Estas Fiestas del Pilar han sido un tanto especiales y diferentes. Comenzaré por decir que me han sacado de ese continuo bombardeo, y decir esto suena un tanto pedante y frívolo, viendo los bombardeos que hay por el mundo, pero aquí, ojos que no ven y oídos que no oyen noticias, relajan el corazón. También hay que agradecérselo a estas fiestas que te atrapan y te absorben.
Otra de las cosas buenas que han pasado es la participación de mi pueblo en el Rosario de Cristal de Zaragoza, con una parte del nuestro. Tanto la acogida por parte de Zaragoza, como la satisfacción de ver que tenemos algo que merece la pena, pues también ha sido algo muy bonito.
Por supuesto hemos quedado con amigos y hemos disfrutado esos momentos únicos y agradables que nos dan los amigos, en la más amplia expresión de la palabra.
Pero este año fue algo muy especial. Cuando vas por Zaragoza estos días, te encuentras con mucha gente conocida con la que uno se saluda, pero uno de los días, paseando por la calle Alfonso, ya camino de casa, nos encontramos con Mari Carmen y Miguel Ángel, dos amigos de Longares, con los que habíamos compartido hace años muy buenos momentos y que por diferentes motivos y circunstancias hacía mucho que no nos veíamos. Después de los saludos y de los abrazos, se nos llevaron a tomar un chocolate con churros, ellos iban con su cuadrilla del pueblo, y lo mejor de todo, a recordar los tiempos pasados y a ponernos al día de lo que son hoy nuestras vidas, algo que comenzó a las 20 horas y se alargó hasta pasadas las 24.
Ni que decir tiene que fueron cuatro horas compartidas de lo más agradable y que al día siguiente dan que pensar. Por supuesto que el día a día nos arrastra, nos lleva de aquí para allá, nos condiciona continuamente y, por qué no decirlo, nos montamos nuestra película de, por no molestar, por no ser pesado, o por cien motivos que nuestras cabezicas se fabrican, pues dejamos de hacer lo más sencillo, que es descolgar un teléfono o pararse cuando pasas por la puerta de un amigo.
Escribo esto porque creo que a todos nos pasa y por ello nos perdemos muy buenos momentos. Por eso repito que, en determinados momentos puede pasar lo mejor y no estamos para dejar pasar ni un momento de… lo mejor.
PD. Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen.
Pascual Ferrer

