Dicen algunas lenguas, para mí, las malas lenguas, que los políticos que tenemos en España son un reflejo de la sociedad en la que vivimos, nada más lejos de la realidad. Estamos en un país donde los titulares de corrupción se han vuelto cotidianos, algo que nos indigna y desmotiva a toda la sociedad española, nos deja huérfanos de ideología política y nos hace pensar que da igual quién esté al frente del poder legislativo, son los mismos perros con distinto collar.
Me gustaría poner en contraste esta política profesionalizada que en los últimos tiempos ha desvelado una intricada red de corrupción con todos aquellos políticos que, lejos de los focos y grandes presupuestos, ejercen su cargo con una dedicación que roza el altruismo.
Hablamos de los alcaldes y concejales de municipios pequeños, muchos de ellos con decenas de habitantes o unos pocos cientos, de los cuales la mayoría no recibe remuneración alguna. Personas que compatibilizan su vida laboral y personal con la gestión de su ayuntamiento sin buscar ni la fama, ni el lucro, ni el aplauso de nadie. Su única motivación es la de mejorar la vida de sus vecinos, solucionar problemas cotidianos y mantener viva la esencia de la comunidad.
Este contraste quizás debería hacernos reflexionar. Mientras se persigue y condena la corrupción, no debemos olvidar valorar y proteger la figura del alcalde de pueblo. Es un recordatorio de que la política en su esencia más pura, puede ser un acto de servicio y generosidad. Representan la dignidad de la gestión pública frente a la sombra que proyecta la ambición desmedida. Su labor es un faro de esperanza en un panorama político muy denostado y a menudo desolador.
Me gustaría también lanzar una lanza a favor de todos aquellos políticos (profesionales) honrados que de verdad se esfuerzan, combaten la corrupción y tienen en su ADN una verdadera vocación de servicio público. Así como animar a todos esos habitantes de los municipios a que se animen a formar parte de la composición de los ayuntamientos, presentándose en las municipales y aportando ideas y colaboración en sus municipios. No hay nada más satisfactorio a nivel personal que ayudar y colaborar con tu pueblo.
Roberto Rabaza. PAR / Tronchón


Los políticos que nos gobiernan salen de esta sociedad y lideran unos partidos a los que pertenecen esos otros políticos locales a que te refieres. No han venido de otro planeta ni son elegidos y mantenidos por otras personas que esos otros políticos locales. Y también en la micropolitica local hay microcorrupción proporcional , es legendaria la frase de “y de lo mío qué”. Hay que cambiar el sistema total, desde las bases, dando la vuelta a esa pirámide del poder donde unos pocos se aprovechan de muchos
Joder José Luis, leyendo el artículo, pensaba en la contestación y me encuentro que ya la has escrito tu. Encantado.
Solo añadiría una pregunta que hacen algunos cuando dices que, es una vergüenza que roben. ¿Y tú que harías?, lo que retrata perfectamente al preguntador.
Esa pregunta que sugieres, y que es verdad que se hace muchas veces, normaliza la microcorrupción de la sociedad y justifica que según se escala en los cargos se escale en el tamaño del beneficio personal obtenido. Supongo que siendo normales las comisiones en obra pública, me pregunto cómo es posible que NUNCA, nunca nunca que yo sepa, NINGÚN político haya denunciado NINGUNA propuesta de cohecho.
Se habla mucho del alcalde de pueblo, ese que presume de no cobrar por ser alcalde, como símbolo de honradez. Y claro que los hay, y merecen todo el respeto. Pero también hay quienes hacen alarde de ese altruismo… mientras acumulan cargos remunerados en diputaciones, consorcios, comarcas y consejos asesores donde no se exige mucho más que asistir, firmar y cobrar. Dietas sin retención, retribuciones “por asistencia”, y una red de beneficios que no tributan, pero sí engordan el bolsillo y el ego.
Hay que reivindicar a los que están por vocación real, que alguno habrá, a los que trabajan sin más recompensa que el agradecimiento de su comunidad. Pero que no nos vendan más cuentos: la política amateur está en peligro de extinción, mientras la industria del carguito goza de una salud excelente y una opacidad fiscal envidiable.
El PAR no es ningún ejemplo para dar consejos a los demás.