Can Servitge es una casa de aspecto señorial; cuando estuve en ella se le notaba cierta dejadez. Actualmente no sé cómo se encontrará. Por aquel entonces la regentaba una pareja de hombres de Barcelona a los que hoy no sé ponerles edad ni nombre. Uno no hablaba casi nunca; el otro nos contaba mil y una aventuras de las noches barcelonesas. Muchas veces me pregunté cómo habían ido a parar en mitad de la nada para llevar un negocio en un lugar perdido de la mano de Dios. ¿Huidos? ¿Escondidos?
Con apenas dieciséis años, junto a Miguel, Juanma y Paco, dimos vida al grupo Prisma. Un día nos contrataron para actuar en Can Servitge; creo que el contacto fue el Sandokan.
Aquella finca pertenece al término municipal de Rajadell; está muy alejada del núcleo urbano. Esta masía se llama en realidad Can Servitge, aunque recuerdo que en su fachada había una leyenda en baldosas blancas con letras azules, quizá negras, que decía: «Hostal Restaurant Can Servitje».
El camino para llegar combinaba asfalto lleno de agujeros con largos tramos de camino terroso. La ruta pasaba por un bosque llamado El Suanya; aquel bosque lo cruza la riera de Rajadell. Recuerdo haber visto en ella cangrejos autóctonos, de los que había antes de la invasión americana. Riachuelo arriba había una poza en la que nos bañábamos; la llamábamos La Morera. Cerca había una casa a la que llamábamos La Casa de la Morera. Hace unos años leí que aquella casa la compró la cantante Rosalía y, por la prensa, me enteré de que era un palacete modernista; aunque muy bonita, nunca nos pareció ni palacio ni palacete.
El Can Servitge del siglo XVII se había transformado en hostal, restaurante y pub. En la planta baja estaba el bar-restaurante y un pub con escenario; en la primera planta te encontrabas con un montón de puertas que daban a unas habitaciones. Unas estaban habitables y otras en desuso y llenas de cosas inservibles. También, aquí y allá, aparecían pequeños objetos pertenecientes, posiblemente, al pasado lejano de la vivienda; cosas que parecían haber estado siempre allí, mezcladas con otras mucho más actuales, como novelas, revistas de actualidad y otras revistas de corte sexual que venían de un mundo que no conocíamos ni habíamos oído nombrar. Aquellas revistas nos impactaron, y eso que en aquellos años los quioscos exponían, a todo color y sin tapujos, desnudos y carátulas de vídeos pornográficos «a tó meter»; la diferencia es que en estas revistas los protagonistas eran hombres de cuerpos atléticos perfectamente esculpidos, muchos de ellos mostrando piercings ocultos. No teníamos ni idea de que hubiese gente que se perforase otra parte del cuerpo que no fuese una oreja.
Aquellas revistas fueron motivo de debate entre nosotros y concluimos que alguien con mucho poder estaba evitando la normalización de la homosexualidad. También dedujimos que los dos hombres que regentaban el lugar eran pareja.
Coco Balasch


Amigo !! Soy Paco el baterista del que hablas, compañero del grupo Prisma. Me alegra saber de ti y me encantó tu historia y la recuerdo bien. Un abrazo muy fuerte amigo.
Nunca contesto a ningún comentario; de hecho, raramente los leo y menos aún releo los artículos más allá del día que salen. Pero este comentario es distinto y pero este lo tengo que responder.
Hoy estaba en la sala de espera del dentista y, mira por dónde, me he puesto a leer el último que escribí (Pancrudo). Al acabar, me he fijado en que había un comentario en el que publiqué en julio (Can Servitge), ¡y mira tú por dónde, es el Beltrán!
Te dejo esto aquí, aunque cabe la posibilidad de que nunca lo leas:
Me ha hecho mucha ilusión saber de ti. Eres del único que no tengo contacto; la cosa es que de Miguel y Juanma sí tengo sus teléfonos. Aquí no puedo dejar el mío, pero puedes ponerte en contacto con ellos para que te lo pasen. También estoy en Instagram y Facebook como Coco Balasch. Un abrazo grande. Han pasado, calculo, unos cuarenta y cinco años, si no son más. Jeje. Salu