En una casa, todos saben que lo que uno hace afecta a los demás. Si un padre miente, la confianza se quiebra; si una madre gasta lo que no tiene, el hogar tiembla; si un hijo engaña, la armonía se rompe. Nadie se aprovecha de su familia, porque hacerlo sería traicionarse a sí mismo. En casa, la lealtad y el respeto no se negocian: se viven.
Pero en la política, esa verdad parece olvidarse. Quienes gobiernan ya no sienten que el país sea su hogar ni que la gente sea su familia. Deciden, gastan y prometen sin pensar en las consecuencias, como si el daño no los tocara. Sin embargo, nos toca a todos: a quienes trabajamos, soñamos y luchamos por un futuro mejor.
Cansa ver cómo los egos dominan los despachos. Cómo el «yo» pesa más que el «nosotros». Falta humildad, falta escucha, falta equipo. El consenso, esa palabra tan sencilla y tan poderosa, se borra de los discursos. Todos parecen olvidar que estamos para trabajar, no para competir; para servir, no para destacar. En lugar de construir juntos, cada quien busca su foto, su mérito, su aplauso.
En la economía del hogar, cada error se paga; en la política, los errores se esconden tras discursos y los culpables se van indemnes. Es como si el político viviera en una casa donde siempre hay alguien más que paga la factura. Gobernar debería parecerse a cuidar un hogar: pensar en el mañana, en los hijos, en el pan de cada día. Quien ama de verdad no abusa, no miente, no destruye.
Ojalá recordaran que un país no es un tablero de juego, sino una gran casa donde todos vivimos. Si la política se hiciera con el mismo amor, respeto y espíritu de equipo con que uno cuida a su familia, el mundo sería más justo, más digno y más humano. Porque nadie destruye lo que ama.
Inmaculada Moliner. Teruel Existe / Gargallo


Cuanta verdad. Muchos han convertido, tras demasiados años en la poltrona, esa casa de todos en su propio cortijo. Además gobernando para una parte de la familia y castigando a la otra, a esa que no les baila el agua y no está de acuerdo en la toma de decisiones, en el gasto del dinero de casa, en cosas innecesarias olvidando otras importantes. Gracias por sus palabras.
Con tan pocas palabras no se puede decir mejor. Totalmente de acuerdo. Muchas gracias Inmaculada.
Si todos políticos actuaran como tu describes en este articulo, España sería una balsa de aceite, muy bueno, espero que muchos de estos corruptos, que tenemos en este País, lo lean y cambien de opinion.
Parafraseo el final de tu hermoso articulo: Si la política la hicieran las mujeres , el mundo sería más justo, más digno y más humano.
Si en lugar del sesgo masculino de valorar la confrontación, la competitividad y la agresividad, gobernara el sesgo femenino del cuidado, la colaboración y el cariño, posiblemente el futuro sería mejor.
Hacen falta muchas más mujeres como tú, pero fuera de esas estructuras masculinizadas de los partidos políticos… o modificar la ley electoral para que, desconfiando como lo hago de Teruel Existe, pudiera darte a ti mi voto de confianza.
Desde la lejanía de estas líneas te deseo que seas capaz de cambiar la forma de hacer política sin que la política cambie tu forma de hacer.
Un abrazo