Este verano contemplo los incendios con tristeza, rabia e impotencia. Detrás de cada uno hay mucho más que hectáreas quemadas: pueblos con miedo, familias desalojadas, animales que no pueden escapar y paisajes convertidos en ceniza. Cuando arde Aragón, siento que perdemos una parte de nuestra tierra y también de quienes somos.
Una parte del Gobierno de Aragón, Vox, continúa negando el cambio climático y su papel en la virulencia de los grandes incendios. Las olas de calor y la sequía muestran una realidad imposible de ocultar. Frente a ella encontramos a hombres y mujeres que se ponen el uniforme, miran las llamas y entran allí de donde los demás intentamos salir.
Nuestros bomberos y bomberas están dando la vida para defender nuestros pueblos y montes. El fallecimiento de un militar de la UME en el incendio de Las Peñas de Riglos nos recordó dolorosamente el riesgo de cada persona que combate el fuego. Después, en Calatorao, perdieron la vida un bombero y un trabajador.
El martes 18 estuve, junto a compañeras y compañeros, en la movilización de los bomberos y bomberas forestales celebrada en Alcañiz. Quisimos acompañarlos para mostrarles nuestro apoyo y agradecimiento, pero también queríamos escucharles. Sabemos que su trabajo es imprescindible y sus condiciones, indignas.
Más de 800 profesionales iniciaron ese día una huelga indefinida para reclamar más personal, descansos adecuados, medios suficientes y condiciones acordes con la peligrosidad de su trabajo. Lo hacen con servicios mínimos del cien por cien y movilizándose durante sus días libres. Su huelga no consiste en dejar de protegernos, sino en exigir poder hacerlo con seguridad.
Me indigna comprobar que SARGA, empresa pública dependiente del Gobierno de Aragón, y el Ejecutivo mantienen un operativo insuficiente. No podemos acordarnos de nuestros montes únicamente cuando arden. La prevención se realiza durante todo el año, con plantillas estables, vigilancia, trabajos forestales, conservación de caminos y cortafuegos, y apoyo a la agricultura y la ganadería extensivas.
Agradezco la ayuda llegada desde otras comunidades y países como Francia y Polonia. Pero no entiendo que se gasten enormes cantidades cuando el fuego ya es incontrolable mientras se escatiman recursos para hacer un trabajo preventivo.
Quienes protegen Aragón también necesitan ser protegidos. No bastan los homenajes ni los minutos de silencio. Necesitan condiciones dignas y un Gobierno que escuche y actúe. Porque si abandonamos nuestros montes y a quienes los defienden, llegará un día en que ya no quede nada que salvar.
María Milián. IU / Alcañiz


La gente corriente nos preguntamos que se puede esperar de «profesionales» que cuando se necesitan hacen huelga. La realidad es que solo los militares apagan los fuegos. Me pareceria acertado que los bomberos forestales fueran militarizados. Lo harian mejor y se tomarian su oficio en serio.