Un grupo de vecinos sube la cuesta hacia el castillo con una tableta colgada del cuello. El recorrido les resulta familiar, lo han hecho decenas de veces. Sin embargo, esta vez miran las piedras de otra manera. Esa escena, vivida hace apenas unos días en Albalate del Arzobispo, resume mejor que cualquier informe técnico lo que está ocurriendo en la fortaleza arzobispal.
El proyecto de musealización digital que ha desarrollado la empresa Invelon Technologies para el Ayuntamiento cuenta con un presupuesto de 51.546 euros, financiado a través de una convocatoria del Instituto para la Transición Justa, que también ha permitido consolidar el torreón islámico y actuar en la sala gótica. La iniciativa ofrece a los visitantes recorridos en realidad virtual, contenidos en realidad aumentada y proyecciones en 360 grados que reconstruyen la fortaleza tras las grandes reformas emprendidas en el siglo XIV, cuando la elevación de Zaragoza a archidiócesis consolidó el castillo como residencia de los arzobispos. La alcaldesa, Celia Trullén, lo explicaba con una frase sencilla y certera, la de acercar a la gente a las nuevas tecnologías para conocer de otra manera su propia historia.
Durante años dimos por hecho que conservar un monumento era suficiente. Que bastaba con consolidar el alero, apuntalar un muro, evitar que la lluvia siguiera comiéndose la piedra y que el edificio así protegido cumplía con creces su función. Se puede tener un castillo perfectamente en pie, con el torreón islámico consolidado y la sala gótica restaurada, y aun así tenerlo mudo, visitado por curiosos que suben la cuesta, recorren las estancias y bajan sin haber entendido gran cosa de lo que han visto. La conservación material y la comprensión del edificio son dos restauraciones distintas, y durante décadas hemos invertido casi toda nuestra energía en la primera.
Ahí es donde el proyecto de Guimerá y su equipo me parece especialmente interesante. No porque aspire a reconstruir el pasado, algo imposible para cualquier pantalla, sino porque ayuda a entender mejor un edificio que muchos creían conocer. El torreón islámico siempre ha estado ahí, tan integrado en el paisaje cotidiano que habíamos terminado por darlo casi por sentado. Lo mismo ocurre con la policromía recuperada durante la restauración de la sala gótica: puede permanecer oculta bajo capas de cal durante siglos y, cuando vuelve a aparecer, seguir diciendo muy poco si nadie nos ayuda a interpretar lo que tenemos delante. Quizá esa sea la mayor aportación de esta tecnología. No sustituye la experiencia de recorrer el castillo ni pretende reconstruir el pasado. Simplemente nos invita a detenernos un momento, a mirar con más atención y a comprender mejor un patrimonio que, precisamente por tenerlo tan cerca, a veces dejamos de leer.
Ese es, me parece, el verdadero enemigo del patrimonio, y no es el tiempo. El tiempo desgasta la piedra a un ritmo que conocemos y que sabemos combatir con oficio y con dinero, como demuestra el Plan Director de 2,4 millones de euros que sigue avanzando por fases en Albalate. El enemigo silencioso es la indiferencia, ese estado en el que un edificio deja de significar algo para quienes viven junto a él y se convierte en decorado del paisaje, en algo que está ahí sin que nadie sepa muy bien por qué. Un castillo empieza a morir mucho antes de que se caiga una piedra, empieza a morir el día en que deja de generar preguntas.
Hay quien mira con recelo la llegada de la realidad virtual al patrimonio, yo no comparto esa preocupación. Las pantallas no son el problema cuando ayudan a comprender un edificio. El verdadero riesgo aparece cuando un monumento deja de despertar preguntas y acaba formando parte del paisaje sin que nadie se detenga a leerlo. Si un chaval se pone la tableta, descubre cómo fue el castillo en su época de mayor esplendor y sale de allí haciéndose una pregunta sobre su propia historia, esa tecnología ya habrá cumplido su cometido. La piedra seguirá siendo siempre lo esencial, pero una piedra que nadie entiende es una piedra que ya ha empezado a desaparecer.
Jorge Herrero. Papel y pixel


Completamente de acuerdo Jorge. Al final solo protegemos de verdad aquello que conocemos y sentimos como nuestro. Todo lo demás por muy bien conservado que esté acaba cayendo en el olvido, se agradece que sigan invirtiendo algo en esto.
Gran reflexión Jorge, y tú sabes bien que se hace en Aragón con la historia.
Que podamos seguir disfrutandola muchos años más.
«El enemigo silencioso es la indiferencia». Qué gran verdad. Al final solo se cuida y se respeta lo que de verdad se entiende y se siente propio. Muy acertado el artículo.
Buenas palabras, Jorge. Eso es lo malo de nuestra sociedad, que aunque muchos amamos nuestra historia y todo lo que la rodea, muchos también olvidan esa misma historia para dar paso a otro tipo de cultura o culturas que ni nos va ni nos viene, pero que lo invade todo con descaro y complacencia de los politicos y un amplio sector ciudadano…
Toda la razón
Me parece injusto este artículo. Y de verdad k creo k está hecho con buena intención. De verdad. Decir k hasta ahora no se daba a conocer el castillo de Albalate está basado en un prejuicio. Prejuicio x k no has hecho la visita guiada. Al menos en los últimos años. Afirmar eso es faltar al respeto a toda la gente k ha trabajado x él. Las visitas de Antonio Palos y Cristina, las excavaciones de Eduardo Díez y Santiago Martínez. Las investigaciones de Pina Piquer, Fernando Blasco, Dsni Lasmarias etc etc. Todo el trabajo de rrstauración y de los arquitectos de hace tiempo y en especial de los últimos años. Estoy muy orgulloso de haber formado parte del trabajo de digitalización y es un gran trabajo pero antes de hacer esa afirmación te invito a que hagas con nosotros la visita guiada y si luego sigues pensando lo mismo te pediré disculpas x este comentario. Un saludo sincero.
Creo que la situation de el castillo de Albalate del Arzobispo, es un trabajo de muchos años, una muestra de cariño hacia la historia de un pueblo y hoy, una realidad que enseñan, que valoramos y de la que sentirse orgulloso.
Si quieren lo contrario, pueden venir a Hijar, donde toda su historia a exception de la Sinagoga, esta abandonado, olvidada y menospreciada. Castillo, Convento, Ermitas, Granero, etc.
Es lo que hay, no disparen al pianista.