Hay momentos en política en los que la realidad supera cualquier guion de ficción. Lo vivido el pasado jueves en el Congreso de los Diputados fue uno de ellos. El Gobierno de Pedro Sánchez perdió una votación en la que la mayoría de la Cámara instaba al Ejecutivo a asumir su responsabilidad política, someterse a una cuestión de confianza y, si no cuenta con el respaldo parlamentario suficiente, devolver la palabra a los españoles mediante la convocatoria de elecciones generales. Lo insólito fue contemplar cómo los ministros y los diputados socialistas se aplaudían después de haber perdido la votación. Una imagen difícil de explicar en cualquier democracia parlamentaria.

Ese aplauso no reflejaba fortaleza, sino la confirmación de una forma de entender la política: resistir a cualquier precio. Aunque sea perdiendo votaciones, incumpliendo compromisos o ignorando los problemas reales de los ciudadanos. Lo importante ya no parece ser gobernar, sino permanecer en La Moncloa.

Y en la provincia de Teruel conocemos bien las consecuencias de esa forma de gobernar. Ocho años después de la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno, seguimos hablando del mismo tramo de la A-68, entre El Burgo de Ebro y Fuentes de Ebro. Una infraestructura estratégica que acumula un retraso de casi tres años respecto a la fecha comprometida para su finalización, un sobrecoste superior al 32 % y, lo que es aún más preocupante, sigue sin una fecha cierta para su puesta en servicio.

Podríamos hablar también de las ayudas al funcionamiento para las empresas de Teruel. Tras conseguir la autorización de la Unión Europea, nuestras empresas continúan sin beneficiarse plenamente de un instrumento imprescindible para compensar los sobrecostes que supone desarrollar actividad económica en un territorio despoblado. Cada día que pasa sin su aplicación completa es una oportunidad perdida para generar empleo y fijar población.

Y qué decir del Nudo Mudéjar. Se presentó como un proyecto transformador para el Bajo Aragón, no solo por la nueva capacidad de generación eléctrica, sino por el importante desarrollo industrial y empresarial que debía acompañarlo. Hoy, sin embargo, la sensación entre los bajoaragoneses es de impotencia ante la lentitud, la falta de compromiso y las continuas incertidumbres que rodean su ejecución.

En definitiva, mientras el Gobierno dedica buena parte de sus esfuerzos a defenderse de los numerosos casos de corrupción que afectan a su entorno político, los problemas reales de provincias como Teruel siguen esperando soluciones. Esa desconexión con la realidad explica que cada vez más ciudadanos, incluidos muchos votantes y simpatizantes socialistas, consideren que ha llegado el momento de devolver la palabra a los españoles.

España necesita un Gobierno centrado en gobernar. Aragón necesita un Gobierno Central que cumpla sus compromisos. Y Teruel necesita dejar de ser la provincia que siempre espera. Por eso, hoy más que nunca, España, Aragón y Teruel necesitan unas elecciones generales.

Alberto Herrero. PP / Calanda