Crecí en un pequeño pueblo de Teruel. En uno de esos pueblos donde los vecinos son algo más que un «buenos días» en un rellano o un «parece que ya ha venido el frío» mientras esperas a que llegue el ascensor. Intercambiábamos patatas del huerto por huevos de corral, las puertas de las casas siempre estaban abiertas y el trajín de gente era más que habitual. Mi vecina Carmen solía pasar a echar el café que se alargaba hasta la merienda. Desde luego para mí, en esos días, la vida parecía muy sencilla y ahora me doy cuenta que en esa sencillez estaba la felicidad.
De mi abuelo aprendí grandes valores como la familia y la honradez, aprendí a ir de cara y a no tener miedo de decir lo que uno piensa, desde el respeto y la armonía que debe de haber cuando vives en comunidad.
Quizá sea por todo esto por lo que nunca me ha interesado la política. Ese juego en el que medran algunos trileros y timadores, donde la bolita del juego del cubilete son las promesas por las que apuestas mediante el voto. Sin embargo, siempre he sentido una gran admiración por aquellas personas que de una manera totalmente desinteresada han luchado por un bien común.
Admiro desde el ejemplo más «pequeño», como ese alumno que protesta porque las sillas del colegio cojean, aunque hubiera podido, simplemente, coger una que no lo hiciera, hasta movimientos como el movimiento ciudadano Teruel Existe, quien —y seguro que el 99% de los que estáis leyendo esto lo sabéis— llevan años luchando por mejorar las condiciones de vida básicas de todos los turolenses.
No me interesa la política, pero afortunada o desgraciadamente, influye en mi vida diaria, en mi calidad de vida y en la de mis seres queridos. ¿A dónde quiero llegar?
Quiero llegar a que, esta mañana, he leído varias noticias en las que representantes como Santiago Abascal, con motivo de las próximas elecciones autonómicas del 8 de febrero, se va a personar en Teruel para poner el tablero y sacar los cubiletes. Ante tal evento lúdico-festivo, algunos medios de comunicación nos van poniendo en canción con titulares como: «Vox centra su precampaña en Teruel contra las renovables: Los regionalistas son cómplices».
Tenía un tío abuelo que decía que, para que una mentira sea verdad solo hay que tener dos huevazos y repetirla ad nausean, en exceso, hasta provocar náuseas.
Pues bien, debido a la admiración comentada y a mis valores, tengo que decir que ciertas personas del grupo de energía del movimiento ciudadano Teruel Existe han presentado más de 200 alegaciones a diferentes proyectos de energías renovables por motivos medioambientales y/o de otro ámbito. Alegaciones que han sido además criticadas por estos partidos tradicionales hasta que el escándalo de la corrupción ha hecho que aprovecharan la ola.
Proyectos que, además, han sido apoyados y promocionados por el último gobierno de coalición, entre los que están aquellos partidos denominados de izquierdas, que a un mes de las elecciones quieren subirse al barco de «Salvemos el Maestrazgo», como ha hecho Irene Montero en una de sus últimas publicaciones de Facebook.
Señores, esto no va de izquierdas o de derechas. Va de que nuestro pueblo, Teruel, no tiene cubiertas las necesidades básicas, y necesitamos gente que las defienda desde el otro lado del tablero.
Juan López. Colectivo «HIJOS DE LA NADA»


Y esa gente es la de Teruel Existe? . Efectivamente, como decía su tío abuelo: con dos huevazos !!!!