A lo mejor la fiebre gripal altera mis recuerdos o me desinhibe para contar algo que, casi 40 años después, sigue presente y me golpea desde los titulares de las cabeceras aragonesas y nacionales… En aquel tiempo, en muchos pueblos, tenían pequeñas explotaciones porcinas en la propia casa donde criaban cerdas y producían lechones que, una vez criados, vendían a cebaderos próximos. Mi padre, alcorisano y veterinario rural, de ambas cosas presumía, prestaba servicio en algunos pueblos del Moncayo y, entre otras tareas, vacunaba lechones y sacaba sangre a reproductores en la lucha contra la Peste Porcina y la Fiebre Aftosa, que producían pérdidas en los pequeños productores.

Una mañana de verano, yo, que estaba terminando Veterinaria, lo acompañaba en su trabajo, tratando de aprender aquello que en la Facultad no enseñaban. En uno de esos pequeños pueblos apareció en la plaza un cochazo impresionante del que bajó un individuo mientras mi padre me decía, dirigiéndose a mí pero para que él lo escuchara, «te voy a presentar a uno de los más sinvergüenzas de España». Se acercó a saludar y, sonriendo, le dijo a mi padre que «lo de España» era un poco exagerado; tras decirle «tú y yo sabemos que lo eres», mi padre le comentó que yo terminaba veterinaria y quería que conociera dónde me había metido. Entonces, el individuo me saludó mientras me preguntaba con tono de suficiencia «¿vas a ser un veterinario honrado y pobre, como tu padre, o piensas hacer dinero?».

La pregunta venía de un intermediario que hizo una gran fortuna moviendo cerdos de zonas con enfermedad no erradicada, saltándose las restricciones con la connivencia de algunos jefes de Sanidad Animal, extendiendo la enfermedad y alargando el problema que arruinaba a los pequeños. Sus hijos heredaron las empresas y uno de ellos, los tiempos cambian, vio negocio en las renovables y ha conseguido millonarias subvenciones de nuestro gobierno y que uno de sus «cargos vitalicios» vendiera a los alcaldes de Teruel las bondades de firmar con su empresa.

Ahora que «los más sinvergüenzas de España» han decidido que volvamos a elegir entre «susto y muerte», no puedo evitar preguntarme: ¿Vas a seguir en un partido sin votos, pero honrado? La respuesta, como tantas cosas buenas, me la enseñó mi padre.

Luis Esteban. CIUDADANOS Calanda