Qué alegría sentí el pasado jueves, en un abarrotado teatro de Alcañiz, cuando apareció ante mis llorosos ojos por la emoción de verlo de cerca, el señor Santiago Abascal, con la banderita de España en la solapa, como debe ser, como todo español de bien debería llevar, varias licenciaturas, varios másteres y toda una vida trabajando y cotizando, para crear una sociedad mejor para todos.
También echo de menos, como él, aquellos tiempos pasados en blanco y negro, aquella España donde nadie pasaba hambre y todo el mundo tenía una casa donde vivir y un trabajo digno, aquellos tiempos donde podías declarar tu homosexualidad abiertamente y no pasaba nada, o podías pasear por la calle tranquilamente con el pelo largo y barba y nadie te daba una paliza, incluso las mujeres podían ir a un banco a realizar una gestión, sin la autorización de su marido, o podían elegir trabajar fuera de casa y el marido quedarse en el hogar cuidando de los hijos y haciendo las tareas de casa.
Aquel derecho a hablar abiertamente en euskera, catalán o gallego, era, también, un lujo que hoy también hemos perdido. A los sindicatos y partidos de izquierdas, que les dejaban trabajar en pos de una sociedad mejor y más justa, sin ser perseguidos por su ideología. Libremente, los medios de comunicación ejercían su derecho a la información sin ningún tipo de censura, contra poder, le llaman.
Las relaciones con países de nuestro entorno eran fluidas y provechosas económicamente. Aquel NO-DO, donde una perfecta voz varonil en off nos relataba el progreso de aquella sociedad hacia un bienestar que no tenía parangón con ningún país.
Qué tiempos aquellos… líbranos del mal, Abascal, líbranos de las hordas rojas que solo nos traen kaos y destrucción.
Abascal love you.
ÁNGEL LUIS JIMÉNEZ FAMILIAR. Correo del Lector


Ha intentado ser irónico y se ha quedado en grotesco. Que cansinos son.
Me gusta la ironía, la somardez y la retranca de este artículo.
Esa añoranza del franquismo hasta hace unos años creíamos había desaparecido de nuestra sociedad. Pues, no. Ha irrumpido con ímpetu. ¿Por qué? Porque nunca había desaparecido. Tiene una explicación. España fue el único país donde el fascismo triunfó y no fue juzgado. No ocurrió así en Alemania, donde Hitler fue derrocado y Mussolini fue colgado. Aquí no hubo un Nuremberg, donde entre los 24 acusados, el tribunal dictó doce condenas a muerte-con las que no estoy de acuerdo-, siete de prisión y tres absoluciones. Al menos cuatro procesados se suicidaron antes o después de haber sido condenados en los juicios. Lo específico del caso español es que, a diferencia de lo ocurrido en otros países, aquí el pueblo luchó, murió y mató por defender la República, es decir, por luchar contra el fascismo. Esto no ocurrió en Alemania, donde Hitler subió al poder a través de las elecciones. O en Italia, donde Mussolini realizó su entrada triunfal en Roma. O en Francia, donde, con un ejército muy superior al español, la lucha contra el fascismo duró dos semanas. Esa es la gran diferencia entre España y Europa. En Europa gracias a que el fascismo fue vencido, se hizo posible un juicio legal a los criminales y el desarrollo de una memoria histórica. En España ningún dirigente franquista fue juzgado. En España, sin embargo, la República fue derrotada dos veces: por el fascismo en 1939 y por los aliados en 1945, como decía Indalecio Prieto, cuando pedía que los aliados consumaran el plan de liberación de Europa del fascismo. Hubiera sido lo lógico.
Para conocer los españoles la catadura moral y la extraordinaria crueldad de la dictadura de Franco nos puede servir una referencia de Helen Graham en su libro Breve historia de la guerra civil de Espasa y Calpe, 2006, en su pag. 156. Franco no puso reparos cuando los nazis le propusieron despojar de la condición de prisioneros de guerra a los miles de republicanos españoles que se hallaban en su poder, accediendo así a que fueran enviados de los stalags (campos de prisioneros de guerra) a los campos de concentración. Fue la negativa de Franco a reconocer la nacionalidad española de los prisioneros lo que abrió la vía a la deportación. En efecto, las autoridades nazis anunciaron su política el 25 de septiembre de 1940, durante la visita a Alemania del lugarteniente de Franco, Ramón Serrano Suñer, ministro del Interior ( y en octubre de 1940, también de Asuntos Exteriores) y jefe de la Falange. A partir de entonces los republicanos españoles fueron recluidos en muchos campos de concentración diferentes: Dachau, Oranienburg, Buchenwald, Flossenburg, Ravensbrück, Auschwitz, Bergen-Belsen, Neuengamme y, sobre todo, Mauthausen. Lugares donde murieron alrededor de 10.000 republicanos españoles. No pocos del Bajo Aragón Histórico.
Y no olvidemos que los patidarios de Abascal desvirtuan la realidad lingüística y niegan la existencia en nuestras tiierras de la lengua araginesa y la lengua catalana. Para ellos, iguall que para el inefable Jinenez Losantos, éstas se reducen a burdos diaectos rurales desconecatados entre sí y dignos solo de ser hablados con los animales. Un reflejo de siu visión etnocida de nuestro patrimonio cultural; no ha de sorprendernos, pues, que apoyen las grotescas y absurdas «tesis» chapurriadistas. Estemos avisados.
Como decia un genio futbolístico en situaciones extremas «gallinadepiel» esto es lo que se nos espera con semejantes voxceros y similares especimenes : al loro !!