¿Alguna vez has pasado tanto tiempo con alguien que tus palabras, tus manías, tus costumbres y tus maneras acaban siendo las mismas? Esto es algo que me ha pasado siempre con mis hermanas, ese nivel de conexión que cantas hasta las mismas canciones en el mismo momento.

Siempre he pensado que se debe únicamente a que pasas mucho tiempo con esa persona y realizas las mismas conexiones mentales, por eso solo me ocurría con mi familia. También llegué a pensar que era un tema de educación, al final mamá y papá nos enseñaron lo mismo y nos criaron igual, pero realmente tienen cuatro hijas muy diferentes.

Sin embargo, hoy la vida me está demostrando que más que la costumbre lo que lo explica es el vínculo, ese nexo que te une a ciertas personas y que puede llevar a que las sientas cerca constantemente, incluso cuando no lo están. Amar a alguien con intensidad, igual que lo haces con tu familia, genera esa conexión humana, ese cable que une y que va traspasando conocimientos, ideas, patrones, gestos y expresiones del uno al otro.

Dos personas completamente ajenas que se encuentran y, a partir de ese punto, sus universos se van mezclando hasta acabar convirtiéndose en uno. Es algo que va más allá del sentimiento hacia alguien, es la decisión patente de querer compartir tu vida y todo lo que te hace ser como eres, ese conjunto de pequeñas cosas que unidas son tú.

Con mi familia es algo que me ocurre desde niña y nunca antes me había planteado tanto el porqué de ello, pero ahora es realmente curioso vivirlo desde cero, ver cómo surge poco a poco y se va instalando en tu día a día. Ir dándote cuenta de cómo asimilas palabras y expresiones, y escuchar las tuyas de otros labios. Ver gestos que solo veías en ti y vivir en ti otros que nunca pensaste.

Cuando me doy cuenta de ello mi cabeza se va a mis sobrinos y esa manera que tienen los niños de imitar a las personas que más quieren, a aquellas en las que más se fijan, a sus referentes para aprender a vivir, a existir desde su punto de partida. El aprendizaje en su mayor medida es una cuestión de imitación, aprender a querer a alguien y a compartir tu tiempo y espacio también lo debe ser.

Con mis hermanas y mis padres cuando me ocurre esto solo hay un desenlace posible: estoy en casa, realmente llegué. Ahora puedo sentir eso en dos lugares distintos, muy alejados y, aunque en diferentes formas y sentidos, ambos hogar de igual manera.

Esperanza Estévez. Huellas de palabras