Los últimos acontecimientos vividos en la política nacional nos han mostrado la diversidad del espacio político e ideológico que hoy existe en España. Todos somos conscientes de que se ha abierto un periodo de transitoriedad más o menos prolongado que deberá ser resuelto por las urnas.
Estamos a menos de un año de las próximas elecciones y en cada municipio se respira precampaña en mayor o menor grado, los partidos tradicionales procuran ponerse guapos para la foto de los carteles electorales.
Pero lo que más nos importa es el futuro, proyectos de futuro y sus gestores. Confianza en los gestores y proyectos para afrontar estos retos.
Andorra, nuestra única preocupación, se enfrenta a varios retos y necesitamos ofrecer a nuestros vecinos proyectos para encararlos.
El primero, el trabajo. No ya solo por el paro existente en la actualidad, por el trabajo precario, por las malas condiciones laborales sino lo que es más importante por las oportunidades de futuro.
El segundo y unido al anterior, es evidente que el complejo eléctrico-minero será en un futuro más o menos próximo como mucho residual. Andorra, más pronto que tarde, dejara de ser una villa minera como antes sucedió con otras poblaciones cercanas. No es el fin del mundo, solo el principio de algo distinto que está por hacer.
Pero además de los grandes retos de futuro están los problemas del día a día. Los vecinos demandan respuestas y soluciones. ¿Cómo se financiarán los servicios públicos ante el previsible descenso de ingresos que hoy proporciona la Central Térmica? ¿Qué modelo de gestión del agua se tiene previsto a partir de 2021 en que finaliza el actual contrato con la concesionaria? ¿Qué capacidad económica tendrá el Ayuntamiento para acometer las inversiones necesarias para mantener una mínima calidad de vida?
Este es el examen de las urnas. No las buenas palabras, los gestos, las ideas de última hora o los copia-pega. La confianza se gana en el día a día.

