El yacimiento Roquizal del Rullo de Fabara ya puede visitarse tras un siglo en el olvido. Los trabajos de recuperación y musealización han finalizado con la señalización del enclave y la inclusión en la Ruta de los Íberos del Bajo Aragón. El espacio, que se remonta a la Edad de Bronce, pudo albergar hasta ocho generaciones durante 300 años y este sábado se ha puesto sobre la mesa la importancia de su conservación y la oportunidad de darlo a conocer todavía más. Se han organizado unas jornadas que han contado con el arqueólogo José Antonio Benavente; Gonzalo Ruiz Zapatero, catedrático en Prehistoria:, el gerente del Consorcio del Patrimonio íbero de Aragón, Jorge Abril y autoridades provinciales, comarcales y locales.
La musealización coincide con el centenario de su descubrimiento por parte de Lorenzo Pérez, quien por entonces era el secretario del Ayuntamiento de Fabara en 1926. 100 años después, el Ayuntamiento de Fabara, Comarca del Bajo Aragón Caspe y el Consorcio del Patrimonio Ibero de Aragón han culminado el proceso tras dos años de trabajos y próximamente se realizará una inauguración oficial. "Las obras terminaron a principios de verano y ya hay gente que se ha acercado a visitarlo. Los panales informativos que se han instalado ayudan a que las personas se hagan a la idea de lo que era el yacimiento", explica Esther Vicente, concejal del Ayuntamiento de Fabara y consejera de Patrimonio de la Comarca del Bajo Aragón Caspe.
¿Qué importancia tuvo el yacimiento?
La existencia del yacimiento se remonta a la Edad de Bronce y se estima que albergó hasta ocho generaciones durante cerca de 300 años. Se sabe que vivieron unas 60 o 70 personas y durante los procesos de recuperación, a cargo del arqueólogo José Antonio Benavente, aparecieron cerámicas decoradas con motivos geométricos, moldes de fundición para objetos de bronce y evidencias de actividad metalúrgica, además de utensilios domésticos y piezas relacionadas con el tejido. Gracias al proceso en una de las casas se descubrió una concentración de moldes de función por lo que seguramente habría alguien que se dedicará a la artesanía.
En el Roquizal del Rullo, a cuatro kilómetros de Fabara, han aparecido influencias de la cultura de los campos de urnas, vinculada a movimientos de población procedentes de Centroeuropa que introdujeron nuevas técnicas y costumbres en el valle del Ebro. Una de las curiosidades es la organización del población que se contaba con tres agrupación y un espacio central. Además, existen dos viviendas situadas en la parte más alta, que se cree que podrían pertenecer a las dos familias con mayor poder. En total, se encuentran 12 viviendas de unos 50 metros cuadrados.
Sus pobladores construyeron el poblado con las casas adosadas entre sí y alienadas a una calle principal. La vida allí era muy diferente a la actual y se organizaba en torno a tareas cotidianas, por ejemplo, la reparación de los techos de paja formaba parte de sus rutinas.
La última fase ha sido la musealización con la colocación de tres paneles informativos, que incluyen códigos QR para poder visualizar vídeos. /A.Z
Un proceso de dos años
La idea de hacer visitable y también visible el yacimiento empezó hace ya dos años. Los trabajos se iniciaron con la limpieza del enclave y de la senda de acceso. De hecho, los pinares y arbustos que habían crecido hacían que prácticamente no se viera el yacimiento y, que incluso gente del pueblo desconociera de su exstencia.
La segunda fase se tradujo en la consolidación de los restos y una excavación superficial para retirar la tierra que estaba sedimentada por el paso de los años. La última fase y la clave para que sea una realidad tras su descubrimiento ha sido la musealización con la colocación de tres paneles informativos que incluyen códigos QR para poder visualizar vídeos en los que se entiende perfectamente cómo era la vida allí. Queda ahora colocar las señales en el camino que lleva hasta el Roquizal del Rullo.
La intervención ha contado con el Ayuntamiento de Fabara ha aportado la mano de obra a través de su brigada municipal, mientras que la dirección técnica ha corrido a cargo del Gobierno de Aragón, con asesoramiento arqueológico y de restauración. Por su parte, el Consorcio de Patrimonio Ibérico ha financiado materiales, transporte y señalización, y la Comarca del Bajo Aragón-Caspe se hizo cargo de la limpieza.





















