Este verano la sequía ha hecho saltar todas las alarmas. Nadie puede decir que ha sido una sorpresa ni que nos pille de nuevas. Es muy triste que durante años los agricultores y ganaderos y, en general, los que nos preocupamos por el futuro de nuestro territorio hayamos estado denunciado el problema del agua por la falta de un micro-regulación en la margen derecha del Ebro y en las comarcas de la Ibérica. Pero no se hace caso a estas demandas, de la sequía se acuerdan cuando ya está encima. Se diría que es predicar en el desierto.

El poblamiento de Aragón, en un clima crecientemente árido, se formó y se sustenta allá donde existían recursos hídricos. Donde hay agua, una huerta, decía Labordeta. Las vegas de los ríos de la margen derecha y la existencia de manantiales hicieron posible esa red de pequeños pueblos de la provincia de Teruel. Pero a medida que las precipitaciones disminuyen, el acceso al agua es más difícil, incluso para beber, así que es una cuestión de la comunidad autónoma y del gobierno central. ¿No le debería parecer al Gobierno de Aragón que el asunto es urgente y grave?

Hace dos décadas ya señalábamos la necesidad de construir las balsas laterales del Matarraña, un modelo de micro-regulación para incrementar los recursos que surgió del consenso popular concretado en el acuerdo de La Fresneda, un modelo reconocido por su valía social y ambiental. Pero estas obras no llegan por más que las reclamamos. Y del mismo modo sucede con otras actuaciones que son necesarias: la impermeabilización de las acequias y la modernización de los regadíos para llegar a un modelo de riego localizado, de precisión y bajo consumo, la separación de aguas pluviales y de las residuales y su depuración efectiva en todos los núcleos de población … En definitiva, se trata de cuidar bien los pocos o muchos recursos hidráulicos de nuestra zona, incluyendo los acuíferos. Y también de incrementar los recursos hídricos existentes.

Nos enfrentamos a un gravísimo problema que pone en riesgo el futuro de las explotaciones de ganadería extensiva, la red de hostelería y hasta la disponibilidad de agua para consumo humano de las comarcas del Maestrazgo, Gúdar-Javalambre, el Matarraña, Bajo Aragón Histórico y Bajo Martín.
Desde Teruel Existe hemos presentado sendas Proposiciones No de Ley con medidas para hacer frente a esta situación, para garantizar la salud de la población y el desarrollo de las diversas actividades económicas. Igualmente, proponemos financiar el transporte de agua directamente a explotaciones ganaderas y que la DGA, en colaboración con la Diputación de Teruel, realice sondeos de urgencia en los municipios que están más afectados por la sequía.

Vemos que las temperaturas suben, bajan los caudales, desaparecen los pozos, que nuestros cultivos se secan, que no hay agua para los animales. Y por si esto no fuera suficiente, ahora se plantean un proyecto como Catalina donde se van a destruir entre 5 y 7 hm3 al año. Sí, destruir, porque al contrario de lo que ocurre con el agua auxiliar de las centrales térmicas donde el agua se devuelve al cauce de los ríos o en forma de vapor a las nubes, para obtener hidrógeno «verde» la molécula de agua se rompe para dar hidrógeno y oxígeno saliendo del ciclo del agua. Mientras a nuestros agricultores y ganaderos se les han estado negando durante años las medidas para mantener viables sus explotaciones, se ha puesto alfombra roja en un tiempo récord al hidrógeno «verde» que extrae nuestros recursos sin dejarnos ni ‘gota’ a nosotros.

Pilar Buj. Diputada de Teruel Existe en las Cortes de Aragón