Las primeras noches que los vecinos desalojados del edificio en riesgo de colapso en Caspe han pasado fuera de sus casas ha coincidido con una alerta naranja por fuertes vientos. Eso no ha ayudado a sobrellevar el trago de tener que abandonar un lugar sin saber cuándo regresarán y ni si eso será posible. La mañana del viernes desalojaron el bloque las 57 personas que lo habitan. Lo hicieron de forma voluntaria después de que la noche del jueves no accedieran a salir, tal y como les habían alertado tras la detección de grietas que comprometían la estabilidad del inmueble.
El viernes salieron con lo puesto y con algunos enseres más. Los que pudieron ir sacando accediendo al bloque de dos en dos tal y como ordenaron las fuerzas del orden que vigilaban toda la operación. Algunos sacaron hornillos, varias bolsas de ropa y quien pudo, alguna maleta; y también sacaron mantas y algún colchón. "Menos mal que nos llevamos mantas porque tenemos mucho frío. Ahora ya se han calentado las habitaciones y se está mejor, pero la noche ha sido dura", decía uno de los desalojados este sábado. No quiere mostrarse en cámara ni revelar su identidad. Entre otras cosas, porque no quiere que pueda llegarle a su familia en Marruecos algo sobre la situación en la que se encuentra, ni que tampoco otros paisanos amigos que también viven en España sepan de lo sucedido. Es de los pocos que habla español y de los pocos que el sábado a mediodía está paseando por los exteriores de su ubicación provisional, mientras el resto permanece en el interior.
Es uno de los desalojados junto a su mujer y sus dos hijos menores de 12 años y que "son españoles". Insiste en este dato, en que sus hijos tienen la nacionalidad española y que "no han parado de llorar en toda la noche". Dice que salieron con lo urgente, pero que necesitan más ropa porque el lunes los niños tienen colegio. "No me deja la policía volver a recoger más cosas, pero mis hijos tienen que volver bien a clase...", lamenta. Al padre le preocupa que la situación se alargue más de lo deseable y por eso, este sábado por la mañana, ya había preguntado a otros conocidos por viviendas disponibles. También se había acercado a Caspe a comprar comida, aunque desde los servicios sociales comarcales están pendientes sobre lo que pueden precisar. "La Guardia Civil ha venido a ver cómo estábamos y también gente de la comarca, pero según pasan las horas vas echando más cosas de menos que no tienes porque no es tu casa", señala.
Parte de los desalojados se encuentra en el refugio espiritual de Santa Ana cedido para acoger a personas, después de que el Ayuntamiento de Caspe firmase un convenio con las hermanas; y otra parte se encuentra en el convento de Santo Domingo, un enorme edificio en rehabilitación. La zona que está operativa es el albergue municipal y es donde han ido a parar una quincena de familias y más grupos de personas también vecinos del edificio pero sin lazos familiares. "Te metes en la cama y cierras los ojos, pero apenas duermes pensando en lo que ha pasado y en qué será de nosotros", concluye el hombre.
En cuanto el informe técnico que ha encargado el Ayuntamiento al Colegio Oficial de Arquitectos arroje un veredicto sobre el estado del edificio se determinará si estas familias pueden regresar a casa o tienen que hacerlo a otras viviendas. "Desde el jueves hemos estado pendientes de las personas y de los alojamientos proporcionando espacios y alimentos", apuntan desde el Consistorio.









