Estos días se van a celebrar en La Puebla de Híjar las XXXIX Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor y el Bombo. Muchas serán las personas que visitarán La Puebla y como motivo central estarán los tambores y bombos. Y muchas serán las que accederán por la A-1406.

Y cuando lo hagan, algunos verán a un lado la espadaña de un convento y lo que queda de él. Es el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Híjar (1524). Pocos de los que pasen a su lado se pararán a pensar en su formidable historia, pues pocos sabrán que la tiene. Quizá sea en ese lugar donde nació todo este torrente de tambores que hoy junta a personas de toda España para tocar el tambor y el bombo.

Él también los verá pasar con nostalgia, sabiendo que por allí andan tambores, y recordará el tiempo en que fue epicentro de lo que hoy es todo un fenómeno de masas que une a personas de diferentes lugares y hacen de esto una auténtica maravilla de concordia y convivencia. Y los oirá, vaya si los oirá, aunque a él nadie lo oye ni lo escucha, cuando nos dio tanto. Olvido y hasta desprecio. Así somos las personas.

En 2019, las autoridades de Híjar anunciaron los 500 años de la organización de la Semana Santa tal y como hoy la conocemos en el Bajo Aragón. Pasó sin pena ni gloria; hoy ni se recuerda. Pero así somos: ni nuestra propia historia nos interesa, tontadas para unos y desprecio para otros. Pena.

Cuento esto porque me duele su olvido y abandono. Porque puede ser nuestra historia. Porque siento impotencia. Que alguien dice que la historia no es así, perfecto. Ojalá descubra y aporte datos del no es, ni fue, y del cómo fue y es.

Ilusionadamente e insistentemente lo cuento para tratar de salvar lo que queda de este convento, de su desaparición y, con él, quizá, el lugar de origen de lo que es hoy el toque del tambor en la Semana Santa y de las tamboradas, declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Nadie debería quedar indiferente, pero…

Si los franciscanos llegaron a Híjar en 1517, y en 1519 organizaron el toque del tambor y la Semana Santa, el tema como poco es digno de analizar. Según hemerotecas, hubo cuatro conventos franciscanos en la zona: Nuestra Señora de los Ángeles de Híjar (1524), el Convento Franciscano de Nuestra Señora de Jesús en Alcañiz (también en 1524), el de Santa Ana en Albalate del Arzobispo (1634) y el de San Antonio de Padua en Calanda (1750).

Si los franciscanos recorrían los pueblos predicando y pidiendo limosnas, es lógico pensar que los intercambios entre conventos serían de todo tipo: costumbres, comportamientos, festividades, etc. Más la creación de los calvarios, también por los franciscanos en el siglo XVI. Antes de 1519, los hijaranos hacían ruidos en el Cabezo de la Cruz.

Pasen una buena Semana Santa, «como siempre, como nunca».

Pascual Ferrer. Érase una vez