Como no podría ser de otra manera, tras los resultados de las elecciones aragonesas, se ha abierto por enésima vez el debate de la unión de la izquierda, el auge de la extrema derecha, los insultos cruzados, el ventajismo, el miedo, las soluciones mágicas, la demagogia que campa a sus anchas, los análisis matemáticos con los que llenan sus barrigas los sociólogos y de nuevo el simplismo, el simplismo de culpar a uno o al otro y por ende volver a salvar al sistema, sistema injusto desde su nacimiento, desde lo más profundo de sus entrañas, hecho para beneficiar a los de siempre, a los que más tienen y que perpetuarán su poder sin enfrentar ninguna resistencia.

Linchar a Pedro Sánchez es muy fácil, motivos ha dado con sus giros múltiples y su peligroso juego de equilibrios por mantener el poder. Supuestamente a su izquierda, hay una retahíla de menguados en sus principios, desconectados de la realidad; su alineamiento frontal les ha llevado a lo de siempre, insultar o pensar que los que tienen enfrente son bobos porque compran el discurso de los otros y los nuestros no.

Los que todavía no nos avergonzamos en decir que nuestra herencia política va, desde los asaltantes del palacio de invierno, hasta el último que se haya levantado contra la injusticia, no nos debe pesar decir ni avergonzar que hay que darle más profundidad a los análisis, si pretendemos construir algo mejor. Todo lo que estamos viviendo es consecuencia de una sucesión de cosas que no hemos afrontado adecuadamente.

Hay muchos análisis que lo venían advirtiendo; llevan saliendo desde los laboratorios del Pentágono, guerras de cuarta y quinta generación que bombardean y saturan las redes y los medios de comunicación para beneficiar a una ideología determinada, controlan el algoritmo, las empresas propietarias y un montón de cosas más. Por eso, casualmente, toda la banda mediática por todos conocida solo se interesa por la corrupción del PSOE o por las contradicciones de la izquierda; en cambio, te encumbran casualmente a los Florentinos, Trump o Amancios Ortega de turno o te hacen ver que Vox es la solución a algo, aunque ya desgobiernan hace años varias comunidades.

Ahora ha surgido Rufián, que al menos parece que lo que dice se lo cree. Ya sabemos que les pone la cara roja siempre a los de las bancadas tristes, pero en ese conglomerado llamado izquierda hace mucho que falta convicción, convicción para crecer, para creer, para construir un mundo mejor, hombro con hombro, por el colectivo encima de los intereses particulares, por la vivienda accesible, por enfrentar el problema de la inmigración y por un montón de cosas más que no se han hecho y de las que ahora vemos las horribles consecuencias.

Por supuesto, Sánchez ha sido un mal menor, pero no exento de corrupción o inoperancia. Es el sistema amigo y mientras no estemos dispuestos a cambiarlo siempre será igual.

Víctor Puch