El calor apretó desde primera hora de la mañana de este sabado en Alloza, pero ni las altas temperaturas pudieron frenar una de las citas más queridas y multitudinarias del calendario local. La Judiada de Pentecostés volvió a reunir este sábado a cientos de vecinos, familiares, peñistas y visitantes en el emblemático entorno del Calvario allocino, convertido durante toda la jornada en un gran punto de encuentro intergeneracional donde no faltaron las conversaciones a la sombra de los cipreses, las mesas repletas de cuadrillas y los niños refrescándose con cubos, pistolas de agua y carreras improvisadas entre chorros y risas.
La tradicional comida popular volvió a girar en torno a las alubias, auténticas protagonistas de una fiesta que mezcla devoción, memoria y convivencia. En esta edición se cocinaron 160 kilos de judías —80 blancas y 80 de pintas con arroz— acompañadas de panceta, oreja y chorizo, unas cantidades que, como cada año, terminaron prácticamente agotadas.
"Esto es un día de hermandad y de buena armonía entre todos los vecinos", explicó la alcaldesa de Alloza, Marta Sancho Blasco, quien destacó el carácter integrador de una celebración que cada año atrae también a numerosos visitantes de municipios cercanos y a vecinos que viven fuera durante gran parte del año. "Con el reparto gratuito de judías viene muchísima gente, no solo de aquí, sino también de Andorra y de muchos pueblos de alrededor. Cuando un pueblo está unido, las cosas siempre salen mucho mejor", señaló.
Desde primeras horas, el entorno del Calvario comenzó a llenarse de familias enteras cargadas con neveras, sillas y mesas plegables. Muchos aprovecharon las zonas de sombra mientras los más pequeños convertían la explanada en un improvisado parque acuático. Las pistolas de agua y los cubos sirvieron para combatir una jornada especialmente calurosa en la que el sol obligó a buscar refugio bajo los árboles centenarios del recinto.
Vecinos de Alloza y de otras localidades preparandose para la judiada / A.F.
La fiesta volvió a convertirse también en el gran reencuentro anual de quienes un día tuvieron que marcharse del pueblo. Barcelona y Zaragoza fueron, una vez más, dos de los puntos de origen más repetidos entre los asistentes. Ana Isadora Muniz, afincada en Barcelona desde hace casi tres décadas, no quiso perderse la cita. "Venimos muchas veces durante el año, pero este día es especial porque te vuelves a encontrar con toda la gente. Es disfrutar, estar juntos y sentirte otra vez aquí", relató.
Ese mismo sentimiento compartido fue uno de los aspectos más repetidos entre los vecinos. José Loscos, nacido en Alloza y residente durante años fuera del municipio, definió la Judiada como "un encuentro con todos los allocinos y con todos los que andábamos por esos mundos". "Es un día que nos gusta mucho porque acabamos todos muy a gusto, con los amigos, con las judías y hasta bailando", resumió entre saludos y conversaciones con conocidos.
Mientras tanto, junto a las ollas humeantes, Manuel Ariño volvió a ponerse al frente de la cocina por cuarto año consecutivo. "El tiempo de cocción es el mismo para veinte que para dos mil", comentaba entre risas mientras supervisaba las grandes cazuelas puestas al fuego desde media mañana. Su receta, sencilla y fiel a la tradición, volvió a congregar largas colas a la hora del reparto.
Vecinos de Alloza y de otras localidades recogiendo las judias / A.F.
Gran parte del mérito de que la jornada vuelva a celebrarse año tras año recae también en el trabajo voluntario de vecinos y asociaciones. Isabel Alquizar Galve, miembro de la Junta de Amigos del Calvario y sacristana del municipio, reivindicó el esfuerzo colectivo que hay detrás del mantenimiento del recinto. "El Calvario es nuestra joya y lo cuidamos entre todos. Aquí todo es voluntario: limpiar, plantar, regar o preparar el entorno para días como hoy", explicó.
Precisamente, una de las novedades de este año fue que la recaudación del bingo popular se destinó íntegramente a la conservación del Calvario y de su entorno monumental. "Siempre hay cosas que hacer y arregla"», apuntó Alquizar.
La música, el baile y el ambiente festivo continuaron durante toda la tarde y se prolongaron hasta la noche con distintas actividades organizadas por el Ayuntamiento y los colaboradores de la jornada. Pero más allá de las actuaciones y del programa festivo, la Judiada volvió a demostrar que sigue siendo mucho más que una comida popular: un símbolo de unión para varias generaciones de allocinos que, año tras año, encuentran en Pentecostés la excusa perfecta para regresar a casa.
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