Todos echamos de menos a alguien, quizá sea en determinadas fechas, cuando la falta se acentúa. Cada cual tiene sus fechas, y quizá sea Navidad una de las más significativas. También hay muchas personas a las que estas fechas les llenan de tristeza y desean que pasen rápido.
Hace pocos días fui a la charla de una escritora de novela negra, habló de la muerte y dijo lo siguiente: «Si la muerte fuera un reencuentro con las personas queridas que nos precedieron, sería una cosa de lo más aceptable, diríamos hasta luego y allí te espero, pero al no saber si es así, la cosa es más dura, no es la muerte lo que nos da miedo, sino el perder a las personas queridas que nos precedieron y a las que nos suceden».
Así, aparecen las creencias religiosas de cada cual, y cada cual interpreta la vida y la muerte. Mas, nadie quiere morir.
Mi abuelo, cuando alguien que aparentaba creer mucho en Cristo hacía una mala acción, decía: «Aquí que me veas gozar, que allá no me verás garrear».
Oí la canción de Antonio Machín: «Campanitas que vais repicando, Navidad vais alegre cantando y a mí llegan los dulces recuerdos del hogar bendito donde me crié y aquella viejita que tanto adoré, mi madre del alma que no olvidaré…». Recuerdos.
Busqué en el mapa Belén, escenario de la Natividad, sí, allí donde nació Jesús, ese al que muchos adoran, pero no imitan. ¿Alguien hoy se acordará de verdad, de verdad, de los que viven en esa parte del mundo? Y lo más importante, mañana, ¿haremos algo por ellos? Hipocresías.
Es bonito pasar estos días con la familia, con los amigos, con los que quiero y me quieren. Pero hay muchas personas en todo y de todo el mundo para los que, estos días, como cantaba Antonio Molina: «Adiós mi tierra querida, dentro de mi alma te llevo metida…». Olvidar lo que fuimos.
Dicen que un cuento ha de tener: ambientación, trama, personajes, conflicto y tema.
Sean felices y coman… lo que les apetezca.
Paz, por favor. Malditas las guerras y quienes las hacen.
Pascual Ferrer. Érase una vez

