Hace escasos días, y tras las intensas granizadas que otra vez afectaron al Bajo Aragón, me entrevistaron en Radio La Comarca. Fue interesante. Una de las preguntas que Adrián me hizo fue: «¿qué podemos hacer en caso de previsión de fuertes tormentas y granizo?». No es una cuestión fácil de responder, puesto que como comenté en ese momento, las previsiones se hacen en territorios extensos y las granizadas y fenómenos adversos de una tormenta se dan en zonas muy concretas. Normalmente afectan a unos pocos kilómetros cuadrados.

Los avisos —amarillo, naranja y rojo— se activan, en nuestro caso, en divisiones muy grandes. El Bajo Aragón es más extenso que algunas provincias españolas y, por lo tanto, si se activa allí un aviso, puede ser complicado interpretar si el mayor riesgo está en Azaila o en Beceite, que distan 90 kilómetros. Por ello, está bien leer siempre la letra pequeña de estas advertencias que lanza Aemet.

Pero la conclusión de todo esto es que dependiendo del aviso, lo que está claro es que siempre hay que tener un plan B. Si tenemos un aviso amarillo o naranja por granizo, podemos hacer una vida más o menos normal, pero tener un as en la manga. Muchos agricultores lo tienen con los sistemas que protegen sus cultivos de este temido meteoro. ¿Y un particular? Muy sencillo. Si no vamos a quedarnos en casa, tener establecido ese plan B. Que simplemente puede pasar por tener controlado un lugar para estar a resguardo en caso de tormenta fuerte, y un garaje o lugar cubierto para meter el coche en caso de que empiece a granizar. Dejar ventanas cerradas, toldos y sombrillas recogidas, también por las fuertes rachas de viento que suelen darse, o no irse lejos. Es todo muy evidente, pero muchas veces no se toman estas básicas medidas.

No hablo ya de avisos rojos porque en ese caso, cuando se activan, se dan por hecho ya altas probabilidades de fenómenos severos y más o menos catastróficos.

Otro de los consejos, o incluso en este caso obviedades, que podríamos aplicar ante una situación adversa o incluso con posible desenlace catastrófico, es no confiar en que una administración pueda evitar que nos suceda algo. Lo ideal sería que no hiciese falta que nos tuviesen que enviar SMSs de alerta a los móviles. Tenemos más espacios de previsión meteorológica que nunca en los medios de comunicación y decenas de páginas en Internet. Y aún así —cambiando de meteoro— en la próxima gran nevada que se produzca, veremos a miles de conductores atrapados en una u otra carretera. En muchos casos por presiones o autopresiones laborales, que es, si cabe, más intolerable.

Si se pone a nevar, no llevamos ruedas adecuadas o la nevada arrecia… no saldremos de ahí y nos encontrarán, sí… al cabo de horas. Y al salirnos de la carretera con nuestras ruedas de verano y sin cadenas, estaremos perjudicando a quien sí va preparado. Y también hay que tener en cuenta esa sabiduría popular local, que se está perdiendo, pero que antes –cuando la gente temía a la naturaleza y no se creía inmune por llevar buena ropa del Decathlon– funcionaba.

Y lamentablemente todo esto también tiene su parte de fatalidad y que escapa a cualquier medida de control. Allí donde se produce un reventón térmico (una racha de viento huracanada que puede producirse en tormentas severas) o un tornado, está asegurada la catástrofe, especialmente si afecta a zonas pobladas o urbanizadas.

Volviendo a las tormentas, también hablamos en la entrevista sobre si el calor intenso las favorece. Y a todas luces sí. Cuanto más calor hace, más energía tiene la nube para crecer. Y en el caso del Bajo Aragón Histórico, casi todas las granizadas catastróficas se han producido tras episodios cálidos u olas de calor.

Yendo atrás en el tiempo, recuerdo las de Alcañiz de 2003 y la del 31 de agosto de 2000, que se produjeron tras sendas olas de calor. O la del día de San Ramón de Torre del Compte de 2015… y así con decenas y decenas de ejemplos.

Pero en resumen. Ante un aviso meteorológico: siempre un plan B.

Javier de Luna. Meteorólogo