliar el estudio ambiental y valorar y adoptar medidas para el riesgo de incendios, añaden las mismas fuentes.
Como ejemplo, uno de los casos que recientemente se ha topado con más requisitos por parte de la administración es un proyecto que planteaba la construcción de un monasterio por parte de la comunidad budista Sarana Vihāra. En su caso concreto, el INAGA ha desestimado el informe de impacto ambiental simplificado para el proyecto por el elevado riesgo de incendios en la zona y los efectos acumulativos que tendría la iniciativa sobre el ecosistema natural del Matarraña por el efecto acumulativo de inmuebles aislados.
Precisamente la Comarca del Matarraña es una de las zonas que se vio afectada por uno de los grandes incendios de este verano. De hecho, el fuego originado en Peñarroya de Tastavins quemó 350 hectáreas y afectó a varios inmuebles, entre ellos el centro Budista de Monroyo varias masías aisladas, además del Hotel Torre del Marqués.
Las edificaciones tuvieron que ser desalojadas y a día de hoy, en el terreno, todavía es evidente el paso de las llamas. En el caso del centro de Monroyo, el fuego se quedó a pocos kilómetros de su entrada.
Los efectos en el medio natural, que todavía tardarán décadas en recuperarse, se resumen en laderas completamente ennegrecidas, pinos reducidos a troncos carbonizados y un paisaje que cambió en apenas un instante. El incendio se produjo el pasado mes de julio, originándose a apenas 500 metros del casco urbano de Peñarroya de Tastavins. Los primeros en acudir fueron los propios vecinos.