Como alcaldesa de Caspe, quiero hablar claro y cerca de mis vecinos. Porque sé lo que preocupa a los caspolinos y caspolinas. Lo veo cada día en la calle, en los colegios, en los servicios sociales, en la limpieza, en la seguridad y en la sensación de que nuestra ciudad ha crecido muy rápido sin que las administraciones superiores hayan respondido al mismo ritmo.

En los últimos veinte años, Caspe ha aumentado su población cerca de un 40%. Eso supone más necesidades, más precisión sobre los servicios públicos y más exigencia para un ayuntamiento que está en primera línea. Los vecinos llaman a nuestra puerta porque somos la administración más cercana, pero muchas de las decisiones que generan estos problemas no se toman en Caspe: se toman en Madrid.

El Gobierno de Pedro Sánchez está trasladando a los municipios las consecuencias de una política basada en la improvisación. Se anuncian derechos, ayudas y medidas desde los despachos, pero después no llegan los recursos suficientes para educación, sanidad, seguridad, vivienda, integración o servicios sociales. Y quienes damos la cara somos los ayuntamientos.

Desde el Ayuntamiento de Caspe trabajamos incansablemente. Reforzamos y ampliamos los servicios de seguridad dentro de nuestras competencias. Destinamos importantes recursos a la limpieza, porque queremos una ciudad cuidada y respetada. Reclamamos más servicios y algunos avances, como la reapertura de la oficina del SEPE o la recuperación de atención de la Seguridad Social, demuestran que insistir sirve. Pero Caspe necesita mucho más.

También debemos hablar con responsabilidad de integración. Quien llega a nuestra ciudad debe tener oportunidades, pero también asumir deberes: aprender el idioma, respetar las normas, cuidar los espacios públicos y convivir con los demás. No puede dejarse esta tarea solo en manos de los colegios, los servicios sociales o el Ayuntamiento. Hace falta una política migratoria seria, ordenada y con medios reales.

Los caspolinos no pedimos privilegios. Pedimos justicia, seguridad, servicios, limpieza y respeto. Pedimos que no se nos abandone. Y como alcaldesa voy a seguir defendiendo a Caspe con firmeza, sin complejos y con sentido común.

Caspe es una ciudad trabajadora, acogedora y orgullosa. Tenemos retos importantes, sí, pero también tenemos fuerza, identidad y futuro. Y mientras yo sea alcaldesa, los vecinos estarán siempre en el centro de cada decisión.

Ana Jarque. PP / Caspe