Qué difícil es darse cuenta de las cosas cuando todo lo que sucede a nuestro alrededor intenta distorsionar la realidad en la que estamos sumergidos. Tantos argumentos, tantos datos, tantas opiniones fundadas o infundadas hacen que nuestro juicio y nuestra forma de pensar cambien constantemente. La verdad es que todo lo que nos rodea está cubierto por sentimientos, y cuando digo todo, también me refiero a los sentimientos que nos hacen operar en los mercados de una forma u otra.

En estos momentos de tanta incertidumbre, existen dos claras tendencias o, mejor dicho, sentimientos que abruman al inversor. Ciertamente son pocas las alternativas que, hoy en día, nos quedan. Estas se resumen en dos sentimientos con los que convivimos cada día: el pesimismo y el optimismo. Y ya que estamos en un momento tan difícil, ambos sentimientos pueden ser argumentados de igual manera.

Los pesimistas pueden argumentar su posición fácilmente, exponiendo que las pocas alzas que se han protagonizado estos días en los mercados de todo el mundo vienen acompañadas de poco volumen, lo que significa poca consistencia. Además, ninguno de estos avances es continuo ni deja ver un cambio de tendencia que aleje los fantasmas.

En cambio, los optimistas se basan precisamente en los argumentos de los anteriores para afirmar que, dada la poca actividad en los mercados, es la antesala de nuevas revalorizaciones que no pueden tardar en llegar. En breve podríamos seguir alcanzando nuevas cuotas en los mercados. A todo eso habría que añadir que son muchos los títulos que están cotizando a precios muy atractivos dado su porcentaje en dividendos, y prefieren estar dentro de esos valores que perder estas oportunidades.

Ambos tienen razón en sus argumentos, y solo el tiempo será capaz de decidir cuál de los dos era el correcto. Pero el verdadero problema no está en saber quién de los dos está en lo cierto, sino que estos sentimientos son demasiado fuertes y, al igual que nos hacen ser firmes en nuestras ideas, nos ciegan y no nos permiten ver que, a lo mejor, somos nosotros los que estamos en la posición equivocada.

Raúl Cirugeda Conejos. Caja Rural de Teruel