El concepto de Hispania, España, nunca desaparecerá. Ha decaído topográficamente a favor del de la Península Ibérica que como sabemos, en un principio, solo hacía referencia a las tierras a las que se accedía por el Iber, el rio Ebro. Quizás con la independencia de Portugal tomó más fuerza políticamente la denominación de España y geográficamente quedó el de la Península Ibérica para no entrar en la confrontación permanente entre dos países independientes que ambos habían formado parte de la Hispania romana. Por lo tanto, entiendo que la Corona de Aragón con sus estados miembros siempre han sido y serán Hispania, España. Durante estos dos mil años ha habido muy diferentes formas de estado en este territorio. Ha sido ocupado por imperios extranjeros, ha estado unido todo el territorio bajo diferentes formas de estado y también se ha estructurado en varios estados independientes. Actualmente en cuatro: España, Portugal, Andorra y Gibraltar. Los nacionalismos aquí hacen aguas. Ahora bien, ¿Cuándo la organización del estado le fue bien a Aragón, al reino de Aragón? Pues ya hace unos cuantos años, precisamente cuando la Corona de Aragón formada por varios territorios, con sus Cortes individuales, era un estado descentralizado que miraba al Mediterráneo. Potente, muy potente en su época. Por cierto, no hablaba castellano, hablaba aragonés y catalán. ¿Y cuando empezó a ir mal? Pues, simplificando, a partir de la unión con Castilla, reino que miraba exclusivamente hacia el Nuevo Mundo, hacia el Atlántico, especialmente tras las derrotas europeas. La estocada a aquel potente estado aragonés cuyas consecuencias han llegado hasta nuestros días, todo y el actual estado de las autonomías, llegó con los Decretos de Nueva Planta promovidos por la monarquía borbónica anulando toda muestra de diversidad en aquella ya decadente España. Hoy, trescientos años después, la mayor resistencia a esas decisiones desastrosas para los territorios de la Corona de Aragón está en Cataluña. A los antiguos reinos de Mallorca y de Valencia, también resistentes, no les va mal del todo. Pero al potente en otra hora reino de Aragón ¿Qué ha pasado? Sencillamente entiendo que ha desaparecido económica y políticamente hablando, engullido por el insaciable estado centralista. No se si estamos a tiempo, pero Aragón tiene que cambiar de rumbo. Desde los Decretos de Nueva Planta de principios del Setecientos, todo ha ido a peor. No hace falta ser un experto economista o sociólogo para ver el difícil callejón en que están metidas estas tierras, especialmente las del Bajo Aragón histórico y resto de la provincia de Teruel. Espero que el Estado centralista, para algunos maravilloso, que ha capitalizado durante décadas, siglos, los beneficios de las cuencas mineras de Teruel devuelva ahora con intereses ese expolio y revierta este nuevo paso económico que nos lleva a la despoblación y la práctica desaparición. No demandamos limosna, demandamos la capitalización de lo producido durante siglos que en algún sitio está. Y si no, golpe de timón.


Para la Comarca, para Teruel, para Aragón, Mordor está tanto en Madrid como en Barcelona. Y en Euskadi.
¿Quienes han consumido la electricidad producida con nuestro carbón? ¿Donde han ido a parar el dinero de los impuestos que ha pagado la generación y la distribución de esa energía? ¿Donde se ha invertido el dinero recaudado por las emisiones de CO2? ¿Donde se ha invertido lo recaudado por IRPF de los trabajadores mineros y eléctricos de Andorra y las Cuencas Mineras, esos que Hacienda describía como “los más ricos de Aragón” en base a las cotizaciones aportadas por ellos?
¿Donde se ha invertido ese dinero en industria, servicios y comunicaciones?
El problema de Aragón no viene de los decretos de Nueva Planta, sino de las oligarquías madrileñas, vascas y catalanas, con sus sucursales mamporreras aragonesas y los Presupuestos Generales del Estado redactados y repartidos siempre a su conveniencia.
Como siempre Juan Luis Camps muy acertado. Gracias!
Vaya, como no tenemos bastantes tonterías con Cataluña, ya solo nos faltaba nacionalismo aragonés.
Se confirma lo que hace tiempo sabemos muchos, que las autonomías son un cáncer para España
Nada más lejos de mí intención que fomentar el nacionalismo aragonés. Es la justicia, la igualdad de oportunidades y de servicios para los que vivimos en las zonas rurales y despobladas lo que defiendo; marginados incluso cuando producimos y contribuimos mucho al erario público.
Y la denuncia de cómo se invierte prioritariamente en las zonas más desarrolladas por cuestiones políticas.
Mi comentario sería el mismo si viviese en Soria, en Palencia…
La patología nacionalista ni me afecta, ni me afectará, pierda cuidado.
Pues mejor nos iría que no pintamos un cero a la izquierda.
Me resulta muy interesante su reflexión, Sr. Camps, con la que coincido plenamente. Es obvio que el periodo histórico de mayor progreso para los territorios de Aragón y Catalunya coincidió con la formación política de la Corona de Aragón. Algo parecido debieron intuir la nobleza y el resto de gentes de Aragón, que, ante las amenazantes expresiones expansionistas castellanas, decidieron que la mejor opción para la supervivencia del Reino de Aragón fuera casar a Petronila con Ramon Berenguer y formar una de las intituciones politicoadministrativa mas potentes de la Peninsula Iberica y del Mediterraneo. Lo cierto es que duró lo que duró, hasta que, en Caspe, se produjo algo que a mi entender significó el principio del fin de la Corona de Aragón: La elección del Trastámara como sucesor. Lenta pero inexorable la asimilación castellana, cultural y politica, fué fagocitando primero el idioma aragones y mas tarde las instituciones, las leyes, la independencia, no sólo de Aragón sino del resto de territorios de la Corona. Que hubiera sucedido si en la guerra de Sucesión española hubiera triunfado el pretendiente Carlos de Austria (apoyado por todos los territorios de la Corona de Aragón) en lugar del borbón, apoyado por Castilla y Francia?, nadie lo sabe y poco importa después de 300 años, pero una cosa es importante: para entender el presente es necesario conocer la historia, y la historia no es nacionalismo, es história simplemente. Como canta Raimon «quien pierde los origenes pierde la identidad».
¿Sus orígenes son los reyes de Aragón? ¿La Corona de Aragón? ¿El Antiguo Régimen? ¿De allí vienen su identidad, su honor, su dignidad, su libertad y sus genes? ¡Qué selectos!
Permítanme echarme unas risas. La identidad es individual y solo depende de los genes y de la educación, en el amplio sentido de la palabra.
¿Que hay de la caterva de invasores que recorrieron El Valle del Ebro? ¿Que pasa con los navarros del norte y del Señorío de Albarracín? ¿Y con los casi cuatrocientos años de la taifa de Zaragoza? ¿Y con los ejércitos ingleses y franceses? ¿Y con los miles de emigrantes que hemos llegado a través de los años? ¿Donde están los orígenes? ¿de donde vienen los genes de los aragoneses actuales? De La Corona? ¿Y su educación y su fenotipo? ¿De La Corona también?
La historia es la historia, y en la historia ha pasado de todo; es estudio y literatura, y, es cierto, puede explicar el origen de algunos vestigios políticos y jurídicos actuales. Explicar, no bendecir ni justificar.
Coger trocitos de historia convenientes de hace trescientos o seiscientos años para justificar subrepticiamente tendencias políticas trasnochadas es un poco miserable.
Asunto curioso de actualidad es que los que más hablan de reyes, emperadores, condes, y del resto de la ralea aristocrática para defender sus presuntas legitimidades…se definen como puros republicanos. De traca y matraca.
Señores, menos coronas y más libros de arte, ciencia y filosofía; menos terruños y más solidaridad; las barretinas y cachirulos en el folclore, que no en la política. ¡Bastantes distractores tenemos!
Liberté, Egalité, fraternité. Ni Dios, ni amo. (En castellano, en aragonés, en catalán, en aranés, en chino mandarín o en esperanto)
Junto a catalanes y valencianos fuimos grandes, con los castellanos somos pequeños y no pintamos nada de nada. Algo falla.