Hace dos semanas tuve la suerte de acudir al curso de filosofía Padre Mindán Fací de Calanda. En la ponencia de apertura, a cargo de Gemma Carbó, exdirectora del museo Terra, pude escuchar el relato de un territorio parecido al nuestro donde un museo había sido convertido en centro de adaptación y aceptación. Desde un punto de vista filosófico, se creaba un relato centrado en el papel de los museos, especialmente los ecomuseos, como centros activos para el debate y la transformación de las comunidades rurales, alejándose de su función tradicional de meros depositarios.
Se propone una "transformación" guiada por la propia comunidad, priorizando la cultura como eje que entrelaza la protección ambiental y cultural, y trascendiendo la mera idea de crecimiento económico.
Cultura como Derecho y Valorización Rural: se enfatiza que la cultura es un derecho humano fundamental, accesible para todos y crucial para el medio rural. Se defiende el conocimiento tradicional y la sabiduría ancestral del campo, que a menudo han sido subestimados. Ejemplos como la conservación de alimentos o la agricultura ecológica ilustran esta revalorización.
El texto también busca superar la dicotomía entre naturaleza y cultura, reconociendo la integración intrínseca de ambos en el ámbito rural y la necesidad de "reaprender" de lo natural.
Los problemas ecológicos no son solo técnicos, sino que se arraigan en nuestros valores y relatos culturales, un punto que organismos como la UNESCO también destacan. La participación y la cooperación son vistas como claves para una transformación genuina, donde las comunidades tienen la libertad de moldear su futuro. Se critica la idea de competencia y se subraya que la vida próspera surge a través de la cooperación.
Los museos, además, deben ser espacios de debate y negociación, incluso cuando surjan conflictos, para asegurar que la transformación sea auténtica.
El museo es también un proyecto educativo, demostrando cómo un objeto sencillo puede conectar saberes diversos. Se abordan los desafíos actuales del medio rural, como la percepción del fuego o la necesidad de recuperar la gestión ancestral del agua.
Finalmente, el texto resalta la importancia de garantizar los derechos básicos para el retorno al territorio y de repensar las identidades rurales para construir comunidades cohesionadas y funcionales frente a las tensiones que surgen con la llegada de nuevas poblaciones.
En resumen, se promueve un cambio de paradigma: los museos y la cultura son herramientas vivas y dinámicas para forjar un futuro rural más justo, sostenible y participativo, anclado en el respeto al medio ambiente y a los derechos culturales.
José Miguel Celma. PP / Torrecilla de Alcañiz

