El reto de los 5 gigantes pétreos del Bajo Aragón

Todo buen senderista, y también aventurero, busca siempre nuevos retos y experiencias para tratar de ir más allá… El Bajo Aragón desafía a alcanzar la cima de sus 5 gigantes pétreos: el Morrón del Tolocha de Foz de Calanda (790 m.), El Santet en La Cerollera (803 m.), La Tarayola en La Ginebrosa (826 m.), El Castellar de Jaganta (840 m.) y El Morrón de Viñas de Berge (1.038 m.).  El proyecto ideado por Óscar Librado – más conocido en redes como ‘Explorador de proximidad’- está basado en potenciar los recursos geológicos del territorio de una manera diferente y buscar una experiencia única para el turista.

Estas cinco montañas han sido elegidas por ser las más altas y destacadas de la comarca, pero también por ser las más inaccesibles, ya que no se puede llegar en un todoterreno. También se buscó la variedad, que fueran bonitas y de ascensiones que puedan realizarse en una jornada. Gracias al Parque Cultural del Maestrazgo y la Asociación Turismo Bajo Aragón la ruta a cada una de sus cumbres se encuentra señalizada y además se ha instalado una mesa interpretativa para conocer las singularidades montañeras de este territorio, un aspecto muy desconocido de la comarca.

El Morrón del Tolocha de Foz-Calanda (790 m.)

La subida al Morrón de Tolocha se inicia desde el pantano de Calanda, arrancando en la ermita de Nuestra Señora de las Nieves. Con 790 metros no es el pico más alto de la lista, pero es un monte mítico que se ve desde cualquier mirador del Bajo Aragón. En este gigante pétreo se encuentra un vértice geodésico con el cual se elaboran los mapas topográficos. Pero no acaban aquí las curiosidades de este pico y es que, se dice, que en este lugar descansa eternamente el gran cineasta calandino Luis Buñuel.

La ruta de 7,6 kilómetros y un desnivel de 300 metros transcurre por pistas o rutas de aproximación en la mitad inferior, y por sendas en la parte de ladera y crestas del cerro. En los tramos inferiores avanza entre campos de cultivo de cereal y olivos para subir posteriormente por densos pinares de carrasco de umbría hasta llegar a la cresta del cerro donde la vegetación solo es arbustiva. El tiempo aproximado para completar el ascenso a pie es de 2 horas y 48 minutos.

El cerro Tolocha constituye un cordal destacado en el entorno del embalse de Calanda y dentro de la propia comarca ya que hacia el sur de su ubicación no se encuentra ninguna elevación en la comarca que supere a su pico más elevado, el Morrón. Esta cima se encuentra al este del cerro, encima del embalse de Calanda. Por ello desde arriba se observa una gran panorámica de este embalse, del valle del río Guadalope y de otros muchos municipios de la comarca como Foz Calanda, Calanda, Alcañiz, Castelserás, Torrecilla de Alcañiz, La Codoñera, Mas de las Matas y Aguaviva. Más lejanos, recortados en la lejaní­a, también se vislumbran los Puertos de Beceite, el Maestrazgo y la Sierra Palomita.

Gigantes pétreos Morrón del Tolocha

El Santet en La Cerollera (803 m.)

Para conquistar la Punta del Santet en La Cerollera, basta con seguir el camino que siguen los vecinos cuando suben en romería a finales del mes de abril. La ruta tiene una longitud de 13,8 kilómetros y puede completarse a pie en aproximadamente 3 horas y 30 minutos.

La tradición nació de la fe que la población cerollerana profesaba a los santos Abdón y Senén, deseando estar bajo su protección. En la década de 1760-1770, cuando fuertes tormentas de pedrisco asolaron durante siete años seguidos las cosechas de todo el término, edificaron un peirón en nombre de los santos en el punto más alto del Santet, situado a 803 metros. 

Cada 29 de abril la mayoría de los masoveros y vecinos del pueblo se concentraban en la explanada de La Collada para después subir en procesión hasta el peirón (situado en la propiedad del Mas de Pau, centro geográfico de todas las masías que se pueden contemplar alrededor), teniendo allí lugar la eucaristía que finalizaba con la bendición del término. Después se ofrecía la “rolla o coqueta” a todos los presentes para posteriormente celebrar una comida de hermandad en La Collada. Para terminar el día, calmantada y juegos tradicionales, antes de regresar al pueblo.

No se sabe con seguridad la fecha en que se inició esta tradición, pero los más ancianos recuerdan oír hablar de ella a sus padres y abuelos. Gracias a ellos la Asociación SERVA recuperó esta romería en 1999, ya que en el año 1924 dejó de celebrarse por motivos de luto en la masía donde se ubicaba el lugar de reunión. Se sabe que en años posteriores se siguió visitando el peirón de los santos, pero de forma personal y aislada, hasta que en la guerra se destrozó la capilla con el peirón. Al trasladarse los habitantes de las masías la tradición quedó finalmente en desuso y el lugar abandonado. Ahora esta procesión se celebra un sábado o domingo cercano al 29 de abril y es un ejemplo de recuperación de costumbres y actividades tradicionales relacionadas con el patrimonio cultural.

La Tarayola en La Ginebrosa (826 m.)

El ascenso a la Tarayola arranca en La Ginebrosa. Para alcanzar su cumbre, a 826 metros, se propone una ruta circular que transcurre por pistas de tierra en su práctica totalidad a excepción de pequeños tramos de senda. En la ida se sigue hasta la cima la PR TE 58. 

La ruta de 13,9 kilómetros y 350 metros de desnivel transcurre por los fondos de valle cubiertos de cultivos de cereal y almendros principalmente; y asciende por la sierra a través de un pinar intercalado con encinas, convirtiéndose en matorral mediterráneo más bajo y abierto conforme se gana altura o en áreas de solana. En las masas de sotobosque y de matorral se encuentran especies aromáticas como el romero y el tomillo, junto con coscoja, romerilla y enebros, entre otros. La duración aproximada de la ruta a pie es de 3 horas y 22 minutos.

La Tarayola es el punto más alto de una alineación montañosa situada al sur de la Sierra de la Ginebrosa. Desde la cima, y desde varios puntos a lo largo del recorrido, se obtienen amplias panorámicas del entorno, formadas por las sierras circundantes en alternancia con las planicies cubiertas de mosaicos de cultivos de frutales y de cereal. Diseminados por el territorio se ven muchos de los pueblos de alrededor, incluso Alcañiz, con sus sobresalientes campanarios coronando cada uno de los mismos. Destaca al pie de la cima la cola del embalse de Calanda; que se alimenta del agua de los ríos Bergantes y Guadalope. En la cola de este embalse descubrirás Los Fontanales, manantiales que emanan de las paredes de roca así como del suelo, agua que podría proceder de un río subterráneo situado en el término de La Ginebrosa.

Y, a los pies del montañero, se encuentran los restos de la ermita de La Magdalena y los del desaparecido castillo de Buñol, testigo del paso del tiempo, de grandes historias y de alguna que otra batalla.

El Castellar de Jaganta (840 m.)

La ascensión a El Castellar comienza en la localidad de Jaganta. A pesar de no ser la cima más alta –tiene 840 metros- sí es la más complicada, ya que en el tramo final desaparece la senda y comienza un tramo de montaña pura.

La cumbre ha sido bautizada como ‘El Castellar’ en referencia a una antigua atalaya que parece que estuvo ubicada en este lugar. Tierra de historias, de asentamientos íberos (todavía hoy en día se pueden contemplar numerosas cerámicas ibéricas alrededor) y de territorios templarios. Es, también, un vértice geodésico con el cual se elaboran los mapas topográficos.

Desde la cumbre se vislumbra Jaganta, al igual que Las Parras y Castellote, así como el recorrido del río Guadalope y el embalse de Santolea.

El Morrón de Viñas de Berge (1.038 m.)

Al sur del Desierto de Calanda se eleva la Sierra de los Caballos. Más que de un macizo uniforme, se trata de una serie de modestos cordales orientados en dirección suroeste-noreste, cuya altitud oscila alrededor de los 900 metros, correspondiendo su punto más elevado al Morrón de las Viñas. Esta cumbre de 1038 metros es el gigante pétreo más alto y también, el último de la lista.

La ascensión puede iniciarse a 6 kilómetros de Berge, dirección ermita Virgen de Peña y superada la Torre Piquer. A partir de ese momento se toma una senda que en poco más de 25 minutos a pie desemboca en la cima del Morrón. Para aquellos que quieran alargar la ruta, pueden empezar a caminar desde Berge por el camino de Seno (PR TE-53), cruzando el Guadalopillo en los primeros compases. Atravesarán campos de cereales por una pista de tierra y enseguida observarán la Torre Piquer, dominando el barranco de Valdecastillo. A los veinte minutos, al poco de desviarse a la izquierda para tomar el camino de Molinos, sin señalización alguna, comenzará el ascenso.

Desde lo alto del Morrón la vista vuela al río Viñas, a cuyo paso ha dibujado cañones y estrechos, pozas y meandros, y el Barranco de Valdecastillo, donde se encuentra la Torre Piquer, una impresionante edificación medieval de carácter defensivo.