Este mes de marzo ha traído de vuelta un escenario que los mercados financieros conocen bien: incertidumbre, volatilidad y el temor a un shock energético global provocado por la intensificación del conflicto en Irán. El enfrentamiento, que ya dura varias semanas, ha provocado volatilidades considerables en los mercados y un repunte del precio del petróleo de aproximadamente el 50 %. Este escenario recuerda que los mercados reaccionan con sensibilidad extrema ante cualquier amenaza geopolítica que afecte al suministro energético global.

Los ataques a infraestructuras energéticas en Oriente Medio han puesto el foco en un conflicto energético y han generado fuertes ventas en activos de riesgo, así como un repunte de las rentabilidades de bonos europeos y estadounidenses, alimentadas por el temor de que la inflación vuelva a repuntar y obligue a los bancos centrales a retrasar o incluso revertir los esperados recortes de tipos.

El inicio de la pandemia en 2020 nos dejó otro aprendizaje. Los mercados pueden recuperarse con rapidez si asoma una expectativa creíble de normalización. En esta línea, algunos analistas recomiendan evitar decisiones impulsivas y, en lugar de liquidar posiciones, reequilibrar hacia sectores defensivos como energía, consumo básico o compañías menos expuestas a los ciclos económicos.

El precedente del conflicto entre Rusia y Ucrania, especialmente en el ámbito energético, es también ilustrativo. El cierre parcial del Estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras en países como Qatar, Arabia Saudí o Emiratos Árabes están afectando a una quinta parte del suministro mundial de petróleo, generando un riesgo inflacionario global y tensiones en las cadenas de suministro, muy similar a lo vivido en Europa en 2022.

Las crisis comerciales de años anteriores, como las derivadas de los aranceles de la Administración Trump, reforzaron otro mensaje clave: los shocks no siempre son financieros o bélicos, también pueden ser políticos. Todas estas experiencias convergen en una misma conclusión: en tiempos de incertidumbre, la disciplina inversora, la diversificación real y la adaptación estratégica son las mejores herramientas para navegar escenarios complejos. El «ten paciencia y recuperarás» no siempre funciona.

Raúl Cirugeda Conejos