Ya casi todo el mundo salvo los más despistados o despreocupados por las cosas públicas saben que este año 2019 vamos a tener que pensar en nuestro voto en cuatro elecciones distintas, a cual más importante.
Para empezar se nos echan encima las elecciones generales en las que al ruido de la campaña electoral y sus mentiras, medias verdades y "fakenews" varias se sumará el ruido de tambores y bombos. Como para tener la cabeza despejada.
No nos habremos repuesto de la tensión, los nervios y la preocupación de los resultados y de sus posibles consecuencias cuando entraremos en la campaña electoral para las elecciones europeas, autonómicas y locales. Ahí es nada.
Tanta saturación puede llevarnos a optar por el "dejar hacer", o sea, a la abstención. Y ello a pesar de los consabidos llamamientos a la movilización que desde todos los partidos y en especial desde la izquierda se harán para motivar a sus posibles votantes.
Veremos qué resulta de todo este torbellino. Pero una cosa sí que tengo clara. Nos jugamos mucho, muchísimo, en cada una de ellas.
Deberíamos hacer el esfuerzo y la pedagogía necesaria para saber distinguir los distintos ámbitos en que se nos va a pedir el voto y las consecuencias que el mismo tendrá en la definición de las políticas que deberemos soportar en los próximos cuatro años. Y visto desde este instante, cuatro años se hacen largos.
Por eso este año, o mejor este trimestre que se avecina va a ser un test de madurez de nuestra ciudadanía y por tanto de nuestra democracia. Casi nada.

