De forma ordenada y escalonada, varios vecinos han podido regresar a sus casas a recoger más pertenencias este lunes, al mismo tiempo que peritos y técnicos del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón seguían con la inspección del inmueble. Su informe complementará al realizado por los técnicos municipales en una primera instancia, y será determinante para el futuro de los 57 vecinos que el viernes desalojaron sus casas de forma voluntaria tras ser alertados el día anterior del riesgo que corrían tras la detección de grietas.
"Las grietas se han hecho bastante grandes, el edificio se va moviendo, hay mucha humedad además de poco mantenimiento durante el transcurso de los años. Las últimas lluvias han agravado la situación. Se está moviendo, pero tenemos que esperar al informe del Colegio de Arquitectos que encargamos desde el Ayuntamiento", dice la alcaldesa, Ana Jarque. La recogida de más enseres ha estado vigilada y se ha hecho de forma ordenada por Guardia Civil y Policía Local. No obstante, y mientras llega una solución y el veredicto del informe, algunos ya están buscando una vivienda por sus propios medios. También algunos han optado por pasar estos días en casas de conocidos o familiares. El Ayuntamiento reubicó a 36 personas en el convento de Santo Domingo, cuya zona rehabilitada está destinada al albergue municipal, y 16 personas están en la residencia de verano de las hermanas Santa Ana. "Todo el fin de semana se ha estado pendiente y yendo a supervisar; aunque es cierto que ambos espacios son residencias más pensadas para verano y que nunca serán como un hogar propio, se van haciendo más confortables y las familias tienen sus habitaciones con baño, agua caliente y los pequeños tienen espacio para correr y jugar unos con otros", afirma Jarque.
Los vecinos salieron del edificio de forma voluntaria el viernes y han pasado el primer fin de semana acogidos entre el convento de Santo Domingo y el refugio de las hermanas de Santa Ana. Han estado acompañados por el servicio social de base municipal y también por los comarcales, a través de los servicios sociales. "Se ha hecho una labor de apoyo por el bienestar de las familias. Se ha procurado, por ejemplo, garantizarles transporte porque algunos están en zonas más alejadas del pueblo y los niños han comido en sus colegios, para evitar tanto ir y venir", dice Mireia Bondía, consejera de Servicios Sociales de la Comarca del Bajo Aragón Caspe. "De muchas familias ya sabíamos su situación de vulnerabilidad y se ha actuado en consecuencia. Para los pequeños todo esto es novedoso y lo viven como tal, son los adultos los que sí están muy preocupados y es normal, es algo que nos pasaría a cualquiera si te dicen que tienes que dejar tu casa porque tu seguridad corre peligro", añade.
Este lunes, además de ir a por más pertenencias, ha supuesto el regreso a parte de la normalidad porque los 23 menores han vuelto a sus clases y los mayores, a sus trabajos. En este sentido, la alcaldesa recalca que las personas a las que ha realojado el Ayuntamiento son personas que están empadronadas en el edificio. "No se ha alojado a nadie que no esté con su vida arraigada en Caspe, son personas empadronadas, niños escolarizados, y gente con un trabajo o con una ayuda si en este momento no lo tienen o están en el paro, pero todos están empadronados y censados en Caspe", puntualiza.
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