Hace unos días, el periódico La Comarca tuvo la deferencia de publicarme un trabajo titulado La Cuneta.
Era un escrito largo, al final, en un simple comentario, aludía a que unas conversaciones mantenidas en Francia con un miembro del antiguo comité anarquista de mi pueblo, se habían desarrollado en nuestra lengua materna, el aragonés.
Nosotros, con todo el derecho que nos da el haber sido nuestra manera de hablar desde hace siglos, familiarmente la llamamos chapurriau, es una modalidad del mismo aragonés que se habla en numerosos pueblos de la zona oriental de las tres provincias de Aragón.
Tiene muchas denominaciones, según el lugar: tamaritá, maellá, torradá, etc. Si la palabra en cuestión hubiera sido en cualquiera de ellas, la reacción del comentarista hubiera sido la misma, es una afición suya hacia nuestras hablas y, por ende, hacia los hablantes.
Cuando, en el siglo pasado, empecé a estudiar Derecho, un profesor, entrado en años, nos dio la primera gran lección: «Queridos alumnos, vais a estudiar una carrera que es como una moneda, tiene dos caras. Un asesinato. Vuestra misión será diferente según a quién defendáis. Si lo hacéis, de parte del asesino, alegaréis todo lo que le beneficie, la cara de la moneda. Si os contrata la familia del muerto, como acusación particular, utilizaréis todos los argumentos que perjudiquen al autor, la cruz de la moneda. Es el mismo caso, es la misma moneda, depende la cara que miréis.»
En este asunto de la independencia del aragonés, ocurre lo mismo. Como viene de muy lejos y, en alguna época, ha estado cohabitando con el catalán, en igualdad de condiciones, diría yo, hay argumentos que se pueden utilizar según la cara que mires y defiendas.
He estudiado la historia de varias poblaciones aragonesas, su manera antigua de comunicarse. Tengo sus vocabularios viejos, algunos diccionarios incluso. En ellos he observado que, hace unos años, usaban multitud de palabras tal cual las seguimos hablando nosotros ahora. Otras aparecen todavía hoy, ligeramente erosionadas por el tiempo y la influencia de otras lenguas, pero no cabe duda cuál es su origen.
Puedo citar: Alcañiz, Andorra, Fuentes de Ebro, Lécera, Novallas y Urrea de Gaén.
Mención especial merece Novallas: población libre de cualquier duda, pues está lindando con Navarra, entre cerca de cien palabras, aparecen: chambra, cambión, macho (al mulo). En esta localidad utilizan hasta la palabra chapurriau, en el sentido primigenio que le dio Mistral en su diccionario de 1878-1886.
Un comentarista, sin respeto alguno a los lectores castellanos, redactó su escrito en catalán. Firma con un rimbombante seudónimo ¿Prevención, respeto, dudas, miedo?
Pero hizo lo mismo que el que motivó mi anterior escrito, no se fijó en el fondo de mi colaboración, le hirió una sola palabra: chapurriau.
Qué fuerza tiene esta palabra. Para nosotros en sentido positivo y para él, en negativo.
La convivencia es un modelo de vida, el poder mirar a los ojos al que viene de frente.
Hay personas que tienen una obsesión, la política, la manera de comunicarse de los otros. Los árboles no les dejan ver el bosque, con lo bonita que es la luz atravesando sus ramas, el viento moviendo las hojas, sus flores y sus frutos.
Tan difícil es respetar al que mira la cara de la moneda, porque a ti te gusta la cruz. ¿No podríamos vivir, cada uno con la opinión de su cara?
Es una lástima que la lengua que siempre ha sido camino para la comunicación y el entendimiento, ahora se quiera utilizar como excusa de confrontación, por unas ansias de poder y dominio, de intentar adquirir por imposición lo que no se tiene por historia.
No se puede quejar, porque el catalán nos lo han metido a todos con calzador, con sus traductores en las Cortes, a cambio de unos votos que se valoran más que los del resto de los españoles. Obligando a que se den clases en Europa y tratando de imponerlo también en Bruselas, ya digo con calzador. En vez de unir, dividir.
No tengo ningún título universitario sobre el tema, sólo la afición, la ilusión, el amor por mi lengua y el interés de que no se pierda.
Han aducido en nuestra contra diferentes argumentos modernos. Yo he recurrido a la historia y, al respecto, si La Comarca me lo permite, en un próximo trabajo intentaré contar algo de lo que he encontrado.
Gracias a la gente que descubrió el fondo de mi comunicación, eso me resarce de cualquier crítica.
Luis Arrufat. Valjunquera


Luis, leí tu artículo y ahora lo has engrandecido. Yo también estudié derecho y quizás esa formación nos enseñó que hay tantas narrativas como personas, pero que lo importante son la relaciones, buenas si puede ser, y lo las palabras. Un abrazo
Mientras haya gente dispuesta a seguir hablando chapurriau, como lo hablaron sus padres y sus abuelos, el imperialismo catalán lo va a tener bastante difícil.